¿Por qué nos gusta patear un balón? UNAM explica el origen de esta acción esencial del futbol

Un especialista de la UNAM explica por qué los seres humanos sienten una atracción natural por patear, lanzar o perseguir pelotas, una conducta ligada a la evolución y al control motor.

Foto: Pexels
Milenio Ciencia
Ciudad de México /

En el marco del Mundial 2026, es interesante saber que la fascinación de los seres humanos por los balones, las pelotas y otros objetos esféricos va mucho más allá del deporte. 

Detrás del impulso de patearlos, lanzarlos o perseguirlos existe una compleja combinación de habilidades motoras, equilibrio y procesos cerebrales que, de acuerdo con un especialista de la UNAM, se desarrolló mucho antes de la aparición de disciplinas como el futbol, el béisbol o el básquetbol.

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¿Por qué sentimos el impulso de patear un objeto esférico?

Víctor Manuel Rodríguez Molina, académico del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, explicó lo anterior al hablar en entrevista sobre la relación actual entre el ser humano y la avidez de encontrarse frente a cualquier esférico: balón, pelota u objeto similar.

Aventar alguno, como en el caso del béisbol; patear, en el futbol; o impulsar algo, en el básquetbol, todo esto se originó de actividades comunes que se encontraban en la naturaleza y que se realizaron simplemente por el disfrute y la motivación de hacerlo.

Nuestro sistema de control motor es el encargado de coordinar los movimientos corporales, dijo el también doctorado en Ciencias con reconocimiento Magna Cum Laude, por la Universidad de Albert-Ludwigs, de Freiburg, Alemania.

En este contexto, refirió que el cerebro tiene neuronas específicas responsables de la activación de cada músculo, por ejemplo brazos, piernas, espalda.

Al jugar de pie y desplazar las piernas se relaciona el equilibrio el cual forma parte del control motor. “Puedo impulsarme, levantar la pierna, moverla en el aire y golpear con fuerza sin caerme”.

Este sistema aún lo podemos mejorar, como lo hacen los jugadores de futbol o atletas profesionales: con la fuerza y la destreza de sus movimientos también perfeccionan el equilibrio, apuntó el universitario.

El caso de Hugo Sánchez

El maestro en Ciencias Biomédicas, con especialidad en Fisiología de la FM, recordó la anécdota del caso de Hugo Sánchez: todos los días, después del entrenamiento, se quedaba practicando las chilenas que lo caracterizaron. ¿Qué quiere decir eso?, que no era nada simple, porque se conjuntan varios factores.

“Primero, la visión. Tengo que ver exactamente de dónde sale el balón, con qué fuerza y velocidad; después controlar el cuerpo y hacer lo que se denomina anticipación del movimiento”, explicó.

Entonces, todo lo anterior es una verdadera proeza del movimiento. Incluso él, especialista en esa jugada, de cada 10 ocasiones que la intentaba atinaba dos o una; no era por falta de habilidades, sino que es altamente complejo a pesar de que tuviera las condiciones para llevarla a cabo, como agilidad motriz y desempeño integral del organismo.

hc

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