Marcha por agua termina con gas, 28 policías heridos y 39 detenidos

La movilización de miles de tapatíos desde La Minerva derivó en un violento enfrentamiento frente a Casa Jalisco tras la irrupción de un contingente encapuchado; la jornada cerró con una vigilia en la Fiscalía una concentración en Palacio de Gobierno

La jornada cerró con una vigilia en la Fiscalía y una concentración en Palacio de Gobierno. (Farid Santos)
Guadalajara, Jalisco /
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Vallas metálicas cerraron todos los perímetros de Casa Jalisco. Detrás de ellas, filas de policías estatales antimotines, cascos, escudos y extintores. El acceso a la avenida Manuel Acuña estaba cortado. Era la antesala de lo que venía.

A las 12:00 en punto partió la manifestación desde La Minerva. Miles caminando bajo el sol con pancartas de “agua limpia”, garrafones vacíos y botellas con agua turbia. 

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Se reportaron poco más de 4 mil manifestantes

El reclamo era uno, el agua que desde marzo llega oscura, pestilente y con sedimentos a colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y El Salto.

El contingente llegó a Casa Jalisco y se instaló frente a las vallas de forma pacífica. El Gobierno estatal reportó entonces 4 mil 500 manifestantes pacíficos.

Según la información oficial, un bloque de unas 400 personas, la mayoría con capuchas, paliacates y pasamontañas, llegó por la retaguardia y se fue contra el cerco.

Patearon las vallas, las jalaron con cuerdas, golpearon los escudos. Rompieron parte del perímetro y lanzaron piedras, pirotecnia y cloro, relató el secretario de Seguridad, Juan Pablo Hernández.

Los antimotines avanzaron, dispararon gas lacrimógeno y activaron pipas de agua a presión contra un tumulto que ya se estimaba en 10 mil personas. El gas se metió entre la multitud. La gente corrió tosiendo, con los ojos llorosos, cubriéndose con playeras. Había sangre en el piso.

Al menos tres manifestantes con la cara ensangrentada. Del otro lado, policías con uniformes rasgados y cascos abollados.

A las dos de la tarde, Casa Jalisco era un campo de enfrentamiento. Detonaciones de gas, el chorro de las pipas golpeando cuerpos, gritos de “¡no nos vamos!” y “¡suéltenlo!”. El aire era irrespirable a 50 metros a la redonda.

El corte oficial habló de 28 policías heridos, dos graves, uno con fractura en cráneo, pómulo y nariz, otro que perdió un dedo por un tubo con filo. También hubo manifestantes lesionados y detenidos en el suelo, sometidos entre varios elementos.

Tras los disturbios, la manifestación se partió en dos.

Familiares y conocidos de los detenidos se fueron a la Fiscalía. Pasadas las cinco de la tarde comenzó la vigilia.

Con videos de redes sociales mostraban el momento exacto en que se llevaban a sus hijos, hermanos y amigos.

“Mi nieto acaba de cumplir veinte años, y está estudiando derecho”, dijo María de Jesús, abuela de un detenido.
“Mi hijo andaba con amigos, jóvenes también ellos, haciendo un uso de su derecho de manifestar”, contó José Leopoldo Jiménez, padre de otro.

El Gobierno reportó 39 detenidos, 21 hombres y 18 mujeres. Ellos contaron 53. Pasaron lista en voz alta y anunciaron que no se moverían hasta verlos libres. La UdeG confirmó que tres son sus alumnos. Dieciséis observadores de la Comisión Estatal de Derechos Humanos los acompañaron.

El resto de la marcha caminó al Centro y llegó a Palacio de Gobierno. Sin vallas, sin enfrentamiento. Lanzaron consignas contra el SIAPA y se dispersaron antes de que cayera el sol. Pasadas las 10 de la noche, la Fiscalía liberó a 10 personas que no habrían participado en el grupo de choque.

De La Minerva a Casa Jalisco con gas y sangre. De Casa Jalisco a dos rumbos, unos a buscar a sus detenidos, otros a cerrar la protesta en Palacio. Un domingo que quedará marcado por la sangre derramada.

CH

  • Luis Ángel Pedraza

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