• Adiós a los sombreros: el desalojo silencioso de Artículos Ingleses en el Centro Histórico

Artículos Ingleses resistió crisis, sismos y el abandono del centro. Hoy no son las ventas, sino la renta inflada y la gentrificación que expulsa a los comercios de la Ciudad de México.

Ciudad de México /

DOMINGA.– Álvaro Escalante vive angustiado: tiene que cerrar su negocio familiar luego de nueve décadas. Lo dice resignado, sentado a mi lado, en esta tienda y sastrería que parece venir de otro tiempo. Los dueños del edificio le notificaron que tenía que irse: planean rentar el local a otra empresa, más grande, moderna y con una cuenta bancaria más robusta. Artículos Ingleses se va, en medio de las renovaciones que trae consigo la gentrificación de la Ciudad de México.

Es un día soleado de mediados de diciembre de 2025. Entre telas suizas y casimires importados, conozco a Álvaro. Un hombre de 58 años que habla con mucha propiedad y educación, delgado, con lentes de armazón, que viste como alguien que ha habitado por décadas el mundo que vende: un pantalón de vestir, una camisa bien planchada y un chaleco verde que acentúa su figura esbelta.

Álvaro Escalante, heredero de Artículos Ingleses, frente al local que deberá abandonar tras casi un siglo de historia | Cortesía


Artículos Ingleses lo ha acompañado casi toda su vida, en la Avenida 5 de Mayo número 19B, en el Centro Histórico. Conoce la tienda desde niño aunque empezó a trabajar ahí en serio a los 23, después de estudiar Ingeniería Industrial y de pasar un año en el extranjero practicando inglés. Recuerda que a su regreso vio el lugar como nunca antes: “Qué bonito es aquí”, pensó. Y desde entonces no se movió. Ha sido su sustento, el de su madre y el de su abuelo.

El local tiene 90 años abierto. Fundado en 1936 por su abuelo materno, Eduardo Martínez de Velasco Ovando, un poblano que migró a la capital cuando era joven. Aquel fue un año convulso para el país y su capital, marcado por profundos cambios políticos y sociales. Le tocó la expulsión del país de Plutarco Elías Calles, lo que dio el fin del Maximato, y pasando por la fundación del Instituto Politécnico Nacional, la creación de la Confederación de Trabajadores de México.

En esa época, además, la moda inglesa vivía un auge en el país: uno encontraba sombrererías, camiserías y tiendas de artículos traídos de Europa. Álvaro explica que su abuelo no tenía ascendencia británica –“por el nombre, evidentemente no”–, pero era un hombre astuto y decidió apostar por la elegancia inglesa que entonces competía con la francesa en las élites mexicanas. La moda italiana, dice, todavía no tenía la fuerza que alcanzaría tiempo después.

La elegancia inglesa que inspiró el origen de Artículos Ingleses sigue viva en sus vitrinas, telas europeas y muebles de madera | Cortesía


Lo que hoy existe del negocio conserva su origen: amplios muebles de madera oscura, vitrinas, escaparates amplios y cajones que guardan corbatas y telas finas. Camisas, trajes a la medida, sombreros, perfumes, guantes, correas, zapatos, chamarras, telas exclusivas que vienen del Reino Unido o Suiza. Con la seguridad de quien conoce a cada proveedor desde hace años, afirma que todo lo que entra es seleccionado bajo el más alto criterio: calidad, exclusividad y durabilidad.

No quiere vender lo que se encuentra en cualquier centro comercial. Artículos Ingleses tiene áreas específicas: perfumería, sombrerería, sastrería a la medida, zapatos especiales –incluidos los que pueden confeccionarse desde cero, según el número de calzado del cliente–, armazones y gafas de lujo, carteras. Habla con orgullo. Repite que sus productos son “muy finos”, “exclusivos”. La tienda es su propio universo.

Pero basta mirar alrededor para entender por qué quienes entran sienten que atraviesan un portal a otro tiempo. Álvaro lo nota en las reacciones. “Parece otro universo”, le dijo hace poco una clienta, y yo mismo se lo confesé cuando llegué. No es gratuito: la madera, la iluminación tenue, el acomodo de los sombreros, la colocación de las chaquetas. Ese orden emociona, como si la tienda viviera su propio ritmo y se alejara de lo acelerado y ruidoso que se vive afuera.

Sombreros de pelo de conejo, camisas de textiles tradicionales y zapatos hechos bajo pedido son parte del catálogo de Artículos Ingleses | Cortesía


Álvaro muestra algunas de las piezas que considera más valiosas: telas suizas, casimires que llevan fibras de oro de 22 quilates, otras con fragmentos minúsculos de diamante. Lo explica de manera natural pero yo me emociono y pregunto más y más.

También enseña sombreros hechos con pelo de conejo, camisas que vienen de casas textiles tradicionales; zapatos que, si no quedan, pueden reproducirse en cualquier talla o color porque tienen talleres externos que trabajan bajo pedido.

Incluso, confiesa con una pequeña sonrisa, hay caballeros que piden modelos originalmente diseñados para mujer.

La gentrificación desplaza del Centro a tienda Artículos Ingleses

Álvaro vuelve al tema que lo tiene angustiado desde hace meses: el futuro incierto de Artículos Ingleses. Los propietarios del edificio ya solicitaron el espacio por escrito. Se tiene que ir, por muy tarde, empezando febrero. Se enteró de que planean rentar el local a otra empresa con mucho mayor capacidad económica, una tienda más grande y moderna que, de entrada, habría ofrecido una fortuna como guante: un pago único y adicional al dueño del local para asegurar el acceso al espacio.

Por lo pronto, el plan ya desplazó a El Vikingo, una joyería especializada en plata y piedras naturales que estaba ubicada en el número 19C, justo al lado. La estrategia es demoler el muro que dividía ambos negocios para convertirlo en uno solo. ¿Qué van a vender ahora? Quizá ropa, bisutería, zapatos, maquillaje o baratijas de origen chino. Álvaro no tiene seguridad de qué habrá y siendo honesto, lo tiene sin cuidado: saberlo no cambiaría nada.

Es una de esas renovaciones que modifican el paisaje urbano del Centro Histórico, borrando este universo pequeño y único de la Avenida 5 de Mayo. En medio del auge que han traído los negocios chinos: amplias tiendas que venden una enorme variedad de productos a precios económicos, desde artículos de uso diario como electrónicos, ropa, juguetes, papelería, pero también mercancía de belleza, ferretería, bisutería, cocina, incluyendo marcas populares como Xiaomi y Huawei.

El cierre del negocio forma parte de una reconfiguración comercial que ha desplazado a locales históricos de la avenida 5 de Mayo | Cortesía


La antigüedad del negocio no significa nada en términos legales. Al tratarse de un local dentro de un edificio privado, no existe protección especial. “La antigüedad no tiene nada que ver”, dice con resignación. Los dueños pueden hacer lo que quieran. Él lo entiende, lo repite, pero también sabe que las consecuencias son drásticas: está a punto de perder el lugar donde su abuelo construyó un proyecto, que luego su madre sostuvo, y que él mantuvo a flote en las épocas más duras del Centro.

Y han sido muchas: las crisis económicas de los años ochenta y noventa; el temblor del 85; los años de abandono del Centro Histórico, cuando los edificios estaban sucios y olvidados; los periodos de inseguridad; la inflación; las devaluaciones, etcétera. Cuando recuerda el sismo de 2017, dice que el edificio resistió bien y lo único necesario fue salir a la calle y nada más. Ningún daño mayor.

La tienda también ha sobrevivido a transformaciones recientes: la llegada masiva de visitantes extranjeros, la mezcla de clientelas, el aumento en la diversidad de edades y estilos. Álvaro señala que aquí entra gente de todo tipo: jóvenes, señoras, turistas, extranjeros, personas de la ciudad que vienen de Satélite o Xochimilco, gente de provincia. “Aquí llega de todo”, afirma. Y lo dice con mucha alegría, sabe que esa variedad de clientes busca algo distinto y que no copie al resto del mercado.

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Ahora enfrenta una amenaza que no depende del gusto del público ni de la capacidad de adaptación del negocio. Es una decisión tomada desde arriba, ajena a él, a sus ventas, ajena a las décadas de vida del negocio. Y aunque intenta hablar del tema con propiedad, educado como es, hay un punto en el que su voz se quiebra un poco porque la noticia es la más letal que le han dado.

“Este es nuestro sustento”, dice. El problema no son las ventas. Vaya, hace un rato un cliente pagó varios miles por algunas prendas. Ha habido ventas de 70 mil pesos, de 100, 200, incluso un cliente en un sólo día gastó medio millón. “Pero también vendemos peines de 50 pesos”, aclara. Porque, en realidad, el espíritu del negocio no es la exclusividad económica: es la exclusividad del trato, el detalle, el cuidado. En Artículos Ingleses entra quien quiera entrar.

La entrevista se interrumpe: alguien entra, Álvaro ofrece ayuda, responde atento a las dudas y hasta llega a informar que pronto se irá. Su forma de ser con la clientela muestra que está curtido en atención y cortesía, y que un vendedor siempre está para su cliente. Y quizá por eso, cuando vuelve a la entrevista, no evita mostrar más angustia: no sólo perderá su local: está perdiendo una forma de vida.

El interior de Artículos Ingleses, lleno de memoria y detalles, enfrenta un cierre sin un plan claro de reubicación | Cortesía


No sabe qué pasará después. No tiene un plan claro, ni una alternativa concreta, ni fecha exacta. Sólo sabe que deberá partir en febrero.

Sabe que eso tiene que ocurrir pero sus ojos parecen rehusarse: la tienda parece demasiado viva, demasiado llena de detalles y memoria como para imaginar que en unos meses todo desaparecerá, al menos como él lo conocía.

Álvaro Escalante no es un hombre acostumbrado a dramatizar pero hay un momento en la entrevista en el que ya no tiene palabras. Sólo suspira. “Pues imagínese”, dice. “Usted dígame cómo se puede sentir uno… de quedarse sin lo que a uno le gusta hacer y el lugar que le encanta”. Luego suspira fuerte y encoge los hombros. Y completa: “siento impotencia, tristeza. Todo eso”.

No hay más locales en el Centro: “todo está tomado”

Regreso a Artículos Ingleses a inicios de enero de 2026, con la esperanza de una buena noticia: quizá los dueños cambiaron de opinión, quizá Álvaro ya encontró un lugar para reacomodarse. Pero nada de eso: no hay nuevo local y el tiempo se agota. Él ha empacado algunas cosas y las ha llevado a su domicilio. Hasta ahí.

Álvaro es muy educado y cordial pero lo veo más triste. Algo en él se apagó. Tiene que bajar las cortinas en los próximos días. Contratar sí o sí a alguien de mucha confianza que ayude a empacar. Guardar todo en decenas de cajas. Mínimo todo eso llevará dos semanas. Ya se fue El Vikingo a un espacio en un nivel alto de otro edificio cercano. “¿Quién los verá ahí?”, se pregunta Álvaro.

Ya no habrá prórroga, ni habrá excepción. Y la siguiente pregunta duele: ¿a dónde se irá Artículos Ingleses después de casi un siglo? No hay locales. Por la noche, Álvaro busca opciones en internet, algunos clientes, vecinos y amigos llaman para dar alternativas, pero todo es demasiado caro o lejano. Hasta hoy, no hay nada seguro.

En enero de 2026, Artículos Ingleses continúa abierto, aunque ya no hay un nuevo local ni prórroga para permanecer | Cortesía


Ese es el obstáculo más grande. Las calles del Centro Histórico se han convertido en un tablero donde cada espacio se compra con cifras increíbles. Conserva su lugar quien tiene para pagar. Los establecimientos son de altísimos contrastes.

Convergen los grandes almacenes, como El Palacio de Hierro o Liverpool con una enorme oferta de tiendas según la calle: en República de Chile se venden vestidos de novia y de XV años, en Tacuba, 5 de Mayo y 16 de Septiembre abundan pequeñas boutiques de diseñadores o marcas consolidadas como Aldo Conti, Zara y Cuidado con el Perro. Para todos los bolsillos hay: cualquier fin de semana o incluso cualquier día, miles entran y salen de los establecimientos.

Y no faltan las tiendas chinas, las que venden de todo y cada vez se apropian de más espacios y desplazan a los negocios más chicos. Hoy, el que oferta más, se queda con el local.

Álvaro habla del guante, esa palabra que antes sólo se escuchaba en el mundo de los restaurantes exclusivos para referirse a una tarifa o pago único. Pero que ahora se volvió regla en cualquier cuadra codiciada del primer cuadro. “Piden cuatro millones, ocho millones… un millón, dos millones”, enumera incrédulo. “Y eso es sólo para entrar. No se regresa. Eso se pierde.”

Artículos Ingleses enfrenta un mercado dominado por marcas con capacidad económica muy superior | Cortesía


Él nunca había tenido que enfrentarse a esa lógica. Artículos Ingleses ha pagado renta año con año desde la década de los treinta, siempre con aumentos moderados. Nada que tuviera que ver con inversiones millonarias de entrada. Nada que se parezca a este modelo económico en el que un negocio clásico compite contra marcas globales millonarias, como Starbucks o Temu, o con empresas que venden baratijas, muchas veces de origen chino, pero que son muy exitosas.

Su plan, dice Ávaro, es reubicarse. Pero cuando le pregunto en qué zona, el tono melancólico revela que está siendo un paso muy amargo: “Por aquí… si se pudiera. Pero no hay. Ni en estas calles, ni en las de al lado, ni en la Roma.”

Todo está tomado. Todo está fuera de presupuesto. Todo está inflado por la especulación y por el poder de marcas que pueden pagar en un mes lo que un comercio familiar ingresa en un año.

Los nietos y bisnietos de los primeros clientes de Artículos Ingleses

Si no encuentra algo, lo que seguirá es aún más duro: meter todo a una bodega. Se rehúsa a esa idea, pero lo que sigue es inevitable. No vender, no atender, no tener vitrinas iluminadas ni clientela entrando: sólo pagar almacenaje y esperar que algo aparezca. “Si no estoy vendiendo… es pérdida”.

A veces se queda viendo los muebles, los mismos que heredó de su abuelo. Muebles empotrados, diseñados para este local. Muebles que han acompañado la historia del negocio durante generaciones: vitrinas, entrepaños, cajoneras, mostradores, ese escritorio art déco que ya casi no se ve porque ahora está lleno de catálogos y papeles. “Muchos están empotrados, esos muebles no se pueden llevar”.

Vitrinas, cajoneras y mostradores heredados por generaciones podrían ser destruidos tras el cierre del negocio | Cortesía


Y aunque intenta decirlo con neutralidad, le gana un duelo anticipado. Lo sabe: si él se va, es probable que la madera que quede ahí será destruida, porque ya nadie restaura esos acabados. Ya nadie encarga muebles así. Ya nadie construye tiendas de madera sólida. “Ahora todo ya es acrílico, plástico…”. Suspira.

Insisto en si sabe el giro del negocio que ocupará su espacio y el de la joyería, pero prefiere no especular. No le consta nada. Lo único que acepta es que se mencione la frase estricta, factual, sin interpretaciones: “no se renovó el contrato porque habrá otra tienda.” Lo demás, la procedencia, si es una empresa mexicana o extranjera, la estética, si será una cadena o no, no le interesa.

Lo suyo ha sido siempre atender, medir tallas, elegir telas, cuidar detalles, recibir generaciones completas de clientes. No imaginar vitrinas ajenas.

Y aquí está uno de los asuntos más dolorosos: la continuidad de las familias. Álvaro cuenta que a veces llegan los nietos o bisnietos de los primeros clientes de Artículos Ingleses. El abuelo vestía bien, el papá vestía bien, el nieto mantiene el estilo. Son linajes del vestir. Esa herencia cultural también se pierde con el cierre.

No sólo es Artículos Ingleses. Es un patrón: es la gentrificación

Mientras vuelvo a recorrer el local con Álvaro Escalante, queda claro que Artículos Ingleses veo los casimires importados, los muestrarios de telas traídas especialmente del Reino Unido para cada cliente, los trajes hechos a la medida, los zapatos, los suéteres acomodados por color, las chamarras, los estantes de madera, el olor a tela nueva y a historia.

Álvaro tiene una chispa de entusiasmo al hablar de sus múltiples ocupaciones para el mismo negocio: revisa proveedores, coordina pedidos, elige telas, encarga diseños, recibe mercancía importada. Lo hace todo: “Pero cuando a uno le gusta, no pesa”. Y aunque suene romántico, es verdad: un negocio así no puede sostenerse sin pasión. No es una tienda de paso: es un oficio completo.

Antes de irme, Álvaro menciona algo que retrata bien este momento del Centro: “Acá en Uruguay está Migliano. También van a cerrar.”

Migliano Hermanos, uno de los comercios antiguos cuyo giro es la creación de prendas de vestir con pieles de animales, también está enfrentando lo mismo: renta impagable, contrato que no se renovó, nuevos negocios que desplazaron a los viejos. Lo dice con un tono que deja ver su enojo. No es nada más Artículos Ingleses. Son varios. Es un patrón. ¿Una ola? Un silencioso pero constante borramiento de los negocios viejos del Centro. El fin de una era.

El local de la avenida 5 de Mayo se apaga después de haber vestido a generaciones enteras | Cortesía


A veces llega así: con un hombre que baja la mirada y dice “en febrero ya no”, o con muebles que quizá nadie vuelva a fabricar, con telas que ya no tendrán quien las vea, familias que perderán un punto de referencia, calles que empiezan a parecerse demasiado entre sí. Artículos Ingleses ha sido parte de la Ciudad de México durante 90 años. Ha visto sismos, cambios de gobierno, modas, crisis, bonanza, transformaciones sociales. Ha visto crecer y vestir a generaciones enteras. Y ahora tendrá que empacar casi un siglo en cajas.

Pero también hay algo que, de alguna forma, lo sostiene: la dignidad de quien ha trabajado toda una vida en un mismo sitio, el orgullo de haber sido casa de elegancia para miles de clientes, la certeza de que nada podrá borrar los años vividos dentro de esas paredes.

Sea donde sea que se reubique, si puede, la historia no se perderá del todo. Pero este espacio de 5 de Mayo sí se va apagando. Y con la tienda, una parte del Centro Histórico que ya nunca volverá.


GSC/MMM


  • Guillermo Rivera
  • Guionista y periodista. Autor de investigaciones y crónicas que se han publicado en diversos medios, como 'Milenio' y Televisa. Reconocido dos veces con el Premio Nacional de Periodismo (2016 y 2023) y nominado al Premio Gabo.

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