Estoy embarazado. Leo y Alex llevaron la paternidad en la panza

Ellos tomaron una decisión que desafió prejuicios y convenciones: embarazarse. Esta es la historia de dos hombres trans que decidieron vivir su masculinidad dando a luz a un bebé.

Alex y Leo desafiaron las ideas tradicionales sobre género y paternidad al convertirse en hombres trans que gestaron a sus hijos | Especial
Ciudad de México /

DOMINGA.– No era una escena típica cuando Alex le comunicó a su familia que estaba embarazado, lo hizo en medio de una comida familiar durante su primer trimestre y se ayudó de una exnovia que había montado un plan para que todos lo supieran. Ella sacó una bolsita de regalo y de ahí, un mameluquito. “Van a ser abuelos”, les dijo, y luego felicitó a Alex.

El ambiente se quedó tenso, no hubo risas o alegría, nadie lo podía creer. La pregunta fue: “¿Cómo se te fue a ocurrir eso? ¡Dios mío! ¿Cuándo se te van a dejar de ocurrir cosas extrañas?”. La noticia de que un hombre trans ahora estuviera embarazado fue muy disonante para la familia y para la comunidad en general. Pero Alex lo tenía muy claro desde que era pequeñita.

Cuando tenía tres o cuatro añitos ya pensaba: “cuando sea grande voy a ser un señor”, y entonces no le era extraño que jugara a las muñecas pero pensando que eran sus bebés y ella en realidad, su papá. Ser mujer no era determinante en su imaginación. Y ser hombre “no lo veía como algo imposible o algo que no fuera a pasar”, dice. Desde entonces se daba cuenta de las muchas cosas que se esperaban de ella como niña y que él no estaba dispuesto a hacer.

Las historias de Alex y Leo muestran que la gestación también puede formar parte de la experiencia de hombres trans en México | Especial
“No quiero tener mis bebés y yo ser su mamá”, “¿Tengo que a fuerza ser una señora?”, “¡Qué horror!”, se decía y repetía conforme iba creciendo.

Aquella disonancia le hacía pensar que algo había salido mal de fábrica pero con claridad y la independencia de los siete añitos. No se mostraba de acuerdo con la idea de ser mujer. La mayoría de las personas trans, 62.4 %, se dieron cuenta antes de los siete años que su forma de ser o actuar no correspondía con el sexo con el que habían sido asignadas al nacer, según la primera Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG), 2021.

Pero todo empezó con una pregunta trivial: ¿Por qué no gestas tú?, le preguntó Fernanda a su esposo Alex. Esa pregunta detonó una posibilidad: un hombre trans puede gestar desde una masculinidad elegida. Esta historia me llevó a buscar otros casos de hombres trans en México y así fue cómo llegué con Leo, quien también quería tener una familia y decidió embarazarse.

Alex y Leo son dos identidades transmasculinas que, desde la construcción de una masculinidad que ellos mismos han configurado, están cambiando los referentes y contando nuevas historias sobre la posibilidad de ser hombres trans, gestar y convertirse en padres en este país.

Dos hombres trans que decidieron gestar

Alex estaba en un entorno privilegiado, su círculo social era de la clase media alta en los Altos de Jalisco donde todos se conocen. Mientras iba al colegio, una persona transexual era considerada una enferma mental, rememora quien hoy tiene 47 años.

Y las cosas han cambiado con el tiempo. Leo, que es 10 años más joven que Alex, pertenece a otra generación donde las representaciones y los referentes trans ya se mostraban diferentes y en otras condiciones para cuando él estaba en sus veintes. Hoy tiene 37 años, vive en el Estado de México, y también se da cuenta de que las generaciones que vienen detrás de él ya lo viven desde otros lugares. De modo que “hay diferentes formas de ser transexual”, dice. “No tienes que hormonarte u operarte, sino que cada uno, dependiendo de cómo entiende su masculinidad, puede llegar al mismo punto desde diferentes formas”.

En el Estado de México, Leo no tiene problema en tener una vulva, a pesar de haber transicionado a hombre. Desde chiquito siempre vio una diferencia. “Sentía que no encajaba ni con los niños ni con las niñas. Me llamaba la atención cosas de niño, pero en esa época te empiezan a enfocar: tú no vas allá o tú no puedes jugar esto, tienes que jugar de este lado, tienes que estar con las niñas, allá no”, recuerda.

Menos del 1 % de la población mexicana se identifica como trans; Alex y Leo forman parte de esa minoría que también ha decidido gestar | Shutterstock


Leo estaba irremediablemente del lado de las niñas, pero el deseo de estar del otro lado estuvo siempre presente, de modo que cuando llegaba el día de Reyes Magos se despertaba muy temprano para cambiar de lado los regalos, para que le tocaran los de su hermano y no los que le correspondían siendo niña.

Alex y Leo, dos hombres transexuales, son una minoría: sólo 0.9 % de la población se identifica como trans, menos de 1 millón de personas, según la ENDISEG, 2021. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la esperanza de vida de una persona trans en América Latina es entre 30 y 35 años y, contra este vaticinio, no sólo decidieron transicionar en la construcción de su masculinidad, Alex y Leo también eligieron gestar, sí, se embarazaron, aunque esto se aleja de lo que una masculinidad hegemónica mandata.

Transicionar no es estacionario

Transicionar es un camino, no es estacionario. Ese camino puede ser tan largo como el propio proceso y la experiencia destine. La identidad de género, la expresión de género y la orientación sexual pueden transitar de un lado a otro.

Por ejemplo, Leo se declaró primero lesbiana antes de transexual. Y Alex, en su proceso, recibió de su chica (en ese momento de la historia) un comentario : “¿Te das cuenta de que tú no eres en realidad lesbiana, verdad?”. Y en esa cuestión había algo que le incomodaba: para ser lesbiana primero tenía que ser mujer y aunque no le gustaba, parecía que aquello no tenía remedio y así, lo asumía.

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Sus transiciones iniciaron sin que ellos mismos lo pudieran notar. Leo tenía 24 años y una pareja mujer; en el terreno de la sexualidad comenzó a sentirse incómodo, había muchas cosas de mujeres que no le agradaban, como ser femenina, algunas dinámicas o usar lencería, eso la llevó al colapso. Dejó de comer y abandonó el trabajo, no quería hacer nada; en esa crisis terminó en el psicólogo y así comenzó a externar lo que sentía. Su pareja, que sí tenía referentes trans, le dijo: “Ya sé qué está pasando” y le mostró un video de un chico trans para luego preguntarle qué pensaba.

Leo, atento, siguió la historia, primero la infancia y luego cómo empezó su proceso hasta llegar al final. “Lo escuché y es como si estuviera contando mi historia”, ahora recuerda. “Ahí dije: es eso”. Pero guardó silencio para no separarse de su pareja.

Había incertidumbre pero juntos comenzaron a buscar clínicas. Llegaron hasta la Clínica Condesa y después de su primera cita y las pruebas le indicaron que podría iniciar el tratamiento si así lo decidía. Algo en Leo comenzó a cambiar. Empezó a sentirse mejor, más alegre. Y aunque su chica había prometido que se quedaría en el proceso, no pudo con eso. Aún así se aplicó la primera dosis de testosterona. “Fue un shot de vida”, recuerda Leo, sólo que a esa felicidad se le emparejaba la tristeza de saber que su chica lo había dejado para siempre.

Por su parte, Alex tenía una pareja mujer y ella se lo hizo ver también: “Date cuenta, mientras estamos en la casa todo el tiempo te conduces como si fueras un hombre. Tienes una esencia de hombre bien fuerte. Y yo me considero una persona pansexual ⎼una persona que siente atracción a otras personas independiente de su sexo o identidad de género⎼ porque no siento que yo esté con una mujer”. “¿Has contemplado la cuestión de que eres transexual?", le preguntó.
Antes de asumirse como hombres trans, Alex y Leo atravesaron años de dudas, búsqueda de referentes y preguntas sobre su identidad |Especial
“¡Ay, cabrón!”, pensó, pero también se le abrió el panorama. “¿Qué me estás diciendo? Yo no podría cambiar a estas alturas”, espetó y devino la respuesta: “Deberías animarte porque yo siento que serías mucho más feliz, mucho más libre”.
“Ven, te voy a maquillar una barba a ver cómo te verías”, le dijo, y con esa poca pintura no hubo vuelta de regreso. Alex se puso feliz, se tomó fotos y se quedó inquieto con la idea, ya no lo veía como algo que no podía suceder.

Y aunque investigaron juntos y lo animó a iniciar su proceso, su pareja pronto se fue con otra persona. Alex se quedó solo al poco tiempo con los cambios físicos, pero algo que determinaría en su ánimo es que no sólo había perdido una pareja, sino también a una hija que había registrado junto con su madre biológica. Alex se presentó como una mujer ante el DIF, quería poder ver a su hija, un poco de soluciones y consuelo. “¿Pero quién la gestó?”, le preguntaron, y cuando la respuesta era que no había sido ella, lo rompieron: “Ten tus propios hijos”, le dijeron.

La era de los cambios

Iniciado el proceso hormonal los cambios, aunque no son instantáneos, se dan a pasos agigantados. Primero la voz, luego la grasa corporal y el vello facial, en Leo impactaron en el ánimo. Siempre había sido una persona seria, triste y callada. Sus padres no estaban de acuerdo con su transición, pero empezó a ser más sociable, se expresaba más y hasta lo cariñoso le salió, eso los convenció de que era lo correcto.

Los cambios eran algo que Alex deseaba desde muy pequeño y recuerda que las monjas del colegio decían: “Pídanle a Dios, para Dios no hay imposibles, la oración de un niño jamás la desoye”. Y todos los días se persignaba y tenía una plegaria: “Dios, tú conoces mi corazón y tú sabes que yo quiero ser un niño”. Su petición fue la misma durante años. Pero los cambios no llegaron y su menstruación, sí. Entonces quiso preguntar: “¿Quihubo? ¿Qué pasó? ¿Por qué me hiciste esto?”.

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Años después y en transición se miró de frente al espejo y se imaginó a Dios tomando su hombro y diciendo: “Nunca te dije que no, sólo no era el momento”. Y así es como se respondía la oración de un niño de siete años.

Alex y Leo se transformaron en otras personas. “No he cambiado tanto”, le dijo Leo a su expareja, pero la respuesta fue definitiva: “La persona que yo conocí, para mí, murió”, le dijo. Alex dejó atrás la persona que era y se dio la oportunidad de vivirse como hombre y esa experiencia le resultó muy sencilla. Hoy, Leo y Alex son dos personas transmasculinas binarias que construyen su masculinidad todos los días desde infinidad de decisiones.

La decisión de Alex: “¿qué ginecólogo me va a querer estar revisando?”

Pero si Alex ya había transicionado, tenía que aceptar el cambio con los mandatos de la masculinidad. Y una de las cosas más fuertes que le resonaba era: “¿cómo voy a gestar yo?”. Él quería tener una familia y lo natural hubiera sido que su ahora esposa se embarazara, pero los planes de vida muchas veces no se alinean a la expectativa. Para el momento que comenzó la conversación de gestar, su esposa Fernanda tenía una gran oportunidad profesional que tomaría al menos seis años y no podría interrumpirla por un embarazo. Alex tenía 38 años y pensó que el tiempo no pasaba de correr y que no le gustaría ser el abuelo de sus hijos.

Fernanda, fresca, preguntó:

—¿Por qué no gestas tú?
—¡Ay, pero si estás bien loca! ⎼Alex le contestó.

Pero para ella era una cosa sencilla:

—Así como estás y todo, tú vas a ser su papá, ¿qué tiene?
—No, no, no, ni empieces. Olvídalo.
Desde distintas generaciones y contextos, Alex y Leo son hombres trans que eligieron embarazarse | Emiliano Alvarado


Pero aquella idea comenzó a tomar forma y madurar, aunque por sus cabezas transitaban más situaciones: “Qué broncota se nos vendría encima”, “la gente va a hacer su escándalo”, “¿qué ginecólogo me va a querer estar revisando?”, “¿quién va a andar queriendo atender ese parto?”. “Ay, no”.

Pero Fernanda volvía a insistir:

—¿Qué has pensado?

Cuando la oportunidad fue definitiva para Fernanda, Alex se animó:

—Mira, todavía no está todo dicho. Vamos a calarle, vamos a hacer una inseminación, pero si no pega es que no tenía que pasar, ¿okay?

Buscó información para saber “médicamente que pasaba con un cuerpo que había sufrido hormonación para después gestar” y no encontró mucho. Lo que hizo fue dejar las hormonas por un año, acudió a una clínica, se hizo estudios y le dijeron que se había reactivado su cuerpo en cuanto había dejado la testosterona. Alex tenía 38 años y cuatro años en testosterona. “Fue como si hubiera hecho una pausa porque mi cuerpo reconoció ese tiempo y siguió produciendo como una persona tal vez de 32”. Así que les dieron luz verde y la inseminación fue exitosa en el primer intento.

La decisión de Leo: “A lo mejor sí puedo tener hijos”

Leo también quería una familia y empezó a ver referentes de chicos trans que formaban una familia. “A lo mejor sí puedo tener hijos”, pensaba y consideraba la adopción. Pero también pasaba por su cabeza que podía conocer a alguien y que todo funcionara, fue así como empezó a salir con chicos otra vez. Conoció al papá de sus hijos, un chico gay al que frecuentaba. Un día la pregunta vino: “Quiero saber si tú te puedes embarazar” y le comentó de algunas historias que había conocido.

“Yo no puedo embarazarme”, Leo respondió contundente y trató de ser precavido, él conoce del fetiche que pueden representar los transmasculinos porque pueden gestar y así, tener hijos propios. La situación no era sencilla porque no contaban con la estabilidad de una relación y no eran exclusivos el uno para el otro. Sin embargo, tenían eso en común: querían hijos.

La posibilidad de gestar ha ampliado las formas en que los hombres trans construyen proyectos de vida y familia | Shutterstock


Para una operación de la vesícula, Leo dejó de hormonarse y fue la oportunidad para insistir: “oye, pero no te gustaría… Te juro que voy a ser responsable”. Hubo varias promesas pero Leo no estaba seguro de que le estuviera siendo completamente honesto. También pensaba que por el trato que tenían en la relación, este chico no le daría problemas en el futuro. Leo se lo pensó unos quince días y lo consideró aunque tuviera ocho años en testosterona.

El embarazo no sucedió de forma inmediata y sin asistencia. Buscaron una ginecóloga que aceptara tratarlos y en la revisión, le dijeron a Leo que “se veía un poco atrofiado el lugar donde se ven los ovocitos, pero sin un deterioro importante”. Con tratamiento hormonal, asistencia y con un plan de actividad sexual, lograrían llegar al embarazo. Después de tratamiento, vino el primer embarazo y un aborto. No dejaron de intentarlo y pronto, otra vez, Leo estaba embarazado.

Los nueve meses de Leo y Alex

A Leo le fue como en feria con las hormonas, el embarazo fue una pesadilla. Se sentía completamente desbordado e irritable. Se enojaba y gritaba por todo, pero también disfrutaba de sentir al bebé en su panza. Cuando inició su embarazo tenía miedo de verse y recordaba la forma en la que vivió la disforia de género ⎼el sufrimiento emocional que sienten las personas cuando su identidad de género difiere del sexo que les asignaron al nacer⎼, sin embargo estaba equipado, desde que inició su transición fue a terapia, tomó clases de coaching y exploró en todos los lugares que le ayudaran a validar que se sentía cómodo con la persona que era.

Leo se miraba al espejo con su panza creciente y recordaba: “Esto es temporal”. Se cuidó mucho en el embarazo y trató de no exponerse. Se quedaba en casa y no hubo ningún tema en el tiempo de gestación, excepto al final del embarazo cuando las miradas se clavaban en su panza con un corto circuito mientras se agarraba el vientre o la espalda baja: “¿Es panza chelera? o ¿qué onda?”

Durante nueve meses, Alex y Leo enfrentaron los retos comunes de la gestación, pero también experiencias atravesadas por su identidad trans |Especial


Su pancita era bien redondita y eso confundía. Tampoco tuvo tema cuando fue a sus revisiones al IMSS, al parecer ya había habido un incidente con una chica trans y cuando él llegó se inició un protocolo para siempre nombrarlo en masculino y brindarle la atención como persona trans. Desde el principio lo catalogaron como un embarazo de alto riesgo. Lo que sí pasó es que la atención de maternidad estaba separada del resto de los servicios y cuando a Leo le tocaba estar ahí, entre puras mujeres, recibía esas miradas cuestionadoras: “¿Qué está haciendo aquí?”. Sentía presión pero nadie fue grosero con él.

Alex tampoco se salvó del estrago hormonal. Todo el tiempo se sentía mal y vomitaba. Todo olor le generaba asco y tener ganas de hacer pipí era constante. En lugar de ganar peso, perdía. En total, perdió diez kilos. Su mamá le decía que ella se sentía mejor embarazada que cuando no lo estaba, pero por el lado paterno, todas las mujeres de su rama paterna la pasaron fatal de la semana uno a la 40.

Vivía en una casa muy grande y se reservó, ahí nada le faltaría. Procuraba no salir y, cuando lo hacía, no sentía que le regalaran la mirada del escándalo pero sí pensaba que por la cabeza de los demás pasaran pensamientos: “Ay, mira esa muchacha tan bonita con ese viejo tan feo”. Nunca nadie pensó que él estuviera embarazado.

La aventura de parir

Ambos atendieron su parto en servicios privados. Para Alex no fue sencillo encontrar médico, a la primera de cambio les decían: “Bueno, sí, pero para mí vas a seguir siendo la señora” y esa era la señal para darse la vuelta y no volver. Hasta el tercer intento se acomodaron con una doctora que se mostró respetuosa y tuvo esos detalles bonitos para él como padre. “Mira, bebé, aquí está tu mamá” y se refería a Fernanda. “No le pegues muy fuerte a tu papá” y las patadas se sentían diferentes para Alex.

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La familia de Alex lo pensó desde el inició, la bebé nacería en un hospital de monjas, sólo que se cubrirían diciendo que entraba por una apendicitis y al nacer su hija, la puerta no estaría decorada con flores y globos para dar la bienvenida y la gran noticia: Es niña. Alex estaba bien con eso y no le interesaba tal faramalla.

Leo pudo haberse atendido en el IMSS, pero aunque le dieron seguimiento, por una u otra cosa, nunca pudo realizarse un ultrasonido ahí. Para cuando tuvieron las placas y se demostró que su pelvis no se había abierto lo necesario para dar a luz, simplemente no pasó nada y decidieron no esperar. Fue cuando activaron el plan B y acudieron a un servicio médico particular que se acomodara a su situación económica.

Nadie va a negar nada

La hija de Alex y Fernanda lleva el nombre de Victoria. Ahora tiene siete años y ella sabe que nació de su papá, nadie se lo ocultó y no lo van a negar para quien pregunte.Ahora tiene siete años y ella sabe que nació de su papá, nadie se lo ocultó y no lo van a negar para quien pregunte.

Lexie, la hija de Leo, también sabe que nació de su papá y hay fotos que muestran cuando ella estaba en su pancita y aunque alguna vez le ha llamado mamá, a Leo parece no molestarle, “Soy papá”, le dice amorosamente y le pregunta: “¿Te das cuenta que yo hago todo lo que hace una mamá?”. Y con sus tres añitos, Lexie lo sabe: “Sí, tú haces lo que hace una mamá”.

“Sí soy el papá pero yo me llevo la chinga de la mamá”, expresa Leo con una genuina defensa: “Como que me apropié del ‘mamá’ y dije: ‘Sí, yo estoy aquí rifandome, sí soy la mamá’”, pero esto es exclusivo de sus hijos, porque todos los que están fuera de su familia deben reconocerlo como padre.

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Alex es un padre muy involucrado. “Descubrí una faceta muy bonita de la paternidad consciente, de la paternidad involucrada, de tomar la mitad que me toca y dejar completamente la mitad que abraza Fernanda”. Pasada la oportunidad profesional de Fernanda, se volvieron a embarazar, sólo que ahora ella gestó gemelos. “Ay, qué bueno que te ayudó al menos con uno”, suelen decirles ahora.
“Yo creo que esta es la época más feliz de mi vida”, dice Leo de su época como padre de Lexi y Elián, sí, porque Leo gestó una vez más. Piensa que le hubiera gustado tener una pareja estable para conformar su familia, pero con el padre de sus hijos se ha organizado muy bien para la manutención y crianza. Ellos se han configurado como una familia diversa.

Alex y Leo se convirtieron en los referentes que buscaban, decidieron gestar y desde ahí vivir su masculinidad. A Leo lo pone un poco inquieto pensarse como referente porque le da cierto nervio la responsabilidad. Y Alex, aunque no se considera activista, lo buscan para pedir consejo y orientación sobre los temas trans. Ellos son papás todos los días y a cualquier hora. Alex está cumpliendo el sueño que tenía desde niño. “Yo voy a cuidar y cargar a mis bebés. Yo voy a ser su papá”.


GSC / MMM


  • Alejandra del Castillo
  • Periodista independiente. Ha publicado historias en impreso y pódcast, colaborando para 'Así como suena', 'Gatopardo', 'Esquire', 'Chilango' y 'Quién'. Su persona favorita en el mundo es su perro.

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