Japón volvió a recibir el año nuevo con un sismo. El 13 de enero experimentó un terremoto de magnitud 6.9 que ocasionó la activación de la alerta de tsunami.
Casi un año antes —es decir, el 2 de enero del 2024— ocurrió un evento similar. Con una magnitud de 7.6, el sismo derivó en la muerte de al menos 48 personas así como múltiples daños estructurales.
Las condiciones no son nuevas para la isla: Japón es uno de los países que más experimenta sismos en el mundo. Algunos de ellos son considerados de los más poderosos de los que se tenga registro, como el que se presenció el 11 de marzo de 2011, cuando se enfrentó a un desastre natural marcado por la tierra y el mar.
Ese día un terremoto de magnitud 9.1 sacudió la isla y creó un maremoto que inundó la costa nipona y terminó por golpear la planta de energía nuclear de Fukushima provocando la liberación de radiación en la zona.
Las investigaciones posteriores concluyeron que el terremoto que sacudió al mundo fue producto del desplazamiento de placas en subducción, (en específico, la del Pacífico y la de Norteamérica) mismas que se encuentran en diversos puntos del mundo y que se caracterizan por ocasionar grandes terremotos (como el de Valdivia, Chile, en 1960).
Así como Japón, México también se encuentra en zonas de subducción, por lo que se abre la pregunta sobre si el país podría experimentar sismos como los que ha vivido el país nipón.
¿En México puede haber un sismo como el de magnitud 9 que vivió Japón en 2011?
En el caso del territorio mexicano, son las placas de Rivera y Cocos las que se encuentran en subducción con la de Norteamérica.
Algunos de los grandes sismos que se han registrado en el país tienen su origen en este lugar, tal es el caso del terremoto que ocurrió en 1932 ( 8.2) y el que se vivió el 19 de septiembre de 1985 (8.1), como explica el Servicio Sismológico Nacional (SSN).
Según la información del SSN, para que pueda ocurrir un sismo de magnitud 9.0, se tendría que dar una ruptura de ~1,200 km en la zona de subducción de México, esto implicaría el rompimiento de toda el área de la placa de Cocos que se encuentra subduciendo bajo la placa de Norteamérica.
En una breve entrevista para MILENIO, el Doctor en Ciencias y jefe del grupo de análisis e interpretación de datos del SSN, Víctor Hugo Espíndola Castro, aseguró que si bien no es imposible que ocurra algo así (pues las condiciones para que suceda existen), lo cierto es que la probabilidad es muy baja.
Respecto a los tsunamis (es decir, una serie de ondas oceánicas de gran energía causadas por perturbaciones sísmicas bajo el mar) si bien no son comunes, el territorio mexicano no está exento de experimentarlos.
Uno de los más intensos quedó asentado en documentos históricos. En 1787 un terremoto de magnitud 8.6 que emergió en las costas de Guerrero y Oaxaca desencadenó la furia del mar. Esto de acuerdo con una investigación publicada en la revista Nature–Scientific Reports.
¿Cuál es la magnitud máxima que se espera en México?
Para responder a la pregunta sería necesario conocer todos los sismos que han tenido lugar en la zona de subducción, según señala el SSN.
“Esto permitiría conocer cómo se comporta el sistema y establecer esa magnitud máxima. Sin embargo, lo que se conoce se limita a 225 años lo cual en términos geológicos es muy poco”, se lee en el documento Zona de subducción mexicana y su potencial para un sismo mayor.
Los estudios de paleosismología se han convertido en una herramienta útil para el recuento: aplicar a lo largo de toda la costa mexicana podría brindar datos sobre el pasado sísmico de una de las zonas sísmicas más importantes del país.
Por ahora, gracias a los datos disponibles se sabe que el sismo de mayor magnitud en la zona fue de 8.6, lo que lo convertiría en el de mayor intensidad del que se tienen indicios.
Esto plantea la posibilidad de que una magnitud como esta vuelva a presentarse, aunque no en un futuro cercano.
Por ejemplo, cuando Japón experimentó un terremoto de 9.1, un evento similar ya había ocurrido en la región, solo que muchos años atrás.
“Un ejemplo obvio es el sismo de Japón, cuyo tiempo de recurrencia; es decir, el tiempo que tarda en volverse a presentar un sismo similar, fue de mil años. Si tomamos en cuenta los 225 años de historia sísmica que conocemos para México, se limitaría la magnitud a 8.6. Sin embargo, no sabemos si hubo algo mayor tiempo atrás”, se lee en el reporte del SSN.
Finalmente, si bien es posible tomar en cuenta la probabilidad de que un terremoto de cierta magnitud vuelva a ocurrir, esto no quiere decir que se puedan prever o predecir, como destaca el SSN.
LHM