En el número 6 de la calle Avena del municipio de Chimalhuacán, Estado de México, un rincón para todas y todos las personas que disfrutan del cine abrió sus puertas.
Se trata de Cinemia, un proyecto fundado por Jackelyn Huerta y Rodrigo Silva, una joven pareja que, creciendo en la zona, se propuso atender una de las necesidades del público, conformado por niños, jóvenes y grandes, en la localidad: esparcimiento y acceso a la cultura en un espacio seguro.
En entrevista con MILENIO, Rodrigo relató que su espacio autogestivo surge como una alternativa para las limitantes económicas que el acceso al cine presenta.
“La plaza más cercana es Plaza Neza; está como a 20 minutos en combi, pero normalmente entra el factor económico, ¿no? Sabemos que es carísimo hoy en día”, señaló Rodrigo.
De una panadería a cine comunitario
Un fragmento de la casa de los padres de Rodrigo, que anteriormente fue una panadería, ahora está adecuado con proyector y butacas a modo de una sala de cine, transformación que requirió un largo periodo de prueba y error en la instalación.
“Fue difícil porque no hay mucha información de cómo hacerlo, ¿no? Rodri tiene más conocimiento en todo lo que tiene que ver con audio. O sea, él es muy fanático del audio. Entonces, desde hace muchísimos años, creo que gran parte de su vida, le ha gustado todo lo relacionado con audio”, comentó Jackeline.
La pareja tardó diez meses en concretar Cinemia, un espacio que también contó con el apoyo comunal de vecinos dedicados a diversos oficios que, conociendo a Rodrigo por la panadería de sus padres con 34 años de trayectoria, tuvieron la disposición de prestar sus servicios.
Por ello, la joven pareja tiene claro el objetivo del proyecto: dignificar y democratizar la cultura, ya que, de acuerdo con Rodrigo, “la gente se merece un espacio de calidad”.
Cinemia, un cine con acceso de cooperación voluntaria
¿La gratificación de haber creado este espacio recreativo? Para Rodrigo y Jackelyn es ver al público que acude a Cinemia entusiasmado en cada inicio de función, cuya entrada, cabe destacar, es de cooperación voluntaria.
“Te das cuenta de la importancia que toman este tipo de espacios, ¿no? Porque mucha gente viene, y ha venido muchas veces, incluso en familia. Todo ese tipo de cosas, la verdad, son gratificantes. Nosotros sí lo hicimos, en primera instancia, con esas intenciones de traer estos espacios de este lado”, señaló Rodrigo.
Por su parte, Jackelyn resaltó que, derivado de las violencias que atraviesan al municipio de Chimalhuacán, Cinemia busca convertirse en un espacio de esparcimiento seguro, que vaya en detrimento de la exposición que los jóvenes viven en otros entornos de la zona.
“Rodrigo, que vivió toda su vida aquí, dice que el lugar donde iban los chavos a convivir y a divertirse, pues, es el mercado. Ahí también es un lugar donde podría pasarte cualquier cosa, ¿no? Incluso él vivió situaciones de peligro. Y aquí también tratamos de que sea un lugar seguro. Aquí luego las personas nos dejan a sus niñas, a sus niños”, indicó Jackelyn.
Dignificar y democratizar la cultura en las periferias
Además, Cinemia se presenta como un espacio cinematográfico que abre sus puertas a propuestas fílmicas nacionales, iberoamericanas e independientes; sin embargo, también consideran los posibles gustos de los asistentes al momento de conformar la cartelera semanal.
“Se trabaja con algunas distribuidoras: te muestran sus catálogos y ya prácticamente lo que tú haces es escoger. Se arman de esa manera, pensando siempre en qué le puede interesar a la gente, porque traemos de todo un poco”, señalaron.
Finalmente, los fundadores de Cinemia esperan que su proyecto, realizado con paciencia, esfuerzo y con una gran actitud altruista hacia la comunidad que ha sido su hogar por años, dé pie a nuevos proyectos en otras localidades que se animen a llevar a sus propios “rincones” el cine y la cultura, abierta y disponible para todos.
“Sólo vimos una necesidad y decidimos tratar de hacer algo; una necesidad y una problemática. En algún sentido, quizás, solo está la buena intención, que esperemos se transmita a mucha gente, que afortunadamente ha sido así”, mencionó Rodrigo para MILENIO.
Pese a que el proyecto lleva solo tres meses operando, Jackelyn y Rodrigo esperan que “sea algo que deje huella, en la escala que sea, para las personas”.
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