Fundidora: trabajadores aún sufren en la sombra del olvido oficial

El 8 de mayo de 1986 será siempre un día difícil de olvidar: Fundidora de Monterrey se declaraba en quiebra, dejando a miles de familias en la calle. El arquitecto Benavides rescata testimonios de la fecha.

Parque Fundidora. Foto: Archivo

Héctor Benavides

Don Reyes Mier Silva murió a los 51 años de edad. Fue víctima del deterioro de sus pulmones, causado por el trabajo de mantenimiento y limpieza, de otras tantas que realizó en los hornos de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey durante 30 años.

Al señor Reyes Mier lo bajaban y subían colgado de cuerdas en el interior de un tambo abierto, llevando su cuerpo protegido con costales húmedos, en periodos no mayores de diez minutos, bajo el riesgo de perder no sol el conocimiento, sino la vida.

Sus compañeros habrían de enfrentar años después el accidente del 20 de noviembre de 1971, en el que por una falla electromecánica se volteó una olla con hierro fundido a más de mil 500 grados, bañando a 17 trabajadores que murieron instantáneamente desintegrados.

Un antiguo trabajador de la Fundidora, el señor Esteban Ovalle Carreón, nos compartió hace tiempo cómo se enteró de la quiebra de Fundidora. 

“Todo empezó el jueves 8 de mayo de 1986. El día transcurría normal, tranquilo, apacible; aparentemente iba a ser un día igual que muchos otros, pero no fue así, al menos para nosotros, los trabajadores de La Maestranza. Estaba en casa con mi esposa y mis hijos, cuando de pronto escuché una impactante y terrible noticia, que al instante me puso a temblar e imaginas mil cosas negativas. A través de la radio y la televisión se estaba informando que Fundidora había quebrado; el rumor corrió como reguero de pólvora por todos los ámbitos del área metropolitana. Angustiado, cerré los ojos. Negros nubarrones ensombrecerían nuestro futuro (recién el 5 de mayo La Maestranza había cumplido 86 años)”, relató.

El también autor del libro El asesinato de Fundidora hizo un reclamo.

“…El pasado es el pasado, ¿quién lo puede cambiar?, pero las personas que en 1986 eran niños y los que nacieron después deben conocer otra versión de la infamia que nos hicieron […] para que nuestros hijos y nietos conozcan sus raíces. El tiempo se va. La reivindicación espera. Urge”, aseguró.

Señor Ovalle, ¿qué sucedió con sus familias?

Después del infame cierre de Fundidora, muchos quedamos como nómadas y con la vieja treta de “las listas negras”. Parecían decirnos: “… o te vuelves flexible y te adaptas a nuestro sistema, o te mueres”.

Nadie consiguió trabajo durante los primeros tres años. Se habló de unos bonos de producción, ¿se los pagaron?

¡Pues sí que los trabajadores y empleados de Fundidora tuvimos mala suerte! Nos corrieron sin pagarnos un bono de retiro por productividad. ¿Cree usted que funcionarios de gobierno produjeron más en tres, seis años, que mineros de Fundidora en 20, 30 o 40 años? Entre 12 y 15 mil familias quedamos desamparadas.

Años después, mi amigo y quizá uno de los empleados más antiguos de Fundidora, don Manuel González Caballero, me mostró el libro del señor Ovalle y me leyó lo siguiente 

“Fundidora cerró sus puertas para siempre. Su desmantelamiento será motivo de tristeza y de lágrimas para quienes realmente fueron trabajadores del acero.

A los menos que no quisieron a Fundidora y ahora ven su obra de destrucción o demolición. Tal vez esto sea motivo de regocijo: acabarán con una fuente de trabajo y de hombres de gran estirpe y alto rango”, leyó.

“Se apagó el fuego de sus hornos. Se extinguió también la flama ardiente en el corazón del hombre de acero, con toda su nobleza y todo su temple. ¡Fundidora no debió morir!”, agregó de su cosecha.

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