• El baile de las luciérnagas: una batalla por salvar la oscuridad en Dos Aguas

La deforestación y la presión turística estuvieron a punto de apagar las luciérnagas de Dos Aguas. Recuperar el bosque, la humedad y la oscuridad permitió que regresaran.

Carolina Arteaga
Tlalmanalco, Estado de México /
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DOMINGA.– Pequeñas criaturas sostienen mucho más de lo que aparentan en los bosques y son más que destellos en la noche: las luciérnagas forman parte del sistema natural que sostiene la vida. Sus larvas depredan plagas y su presencia anuncia la salud de los suelos. Es un acto de resistencia a las urbanizaciones que las amenazan. Porque allí donde desaparecen, algo más que su luz comienza a apagarse.

En el Parque Ecoturístico Dos Aguas, ubicado en Tlalmanalco, Estado de México, ese eslabón estuvo a punto de desaparecer. La deforestación, las urbanizaciones y la presión turística redujeron sus poblaciones hasta ponerlas en peligro. Fue necesario restaurar durante más de quince años estos bosques de oyamel, encino y pino, recuperar la humedad de la tierra y devolverle al lugar la oscuridad que las luciérnagas necesitan para reencontrarse.

Si se apagan las luciérnagas, se apaga también la posibilidad de que el bosque respire en equilibrio. Su desaparición sería un aviso de que el bosque se tambalea.

Durante la temporada de lluvias, las luciérnagas emergen en la oscuridad para cumplir su breve ritual de apareamiento | Carolina Arteaga
Ráfagas amarillas atraviesan la penumbra, son las luciérnagas. Danza luminosa de cuerpos en apareamiento. Parque Dos Aguas, Tlalmanalco | Foto: Carolina Arteaga

Las luciérnagas necesitan bosques saludables para vivir

Recorrimos recientemente el hábitat de las luciérnagas. Fueron apareciendo una a una mientras caía la noche. Ya en la oscuridad, inundaron el bosque con sus destellos hasta formar trazas de luz que revelaban la danza del apareamiento. Su ciclo de vida es breve, apenas unas semanas durante la temporada de lluvias. Su luz dura lo que dura el verano. Esa fragilidad las convierte también en una metáfora de todo aquello que puede desaparecer demasiado pronto.

Las luciérnagas no son sólo un espectáculo de verano. Son el pulso de los ecosistemas, señal de que el bosque todavía funciona. Por eso protegerlas significa proteger también la oscuridad, la humedad de la tierra y los territorios donde todavía pueden encontrarse. Durante unas semanas, cada año, vuelven a encenderse. Quizá esa sea su manera de recordarnos cuánto depende la vida de cosas que apenas alcanzamos a ver.

Este fotoensayo sobre el bosque de Dos Aguas es un llamado a cuidar la oscuridad, a defender los territorios donde todavía resisten, y a recordar que protegerlas es también protegernos a nosotros mismos. Su luz merece ser contada y preservada.

El bosque de oyamel, pino y encino respiran bajo la luz del día.Entre hojas húmedas y árboles ancestrales, la vida se despliega en silencio. Parque Dos Aguas, Tlalmanalco. | Foto: Carolina Arteaga
Hongo de cera del grupo de Hygrocybe, de sombrero anaranjado translúcido, sobre tronco cubierto de musgo. Parque Dos Aguas, Tlalmanalco | Foto: Carolina Arteaga
Las luciérnagas no son sólo un espectáculo de verano. Son una señal de que el bosque todavía funciona. | Foto: Carolina Arteaga

El ritual de apareamiento de las luciérnagas

Ráfagas amarillas atraviesan la penumbra. Danza luminosa de cuerpos en apareamiento, son las luciérnagas de Parque Dos Aguas, Tlalmanalco | Foto: Carolina Arteaga
La temporada dura apenas unas semanas. En ese breve periodo, los adultos salen del suelo y se concentran en el bosque para buscar pareja | Foto: Carolina Arteaga
Cascada de los Diamantes, caída de agua de unos 110 metros, de deshielo que viene de la cabeza del Iztaccíhuatl. Parque Dos Aguas, Tlalmanalco | Carolina Arteaga


GSC 

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