El Centro de Integración y Desarrollo Comunitario (Cideco), ubicado en Lerma, es una colonia que se transformó en un refugio para las personas afectadas de Ciudad de México por el sismo de 1985, ya que alrededor de entre 150 y 200 familias llegaron a este sitio en 1987 para vivir y echar raíces.
Yolanda y Leticia son originarias de la capital mexicana y habitan desde hace 39 años en el Cideco. Compartieron recuerdos sobre el sismo ocurrido el 19 de septiembre, y cómo adquirieron sus respectivas casas, las cuales llaman la atención porque tienen techos inclinados.
Nuevo lugar: Yolanda
De esta forma, MILENIO Estado de México visitó el Centro de Integración este viernes, a casi 41 años de conmemorarse el sismo de 1985, que dejó entre 6 mil y 7 mil personas sin vida, pero además sin hogar a miles, por lo que estas tuvieron que buscar un nuevo lugar para vivir, como en el caso de la señora Yolanda Velasco.
“Nací en el primer cuadro de la capital, entre las calles de Bolívar y Fray Servando; ahí viví mucho tiempo. Recuerdo que el día del sismo me levanté temprano, iba a llevar a mi niña a la escuela, y empezó como a las 07:19 horas. Afortunadamente, a nosotros no nos pasó nada, pero ya cuando salimos de la casa, estaba todo derrumbado. Fue muy fea la experiencia”, remarcó.
Reconoció que en donde ella vivía, solo rentaba, por lo que no pudieron como tal recuperar su hogar, pero salió una convocatoria para adquirir una casa en el Centro de Integración y Desarrollo Comunitario de Lerma, y su esposo no dudó en adquirirla; aprovechó que era empleado del Instituto para la Seguridad de las Construcciones (ISC), y comenzaron a vivir en este sitio desde 1987, porque otros de sus familiares no tuvieron esa suerte.
“Por ejemplo, a mi esposo se le murió una prima con sus dos niñitos por el sismo; ella vivía por el rumbo de Eje Central. Dice que la casa donde vivía se hizo sándwich”, relató.
En este Cideco, al caminar por sus calles, resalta un monumento que está frente a la clínica de la localidad, inmortaliza a una persona que está saliendo de entre los escombros y está sosteniendo a un bebé, por lo que es un símbolo de esperanza de vida.
“Mi niña tenía dos años cuando llegamos aquí; ella nació allá en mayo de 1985, entonces padecimos la falta de alimentos, de pañales, de todo. Fue muy difícil salir adelante”, continuó.
La señora Velasco contó que sus familiares le han preguntado sobre regresar a vivir a la capital del país, pero les ha dicho que no, porque en Lerma ha echado raíces y las costumbres de la zona ya son parte de ella. Tuvo un cambio cultural al que se acostumbró al paso de los años.
Caminos diferentes: Leticia
Por otra parte, Leticia Flores, otra entrevistada, resaltó que su casa en el Centro de Integración no fue un regalo, ya que pagó por ella. Comparte que cuando fue el temblor del 85 vivía en la casa de su suegra en Ciudad de México y tras el sismo fue pérdida total. “Cada integrante de la familia tuvo que tomar un camino diferente y en mi caso fue Lerma”.
“Se dio la oportunidad de adquirir esta casa. La verdad, sí la sufrimos al llegar, pero finalmente tenemos un techo. Gracias a la Universidad Anáhuac y al tenor Plácido Domingo, que concretó la iniciativa, nos dieron el crédito de esta casa. No fueron regaladas, nos costaron; por eso estamos aquí y nos hemos superado”, aseguró.
Añadió que cuando llegaron en septiembre de 1987 a esta demarcación, no había nada alrededor, a pesar de vivir a menos de 15 minutos de la cabecera municipal, pero que poco a poco se fueron instalando servicios y escuelas.
“En aquel sismo, hubo muchas pérdidas humanas, entre ellas los familiares del señor Plácido, en Tlatelolco, en el edificio Nuevo León. Hace poco se le hizo un homenaje en la escuela Cualcán de la zona; nos invitaron, participamos y todo estuvo muy bien; nunca vamos a olvidarlo, su gesto es algo que nos vamos a llevar a la tumba”, externó.
Por último, comentó que hace más de 10 años logró terminar de pagar su casa y, ya que cuenta con las escrituras correspondientes, aunque no recuerda el monto total, está contenta en su hogar, en donde hizo su vida tras el movimiento telúrico de 1985.
“Nosotros pagábamos nuestras mensualidades y cuando liquidamos nos dieron nuestros papeles, además de algo que llamaron finiquito, que significa que ya no debemos nada; sin embargo, algunos vecinos todavía no liquidan todo, pero aun así la Universidad Anáhuac todavía da la posibilidad de pagar las escrituras”, concluyó.