Premios Oscar 2026: 'El agente secreto', la película que explica el auge del cine brasileño

La presidenta de la Academia Brasileña de Cine, Renata Almeida Magalhães, habló sobre el impacto mundial del cine que emana su país.

Wagner Moura, protagonista de la cinta que aspira al Oscar. | Especial
Milenio Entretenimiento
Ciudad de México /

La defensa que miles de internautas hicieron de la película El agente secreto tras las desafortunadas burlas de Oliver Laxe, director español detrás de Sirat, fue una muestra del impacto y respaldo que tiene la cinta, y el cine brasileño en general, en los últimos años.

Con dos Globo de Oro y cuatro nominaciones a los Premios Oscar 2026, la película, dirigida por Kleber Mendonça Filho, coloca a Brasil por segundo año consecutivo en el centro de la escena cultural. ¿A qué se debe este auge? La presidenta de la Academia Brasileña de Cine, Renata Almeida Magalhães, lo explicó en una entrevista reciente.

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¿Cómo explicar el impacto de El agente secreto?

En los últimos años, los cineastas brasileños "están redescubriendo" el país "sin querer ser un pastiche de Hollywood", afirma la presidenta de la Academia Brasileña de Cine, Renata Almeida Magalhães, que lidera la entidad encargada de elegir la película que representará al país en los premios internacionales.

Dirigida por Kleber Mendonça Filho, la película, ambientada en el Brasil de 1977, logra convertir al país y sus tradiciones, como el Carnaval, en una “materia prima” narrativa.

"Brasil es un personaje más, maravillosamente bien retratado, dice la funcionaria, que destaca que una de las riquezas del largometraje reside en su capacidad de revelar extrañezas: universos, leyendas urbanas y escenarios desconocidos para el público extranjero.

Esa "extrañeza" es, paradójicamente, lo que para Magalhães atrae al mercado internacional. Sin querer ser una copia de Hollywood, "estamos yendo a fondo en nuestra diferencia, en nuestra singularidad" indígena, europea y africana, comenta.

Wagner Moura, protagonista de 'El Agente Secreto' | Especial

Un éxito en Brasil

Pero no solo es atractiva puertas afuera. La película ya ha superado la marca de 1,5 millones de espectadores en Brasil, una cifra elevada considerando que el año pasado solo uno de cada diez brasileños que fue al cine vio una película nacional, de acuerdo a datos recabados hasta agosto por la Agencia Nacional de Cine (Ancine).

Según Magalhães, en un mundo tan perturbado, el público brasileño está descubriendo que “Brasil es genial” y dejando atrás el modelo estadunidense de ver el mundo.

Para la productora del filme ‘Dios es Brasileño’ (Cacá Diegues, 2003), Estados Unidos comprendió hace muchos años que el cine es una herramienta poderosa: donde van sus películas, llega su cultura.

Nunca podemos olvidar que Hollywood fue concebido como una política de Estado por Roosevelt. La política de las ‘tres F’. ‘Film follows the flag’ (‘El cine sigue a la bandera’) es algo pensado. (Las oficinas centrales de) Motion Pictures no están en Hollywood, están al lado de la Casa Blanca”, detalla.

Una "respuesta" al gobierno de Jair Bolsonaro

El Agente Secreto, con un presupuesto estimado en poco más de 5 millones de dólares, compite contra películas como Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, que tuvo un desembolso de unos 140 millones, según la empresa de consultoría de la industria del cine Nash Information Services.

“Hacer cine es caro”, por lo que tener políticas públicas orientadas al sector son “fundamentales” para la gestión audiovisual de un país, cuenta la presidenta de la Academia.

Para ella, el auge actual del cine brasileño no es una coincidencia creativa, sino una “respuesta” y una “estrategia de resistencia” a un periodo de parálisis institucional bajo el Gobierno del ex presidente Jair Bolsonaro, que fue “muy malo” para la cultura nacional.

"El sector cultural fue muy perjudicado durante el último Gobierno”, según Magalhães.

Durante su gestión, el ultraderechista, que gobernó el país entre 2019 y 2022, se manifestó públicamente a favor de cerrar la Ancine y recortó el presupuesto del Fondo Sectorial Audiovisual, el motor principal de la actividad audiovisual brasileña.

“Sin duda alguna, creo que ese susto que nos dio la derecha con Bolsonaro provocó, por un lado, una represión en la producción, pero también hizo que volviéramos a sentir una gran necesidad de hablar”, dice.

Hoy, el cine brasileño “está viviendo un momento solo comparable al de Cinema Novo”, asegura Magalhães, trazando un paralelismo con el movimiento comprometido con la crítica política nacido a fines de 1950, que tuvo como referentes a Glauber Rocha, director de Dios y el diablo en la tierra del sol, y Cacá Diegues, autor de Bye Bye Brasil, entre otros.


hc

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