Los quelites, cuyo nombre proviene del náhuatl quilitl, que significa planta tierna comestible, son uno de los alimentos más antiguos y mejor aprovechados por el cuerpo.
Ya sea que se utilice la planta completa, sus hojas, o los retoños, la variedad de platillos que se pueden preparar con estas plantas es tan amplia como la de los nutrientes que brindan. Se trata de opciones diversas que fácilmente se encuentran en el mercado a precios bajos durante todo el año.
En México existen más de 350 especies que se abren paso en los campos, a la orilla del camino, en arroyos, aceras y traspatios. De hecho, son tan comunes y resilientes (prosperan hasta en el desierto) que seguramente, muchas de ellas han estado presentes en todas las cocinas del país en algún momento.
Entre las más populares están el pápalo, la verdolaga, el quintonil, los romeritos, el quelite cenizo, el huauzontle, los alaches, el epazote, la chaya, la hoja santa y los chepiles.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Antioxidants se ha encontrado que comerlos brinda:
- Proteínas
- Aminoácidos
- Minerales
- Vitaminas A
- Complejo B, C y E
- Compuestos antiinflamatorios y antioxidantes
Aunque los nutrientes pueden variar entre quelites, algo es seguro: proporcionan protección contra las principales causas de muerte en el país.
Verdolagas para el Omega-3
Las verdolagas son consideradas maleza: crecen salvajes y se abren paso en cualquier lado, nada les impidió adaptarse al territorio después de llegar desde Europa durante la conquista.
No hay una explicación muy clara del porqué, pero su potencial nutricional quedó relegado e invisibilizado, sin embargo, son tan beneficiosas que en algunas regiones del mundo se utilizaban como medicina.
De acuerdo con las investigaciones, 100 gramos de verdolagas aportan:
- Potasio (494 mg)
- Magnesio (68 mg)
- Calcio (65 mg)
- Fósforo (44 mg)
- Hierro (1.99 mg)
- Fibra
- Vitaminas A y C
- Proteína (1.30 g)
Son uno de los alimentos vegetales más ricos en Omega-3. En entrevista para MILENIO, la nutrióloga Diana Nicolás aseguró que una porción brinda casi tantos ácidos grasos como 30 g de salmón.
Berros contra la inflamación
Otra hierba adoptada durante la época colonial que añade sabor y beneficios preventivos y terapéuticos es el berro: la planta va bien tanto en ensaladas como en tacos placeros. Lo mejor es que es un alimento rico en nutrientes esenciales con efectos antiinflamatorios y antioxidantes.
Posee glucosinolatos, polifenoles, flavonoides, vitaminas (A, C, E, B3, K) y minerales (calcio, hierro, yodo, fósforo, magnesio y cobre), por lo que consumirlo parece “mitigar el riesgo o la progresión de varias afecciones crónicas”, como se lee en una de las investigaciones más amplias al respecto.
Quintonil Verde: potente fuente de vitamina A y propiedades anticancerígenas
Los ensayos en el laboratorio han encontrado que esta planta, también conocida como amaranto, moco de pavo o quelite blanco, disminuye el daño en el ADN ocasionado por micotoxinas.
Aportan una enorme cantidad de vitamina A, un nutriente fundamental para combatir la anemia, así como calcio y hierro. También poseen vitamina K, B6, C, E y complejo B, fibra y almidón buenos para la digestión y la energía.
El amaranto posee una proteína perfecta y equilibrada así como 8 aminoácidos esenciales y es especialmente rico en lisina, un nutriente que casi ningún otro grano tiene en altas cantidades.
Es libre de gluten y, aunque aún se requieren más estudios sobre sus efectos directos, posee dos componentes anticancerígenos, uno de ellos además protege al corazón y reduce los niveles de colesterol malo.
Las bondades del pápalo
Ya sea acompañando una cemita poblana o adornando un puesto de tacos, los ramilletes de pápalo fresco forman parte de la cocina mexicana. Solo, en ensaladas o salsas, este noble alimento es rico en calcio, potasio y fósforo.
Como el resto de los quelites, es de ayuda contra la anemia y brinda antioxidantes que mejoran el aspecto de la piel, como plantean diversas investigaciones. Además de reforzar al sistema digestivo favoreciendo la salud de la microbiota, sus propiedades antiinflamatorias brindan protección a las células contra el desgaste.
LHM