Tigres, leones, jaguares: enormes felinos devorándose entre sí o a sí mismos por el estrés, o por el hambre. Los videos de los animales con la piel pegada a los huesos recorrieron internet en 2022, exponiendo las condiciones en las que vivían las especies ‘rescatadas’ por Black Jaguar White Tiger, una supuesta fundación ubicada en la Ciudad de México acusada de abandono y maltrato animal.
Han pasado casi tres años desde que el recinto —ahora clausurado— se convirtió en un referente de las graves consecuencias del tráfico ilegal de fauna silvestre, el cuarto delito más redituable del mundo, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
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Las historias de los animales rescatados del supuesto santuario de protección, se ligan con la de tigres vagando por las calles, monos vestidos vestidos con tutús y una mala aplicación de políticas públicas.
"El tiradero de fauna silvestre de México"
Eduardo Mauricio Moises, también conocido como Papa Bear, es señalado por haber explotado a la fauna a la que supuestamente proveía de cuidados. El reducido espacio, la mala alimentación y descuido terminó por mermar la calidad de vida de los habitantes de Black Jaguar White Tiger.
“El lugar creció y creció. Se volvió una perrera de grandes felinos, llegó a tener más de 500 animales, entre ellos, tigres, monos, cocodrilos. (...) Era casi casi el tiradero de fauna silvestre de México”, recuerda Valeria Sánchez, quien participó en el rescate de las fieras que se hallaban en las instalaciones.
Aquellos animales que lograron sobrevivir fueron repartidos a diferentes centros de conservación y zoológicos del país. Como fue el caso de Raúl, Amelia y Meera, tigres de bengala que fueron adoptados por Santuaai, santuario enfocado en el rescate de fauna proveniente de tráfico ilegal, maltrato y abandono.
Su proceso de integración fue complicado, el nivel de estrés de Amelia era tal, que no salió en 15 días de su refugio de noche. El equipo temía que intentara escapar. Además, costó trabajo hacerlos comer, como comparte Fernanda Quinzaños, directora y fundadora del santuario.
“Estaban acostumbrados a comer, literalmente, basura. El pollo que les daban estaba lleno de larvas, podrido (...) No estaban acostumbrados, suena chistoso, irónico, pero costó trabajo acostumbrarlos a lo bueno ”, cuenta en una entrevista para este medio.
Actualmente se encuentran rehabilitados, incluso han aprendido a dar la pata para facilitar sus procedimientos médicos y evitar la anestesia, sin embargo, aún quedan secuelas del maltrato experimentado. Para Valeria y Fernanda, los tres casos son el ejemplo vivo de porqué las personas no deberían comprar fauna silvestre.
“La gente a veces piensa que es muy fácil domesticar a un gran felino. Y recurren a técnicas como quitarles las garras, quitarles los colmillos. La realidad es que nunca van a ser domésticos”, recalca Valeria, quien vio de cerca las heridas de los leones que se comieron sus propias colas y el grado de anemia que presentaba la mayoría de los tigres.
Al crecer, las necesidades de los felinos también lo hacen: demandan más espacio y comida. Los tiernos cachorritos pasan a convertirse en enormes gatos que devoran hasta ocho kilos de carne en un día. Es entonces cuando los dueños optan por abandonarlos, entregándolos a las autoridades o llevándolos a recintos.
El problema es tal, que el número de animales de fauna silvestre llega a sobrepasar la capacidad de los centros de atención. No se dan abasto, pues aceptar a un solo animal requiere de más alimento y cuidados como explica Valeria.
Como tal, no hay datos sobre el número de fauna silvestre ha sido vendida de manera ilegal, sin embargo, de acuerdo con datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), entre septiembre de 2023 y junio de 2024 se aseguraron 3 mil 721 ejemplares de distintas especies como resultado de operativos y recorridos de vigilancia.
¿Cuánto cuesta un animal de fauna silvestre?
Hoy en día, las redes delictivas utilizan las plataformas digitales como escaparates, ofreciendo un catálogo de especies exóticas a precios “ridículamente” bajos, como asegura Quinzaños.
Sin embargo, el monto está lejos de reflejar el verdadero costo que paga un ecosistema por el tráfico ilegal. El caso de Martín, un mono araña recientemente rescatado, es prueba de ello.
El primate llegó a su nuevo hogar con solo tres meses de vida. Le arrebataron la posibilidad de vivir en su hábitat natural cuando lo extrajeron de la selva: no tuvo tiempo para aprender a buscar sus alimentos o usar su cola, el mayor distintivo de su especie.
El lugar de su madre pasó a ocuparlo una cobija que ha tenido desde que lo vendieron. Ahora, no se la pueden quitar, al menos no de manera abrupta: requerirá de tiempo, paciencia y estímulos que le permitan desarrollar sus instintos, como explica la directora de Santuuai.
Martín comenzó el proceso de adaptación hace unas semanas en el santuario, sin embargo, aún hay incertidumbre sobre si será o no aceptado por el grupo, ya que la tropa no siempre recibe a los forasteros.
En total hay 9 monos araña en Satuaai, todos fueron cazados, vendidos y posteriormente rescatados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). Su venta, como asegura Fernanda, costó la vida de al menos 81 de sus compañeros.
“¿Por qué? Los monos araña viven en grupo. Viven en tropas de más de nueve integrantes. Son territoriales y defienden, entonces, cuando les quieren arrancar a las crías se tiene que matar a toda la tropa para que no se les venga encima”, explica Quinzaños.
La muerte de los monos no solo reduce el número de población de la especie protegida, también priva a la selva de entre 30 y 40 años de reforestación, ya que los monos son dispensadores de semillas.
El caso de los grandes felinos es distinto, pues su reproducción en cautiverio resulta más sencilla. De ahí que generalmente sean adquiridos en criaderos regulares, irregulares, e incluso de zoológicos.
En sí, la compra y venta de este tipo de fauna no es un delito. Sin embargo, sin los procedimientos legales correspondientes expedidos por Semarnat, terminan siendo adquiridos de forma ilícita.
“¿Por qué se le dice tráfico ilegal? Porque ese león o ese tigre no tiene papeles, no sabes de dónde salió, no sabes si es de un lugar clandestino, un lugar con buenas prácticas o de una de estas granjas indiscriminadas de reproducción”, alerta Quinzaños.
Dado su origen, estos animales ya no pueden ser integrados en sus hábitats naturales. No sólo por la dificultad que implicaría su adaptación al ecosistema, sino porque sería “una irresponsabilidad genética”.
“Ya no los traen de África o Asia, probablemente esos ejemplares llegaron en los 60’s y 70’s. Los tigres que se encuentran actualmente en México ya no tienen genética pura (...) Sería una responsabilidad liberar un tigre de este tipo. Puedes modificar la genética de un ecosistema entero nada más introduciendo a estos animales”, agrega Valeria.
Crimen, influencers y ‘ambientalistas’
El tráfico ilegal de vida silvestre no ha parado en los últimos años, por el contrario, se ha visto reforzado con aumentado a través de la participación del crimen organizado en todo el mundo, como señala el Informe mundial sobre los delitos contra la vida silvestre y los bosques 2024 de UNODC.
En México, estos grupos aprovechan la gran diversidad del territorio y su posición estratégica —que tiene comunicación con Estados Unidos, Canadá, Guatemala, Belice, España, Alemania y China— para obtener grandes ganancias bajo un riesgo menor, como señala un reporte de Semarnat.
Sin embargo, el delito opera como una red compleja y organizada que va más allá de los grupos criminales y que incluso puede quedar encubierta por ‘buenas acciones’. Y es que, en más de una ocasión llega a ocurrir que, con el propósito de ‘rescatar’ a la fauna silvestre, las personas terminan violando la ley.
“Los únicos que pueden rescatar o decomisar a estos animales son las autoridades. Ningún influencer, activista, animalista o psudorescatistas puede ir a comprar a los traficantes con la idea de salvarlos. Es una estupidez y hemos recibido varios casos”
“Tú no lo estás rescatando. Al cazador o al traficante le vale si tú traes la bandera ‘de lo estoy rescatando’, ‘lo voy a hacer lámpara, carnitas o lo voy a tener de mascota’. Ya le pagaste ese mono y él se va tranquilo, diciendo, "Más monos porque hay más demanda", comenta Fernanda.
Aunque la situación económica puede influir en la búsqueda de ingresos a través de la caza y venta ilegal de animales, al día de hoy, la principal causa del tráfico es la demanda. De ahí la importancia de no normalizar la adquisición de mascotas “exóticas”.
“Es una cultura pesimamente mal arraigada. Si no hubiera demanda de esos animales, no habría necesidad de ir a matar a esos animales”, insiste la directora de Santuaai.
LHM