Este sábado 7 de noviembre, cientos de familias, extrabajadores y trabajadores en activo se dieron cita en la antigua estación del ferrocarril en Torreón para realizar la primera peregrinación con rumbo a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, dando inicio a la fiesta mariana más importante del país.
El sacrificio de Jesús García Corona, conocido como el Héroe de Nacozari, quien un 7 de noviembre de 1907, en Sonora, conducía un tren cargado con dinamita cuando uno de los vagones comenzó a incendiarse, se sigue recordando entre los trabajadores del riel, pues, con 26 años de edad, el maquinista tomó la decisión de alejar el convoy del pueblo, a costa de su vida.
Para los ferrocarrileros, el homenaje que le rinden a la Virgen Morena con varias danzas y una procesión que inició en la prolongación de la avenida Colón y tomó la avenida Juárez para llegar a la iglesia es el punto de partida para agradecer a la Guadalupana la protección brindada a lo largo de los trayectos recorridos sobre los vagones.
En medio de la multitud, Francisco Javier Nava Ortiz, con la piel tostada por el sol, junto a su amigo Fernando Raigosa Olivo, maquinista, apuntó que dedicaron cuarenta años de su vida al sistema ferroviario como conductores.
—¿Hasta dónde lo llevó el tren a usted?
—Uh, conocimos muchas ciudades, Aguascalientes, Monterrey, Chihuahua, Frontera, Felipe Pescador, Monclova, toda la región norte. Nosotros somos descendientes de Nacionales de México, el cual se privatizó en 1998 y de ahí la agarró Ferromex, nosotros seguimos contratados por medio de Ferromex. En la actualidad estamos pensionados, gracias a Dios porque tuvimos accidentes, tuvimos muchas aventuras, en lo que es el peligro, desveladas, estrés porque no es fácil ser ferrocarrilero.
Una vida dedicada al ferrocarril
Con sus lentes oscuros y una sudadera que dibuja caminos a través de los rieles, Nava Ortiz dijo que el trabajo lo asumió en 1983, tenía 22 años y toda su familia se había dedicado al ferrocarril, pues son originarios de Felipe Pescador, Zacatecas. Su abuelo fue trasladado a Torreón, al igual que sus tíos. La formación familiar siempre estuvo fincada en el trabajo y la formación política, y es por ello que recordó a Santos Nava como secretario general de la sección 27 en Torreón, Coahuila.
“De ahí nace mi tío Marcelino, Chuy Nava, mi abuelito Manuel Nava Carranza. Es mucha familia y algunos están en activo y otros jubilados que son los Nava Isaías, Nava Ortiz, Nava González. Hubo mucha descendencia. Esta fiesta a la guadalupana la hacemos con mucha devoción, agradeciendo que estamos vivos y que alcanzamos estas generaciones y nunca ha dejado de hacerse este convivio, el celebrar el 7 de noviembre, lo cual es un orgullo porque aquí no es que digan que ya estamos pensionados y ya no somos ferrocarrileros, aquí es un orgullo porque no cualquiera llega”.
Javier Nava dijo que los trabajadores conocen muchas ciudades, pero en los viajes se sufre. Para él, cada viaje fue una película distinta porque, así como se circula de día y de noche, en el camino deben enfrentar accidentes y personas que muchas veces no tienen las mejores intenciones. Incluso le pide al güero, su amigo Fernando Raigosa Olivo, que participe en la conversación. Él precisó que ahora hay muchos accidentes porque es gente nueva, sin experiencia previa, mientras que ellos, para ser maquinistas, debían tener seis años de antigüedad.
—Era mucha práctica, apuntó su amigo.
El tren como vínculo entre familias
Ahora escuchan que el tren volvería a pasar por Torreón. Y eso es motivo de alegría porque, apuntan, el tren mueve mercancías, pero también une familias y permite que a los rincones más lejanos lleguen las personas. Así, en ranchos alejados llegaban los maestros, se movían las familias y se apreciaban paisajes hermosos. Incluso, dijeron, muchas personas jamás se han subido a un tren en la actualidad.
Otro desafío era ser amables con los pasajeros que migran sin boleto. Javier Nava asegura que ellos no se metían porque veían a familias arriesgando la vida, huyendo del hambre o buscando nuevas oportunidades. Así, les ofrecían un vaso de agua o accedían a darles el lonche cuando se acercaban a la ventana pidiendo un taco.
“Aquí estamos vivos y el chiste es llegar. La fiesta a la Guadalupana comenzó, que yo me acuerde de 1985 para acá. Aquí somos católicos, muy creyentes de la Virgen de Guadalupe y esta es la primera peregrinación del año que se hace. De aquí pal real nacen todas hasta el día 12 de diciembre. Ahora ya empiezan en noviembre. Pero primero somos nosotros y luego retoman como el día 17 y le siguen hasta el doce”.
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