La aplicación del examen de control presencial implementado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para atender las irregularidades detectadas en su proceso de admisión en línea, podría derivar en una nueva etapa de conflicto e inconformidad entre los aspirantes, particularmente entre aquellos que inicialmente recibieron una notificación de ingreso y que, tras la nueva evaluación, podrían perder el lugar obtenido.
Así lo advirtió Bernardo Naranjo, director de la organización Proyecto Educativo, quien señaló que el principal desafío para la Universidad comenzará precisamente cuando concluya la segunda aplicación del examen.
El especialista en educación explicó que el escenario más delicado no será el de quienes no logren ingresar en ninguna de las dos evaluaciones, sino el de aquellos aspirantes que ya habían sido aceptados en el proceso de julio y que eventualmente queden fuera después del examen de control, aun cuando hayan actuado de manera íntegra durante ambas evaluaciones. A su juicio, estos casos podrían concentrarse principalmente en las carreras de mayor demanda, como medicina o ingenierías, donde diferencias mínimas en la puntuación son suficientes para modificar el orden de selección.
“Los jóvenes que sí recibieron una aceptación en el primer proceso, en el proceso de julio, y esta vez no lo hagan, es decir, estos jóvenes que ahora por decenas y esperemos que no crezca mucho, pero estos jóvenes que dicen: tú ya me habías aceptado y ahora me dices que siempre no, y yo no hice trampa. Evidentemente no hay manera aquí de saber de saber quién sí lo hizo y quién no lo hizo con total certeza.
“Este grupo es el que políticamente va a ser más más delicado, yo todavía haría una subdivisión porque algunos de ellos tendrán una calificación sensiblemente menor en la segunda, en el examen de control. Si en el primer examen resultaron seleccionados y en el segundo no resultaron, pero la calificación de su examen fue sensiblemente menor, pues también tendremos elementos para pensar que algo pasó, ¿no?. Es el grupo al que la universidad deberá tratar con mucha con mucha delicadeza y con muchísimo cuidado”, explicó.
Naranjo recordó que toda evaluación educativa posee un margen de error estadístico inherente y que ninguna medición ofrece resultados absolutamente precisos.
Aunque la UNAM no ha hecho público el error de medición correspondiente a esta prueba, estimó que en un examen de alrededor de 120 reactivos, éste podría oscilar entre tres y cinco aciertos. Bajo ese supuesto, dos aspirantes con puntuaciones muy cercanas podrían considerarse estadísticamente equivalentes, aun cuando uno obtenga el ingreso y otro no.
Esa situación, afirmó, adquiere especial relevancia cuando se compara el resultado de dos aplicaciones distintas del mismo examen.
"El margen de error puede ser el margen de horror en todo este proceso", añadió al insistir que algunos jóvenes podrían quedar excluidos pese a demostrar un desempeño consistente en ambas evaluaciones.
El ex consejero del extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) realizó el análisis en medio de las medidas extraordinarias adoptadas por la UNAM después de detectar anomalías durante el examen de admisión en línea a licenciatura.
La Comisión Técnica de Expertos de la UNAM que evalúa el proceso de admisión 2026 emitió una serie de recomendaciones, entre ellas aplicar un examen de control presencial.
La Comisión recomendó no repetir la evaluación para la totalidad de los aproximadamente 158 mil aspirantes que presentaron el examen original. En cambio, propuso convocar únicamente a quienes obtuvieron resultados iguales o superiores a los puntajes mínimos de ingreso observados en años anteriores.
De acuerdo con las cifras expuestas por Naranjo, alrededor de 58 mil aspirantes fueron llamados al examen de control para disputar cerca de 22 mil lugares disponibles mediante concurso de selección.
El especialista consideró que esta determinación buscó equilibrar la necesidad de proteger la integridad académica del proceso con la viabilidad operativa de la Universidad. Repetir la evaluación para los más de 158 mil sustentantes, explicó, habría representado un desafío logístico extraordinario, mientras que concentrar la nueva aplicación en quienes históricamente habrían tenido posibilidades reales de ingreso permite acotar el universo de evaluación sin comprometer el principio de mérito académico.
No obstante, advirtió que el examen presencial no eliminará por completo la incertidumbre.
Frente a ese panorama, Naranjo reconoció que la UNAM ha mostrado avances importantes desde que surgió la controversia. Destacó que la institución reconociera la existencia de errores y optara por una política de transparencia al hacer públicos datos estadísticos del proceso y diversa información relacionada con la evaluación.
Sin embargo, advirtió que la siguiente etapa será igualmente determinante, pues la Universidad deberá comunicar con absoluta claridad las reglas del examen de control y establecer mecanismos que permitan revisar, de manera excepcional, aquellos casos en los que existan elementos suficientes para presumir una posible afectación derivada de las limitaciones estadísticas propias de cualquier instrumento de evaluación.
HCM