El abandono de los estudios está presente desde la educación primaria y aumenta conforme los alumnos avanzan hacia secundaria y, particularmente, hacia la educación media superior, donde se concentra el mayor porcentaje de abandono. Factores económicos y sociales influyen en la decisión de dejar los estudios, sin embargo, el componente emocional ha comenzado a ganar terreno a la hora de que una persona trunca su preparación académica.
En entrevista con MILENIO, Pedro Rafael Cázares Gómez, jefe de la Unidad de Bienestar Estudiantil de la Universidad de Guadalajara (UdeG), señaló que las comparaciones constantes con otras personas pueden generar en los jóvenes sentimientos de insuficiencia y presión, lo que repercute en su permanencia escolar, por lo que la detección temprana puede ser determinante para evitar que un estudiante abandone sus estudios.
Entre los principales focos rojos se encuentran el entorno familiar, el desempeño académico y la situación económica. El bajo rendimiento académico también puede ser una señal de que el alumno enfrenta dificultades que, de no atenderse, pueden terminar en el abandono “un estudiante está teniendo bajas calificaciones, un desempeño académico probablemente bajo, también nos puede hablar de cómo hay una gran posibilidad de que ese estudiante pueda dejar de continuar con sus estudios por una por un rezago académico”.
¿Cómo atender la salud mental de los estudiantes?
Por ello, la atención no debe comenzar hasta que el estudiante llega a la universidad. La intervención desde secundaria y preparatoria puede permitir detectar con anticipación problemas que posteriormente dificulten el ingreso o permanencia en el nivel superior, ante el riesgo de presentar cuadros de ansiedad, estrés crónico y la depresión que lleven al ausentismo y, posteriormente, al abandono de los estudios universitarios.
Según los datos identificados por la UdeG, entre secundaria y preparatoria existe un porcentaje de entre 8 y 9 por ciento de estudiantes que no continúan con sus estudios, mientras que de preparatoria a licenciatura el indicador ronda entre 11 y 12 por ciento.
El especialista explicó que el aumento de los gastos asociados con cada nivel educativo, además de las condiciones sociales y económicas de las familias, contribuyen a que cada vez menos estudiantes logren avanzar hasta los niveles superiores. Entre las principales causas identificadas se encuentran los problemas económicos y laborales, el rezago académico, las dificultades emocionales, la falta de claridad para elegir una carrera y la desconexión de los estudiantes con la educación.
El rezago académico también puede convertirse en un obstáculo para continuar con la formación, particularmente cuando los estudiantes arrastran dificultades durante varios ciclos escolares. A estos factores se suma uno que, de acuerdo con Cázares Gómez, ha cobrado mayor relevancia después de la pandemia: la salud emocional. “Muchos de nuestros estudiantes, posterior a la pandemia y con el uso excesivo de redes sociales, han sufrido muchas situaciones de pues, sobre todo de presión, digamos, presión social, emocional, familiar en algunas ocasiones, y esto genera también crisis psicológicas”, dijo.
Ante este escenario, la prevención requiere la participación de escuelas, familias, gobiernos y universidades, pero también una atención diferenciada según la etapa educativa: “Es un trabajo que tendría que ser en conjunto, desde la familia, los gobiernos y todo el sistema educativo, de darle las condiciones a nuestros jóvenes, de estar atentos, tanto profesores como directivos, de cómo están viviendo nuestros estudiantes su día a día en los centros educativos, para generar las condiciones que se vuelvan las idóneas para que el joven quiera continuar con sus estudios”.
SRN