Laura Giraldo Romero, oriunda de Maracay, Venezuela, expresó que diariamente hay réplicas del terremoto en la ciudad donde viven sus papás, por lo que teme por la integridad de sus familiares y amigos, pero principalmente de éstos últimos porque sus casas se derrumbaron.
Ella tiene ocho años viviendo en la ciudad zapatera, por lo que fue más complicado ayudar a su familia y amigos que estaban en su tierra natal.
"Todos los días hay réplicas del terremoto; hubo una ayer, antier, hubo otra hoy a las 7 de la mañana, hora de Venezuela; entonces siempre hay el temor, porque, además, siempre hay estructuras que quedaron en muy malas condiciones y que, seguramente si vuelve a haber una réplica fuerte, se vienen abajo", explicó la venezolana que reside en León.
Sus amigos le comentaron que ellos sí tuvieron afectaciones y eso le preocupa muchísimo, pero ha mantenido la calma y trata de apoyarlos a kilómetros de distancia a través de colectas con productos de primera necesidad, los cuales serán enviado a través de redes de apoyo.
“Pude comunicarme con ellos, sí, están bien, pero bueno, sus viviendas están en muy malas condiciones, familiares de ellos también, algunos desaparecidos, otros ya aparecieron, pero insisto, las viviendas quedaron súper mal”, explicó con un nudo en la garganta.
Relató que en cuanto supo lo del terremoto, como primera instancia, llamó a sus familiares, pero ninguno contestaba porque la señal en Venezuela se había “caído”, y no les entraban las llamadas de Laura, quien estuvo marcándoles muchas veces hasta recibir respuesta. Expresó que esos primeros minutos fueron muy tensos para ella.
“Obviamente lo primero que piensas es montarte en un avión e irte, pero no es opción. De entrada, no es una opción porque el aeropuerto internacional, el principal en Venezuela, fue el más afectado en ese momento”, expresó.
Giraldo Romero dijo que la ciudad donde viven sus progenitores no fue una zona gravemente afectada por el terremoto, pero de igual forma tuvieron afectaciones en sus hogares, ya que la casa se agrietaba, el movimiento provocó que todo se cayera contra el suelo. Su papá y su mamá tienen 60 y 55 años respectivamente, lo cual generó mayor preocupación en Laura porque viven solos.