A toda máquina: las mujeres tomaron el volante del transporte de carga

Claudia, Nohemí y Clara encontraron en tráileres, pipas y maquinaria pesada –en un gremio dominado por hombres– una forma de sostener a sus familias y tomar el control de sus vidas.

Poco a poco, las mujeres en México rompen estereotipos e incursionan en un trabajo dominado en el pasado por hombres: el transporte de carga | Milenio
Natalia Escobar
Ciudad de México /

DOMINGA.– Luz de luna es el mote que le pusieron sus compañeros traileros. El amanecer la sorprendió en la carretera. Llevaba días sin dormir, atrapada en jornadas interminables de manejo. La enfermedad la debilitaba pero, debido a las presiones laborales, aceptó un viaje más: su jefe le aseguró que era urgente que entregara la carga de tolueno, un tipo de hidrocarburo que se usa como aditivo en el combustible.

Al cruzar por Irapuato, Guanajuato, la neblina y el resplandor del sol la desorientaron. No alcanzó a distinguir el tráiler que avanzaba por el carril de baja velocidad. El choque fue inevitable: su vehículo impactó de frente y golpeó uno de los isotanques que transportaba el camión. “El tanque explotó y yo me estrellé contra el techo de la cabina. Me sentí envuelta en llamas. Me lancé al pasto. Sabía que llevaba material peligroso, altamente inflamable, capaz de volar Irapuato”, recuerda Clara Fragoso, Luz de luna. 

Tiene presente que, quemada, caminó y pidió ayuda pero nadie la auxilió. La recuperación fue un proceso doloroso. En el hospital, al ver sus manos quemadas, pensó que jamás volvería a manejar. Tenía la lengua y la boca dañadas: comer era imposible. “Cuando mi jefe me vio, me dijo que estaba muy mal, pero antes me entregó la lista de gastos, multas y me aseguró que el accidente provocó la pérdida total del camión. Al final me despidió sin darme un peso de indemnización”, relata.

Poco a poco, las mujeres se han abierto camino en un sector dominado por hombres | Cortesía


Clara Fragoso
–protagonista del documental Nómadas de la 57– lleva más de dos décadas recorriendo México y tres, Estados Unidos, como conductora de transporte de carga. Al volante ha pasado días o semanas de corrido mientras criaba a cuatro hijos a la distancia. A sus 53 años ya es abuela de ocho nietos que presumen tener una abuela trailera. No todo ha sido miel en el camino: además de accidentes, ha enfrentado robos a mano armada que la dejaron tirada en la carretera.

Ella forma parte de ese reducido 1% de mujeres con licencia de transporte de carga en México: apenas 6 mil 840 frente a los 699 mil 248 hombres que dominan el sector, según cifras de la Dirección de Sistemas y el Departamento de Análisis de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, a marzo de 2026. El transporte de carga abarca una amplia gama de unidades cómo trailers sencillo, full, doble remolque, tractocamiones, torton, pipas que cargan agua, gas u otras sustancias, camiones de volteo o maquinaria pesada u otras.

Clara Fragoso, Claudia Camaño y Nohemí Pichardo comparten a DOMINGA cómo es ser operadoras de transporte de carga y mamás autónomas que desafían estereotipos y caminos. Son madres a toda máquina, cabezas de familia que manejan tráileres, pipas de agua y maquinaria pesada. Ellas son la excepción que confirma la regla… y la rompe en los caminos de México.

Claudia: la pipera que abastece de agua

Las mujeres encontraron en el transporte de carga la oportunidad de sacar adelante a sus familias | Cortesía


Claudia Camaño vive en Puebla. Es una de las dos operadoras de pipa de agua en la capital poblana. A sus 45 años es dueña de su pipa, que es una unidad con capacidad de veinte mil litros, con diecisiete años en el transporte de carga y cinco al frente de su propia pipa. La caracteriza su pícara sonrisa, un fuerte presencia y cuerpo que le ayuda a maniobrar mangueras pesadas para abastecer a sus clientes. Ella trabaja sola, sin una ayudante o ayudanta, lo mismo maneja la pipa y manipula la manguera que surte de agua a sus clientes. Su trabajo hace posible llenar tinacos y cisternas en barrios populares, centros comerciales u oficinas.

En sus inicios su exmarido la obligó a manejar una pipa de cuatro mil litros, luego pasó a una de diez mil y más tarde a una de veinte mil. Antes de eso, conducía un torton de redilas en carretera. Al volante, Camaño se siente grande, poderosa, capaz de “comerse el mundo”. Para ella, estar arriba del camión es “lo máximo”.

Desde hace once años Claudia es cabeza de familia. Tras separarse de su exesposo, emprendió el camino de combinar la maternidad con el trabajo de conductora de transporte de carga. Hoy, la mayor tiene 27 años y ayuda con los gastos de la casa. “Es difícil pero no imposible ser madre y operar una pipa. Ahora ellas se sienten muy orgullosas y siempre me lo hacen saber”, explica la mujer que cada día doma mangueras cargadas de agua.

Claudia Caamaño trabaja de forma autónoma el abastecimiento de agua en la capital poblana | Cortesía


Pero su labor tiene sus obstáculos y retos que Claudia los resume en enfrentarse al machismo de los hombres al ver una mujer operadora o que tenga mayor conocimiento de su unidad; se le suma la discriminación que enfrentan en un campo dominado por los hombres, y al machismo internalizado entre mujeres que se oponen a que se incursione en este tipo de trabajos. Pero ante estas negativas, Camaño recomienda vencer el miedo y tener confianza en que, si te apasiona tu trabajo, por supuesto que lo puedes desempeñar.

Ser pipera es mi mayor logro, me siento muy satisfecha al transportar un líquido que es indispensable para la vida. Mi pipa es mi bebé, yo lo quiero mucho, aunque está viejito él me ayudó a sacar a mis hijas adelante”, sostiene Claudia.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Inegi, 4 millones 180 mil hogares tienen ausencia paterna, y en la mayoría de estos casos son las madres quienes sostienen solas a sus familias y se convierten en cabezas de familia que no perciben una pensión alimenticia.

Nohemí: la mujer que domó la retroexcavadora

Entre decenas de oficios y profesiones, Nohemí encontró en la operación de una retroexcavadora un trabajo que disfruta | Cortesía


A los quince años, Nohemí Pichardo quedó perpleja al ver a una mujer manejar un camión de maquinaria pesada. A sus ojos, aquella operadora era una figura casi heroica, una mujer “superpoderosa” que dominaba una retroexcavadora, un vehículo que usan para cargar material para construcción o remover tierra y que es un recurrente auxiliar en obras o en trabajos del campo para remover la tierra o hacer surcos que faciliten la siembra. Su padre alimentó ese asombro y, al contar con un vehículo de ese tipo, decidió enseñarle. Así, Nohemí aprendió a operar maquinaria versátil: un cargador frontal combinado con un brazo excavador trasero.

Hoy, a sus 37 años, Nohemí sigue al volante. Continuó el negocio familiar y fue la única de sus hermanos que siguió el ejemplo de su padre. Su trabajo abarca servicios de saneamiento, limpieza de terrenos, movimiento de escombro y transporte de materiales para construcción. Principalmente trabaja en su pueblo, Doctor Mora, Guanajuato, y en las comunidades pequeñas de los alrededores. Para sus hijas, de diez y nueve años, Nohemí se ha convertido en esa misma mujer “superpoderosa” que un día ella admiró: con el mismo empeño conduce maquinaria pesada y las acompaña en su crianza. Su labor le ha valido múltiples reconocimientos del Instituto de la Mujer en su comunidad, donde es la única mujer que opera maquinaria pesada.

Nohemí es la única mujer en su comunidad en dedicarse al manejo de maquinaria pesada | Cortesía


Las hijas de Nohemí han crecido junto a la retroexcavadora. La acompañaban incluso cuando ella estaba embarazada, y de recién nacidas las arrullaba el motor. Tras la migración de su pareja, la madre se convirtió en el pilar de la familia. Aunque reconoce que la carga de trabajo le ha hecho perderse fechas importantes en la escuela de sus hijas, ellas comprenden su esfuerzo. La menor, incluso, suele dibujarla trabajando, inmortalizando la imagen de su madre al mando de la máquina.

Tiempo atrás, Nohemí también migró a Estados Unidos, donde trabajó en múltiples oficios. Sin embargo, siempre extrañó ser operadora. Describe su labor como un oficio manual y exigente: “Tienes que meter mano a la máquina, ensuciarte, engrasar. Estar sentada todo el día genera molestias en la espalda. Piensan que es un trabajo fácil, pero se requiere fuerza y convicción para luchar por tu sueño y pasión”.

Clara: la trailera que tomó el control de su vida

Convertirse en trailera le dio a Clara las herramientas suficientes para salir de un círculo de violencia intrafamiliar | Milenio


Clara Fragoso
se casó a los diecisiete años con el único novio que había tenido. En esa relación encontró violencia intrafamiliar, el punto de quiebre fue cuando su pareja la sometió con un cuchillo en la garganta, apelaba a que lo estaba engañando y a los 35 decidió dar un giro radical: dejó las labores del hogar y tomó el volante de un tráiler.

En la ruta encontró la salida de un matrimonio violento. Se organizó para equilibrar sus responsabilidades como madre y su carrera como operadora. Crió a cuatro hijos a la distancia, haciendo equipo con su hija mediana, de 13 años, quien se encargó de cuidar a sus hermanos que estaban por entrar a la primaria y la mayor cursaba la secundaria. Ellos asumieron tareas del hogar, llevar a los más pequeños a la escuela y preparar la comida. Clara supervisaba todo por teléfono, llamándolos a diario para asegurarse de que cumplían con sus labores.

“La primera vez que me dieron un tráiler yo le di pa’ delante, yo no estaba pensando en tener miedo ni nada, tenía mucha necesidad”, menciona Clara.

En su primer empleo regresaba a casa cada madrugada para ver a sus hijos, o comía con ellos si terminaba temprano. Después cambió de trabajo y sólo podía volver los fines de semana. Más tarde, en otra empresa, salía a ruta y regresaba tras cada viaje. Conforme avanzaba su carrera y los trabajos se volvían más exigentes, su tiempo en casa se redujo a los sábados por la tarde o los domingos de madrugada. Hacía la crianza a distancia. Cuando estaba en casa, se dedicaba a las labores del hogar que su hija no podía realizar: limpiar a fondo la cocina y el baño, lavar la ropa.


La decisión de ser trailera le valió críticas familiares e incluso de maestros y directores de las escuelas de sus hijos, quienes cuestionaban que se quedaran solos. Pero Clara siguió firme en su profesión, iniciada en el Centro de Capacitación para el Trabajo Industrial de Nuevo Laredo, Tamaulipas, donde recibió capacitación para ser operadora. “Mis hijos e hijas hemos ido de la mano. Para mí, el sacrificio lo hacen los hijos cuando somos madres autónomas. El reto más difícil lo viven ellos cuando se quedan solos. Por eso el logro es de toda la familia”, afirma Luz de luna.

Clara aconseja a las mujeres que aspiran a ser operadoras de tráiler, especialmente a las madres, que siempre busquen una red de apoyo. Reconoce que el cuidado de los hijos no es sencillo y que, ante la falta de respaldo institucional, es crucial crear una red propia con familiares y amigas. Su visión ideal para apoyar a estas mujeres en la industria del transporte es crear espacios de capacitación integral.

“Los espacios de capacitación integral deberían enfocarse no sólo en la formación técnica, sino también en la salud física, mental y emocional, además de la parte operativa del camión. El objetivo es formar profesionales del volante. Además, deberían brindar apoyo para el cuidado de los hijos pequeños y ofrecer becas para el tiempo de capacitación y estudio, ya que muchas mujeres no tienen los medios económicos para pagar un curso o mantenerse a sí mismas y a sus hijos durante ese periodo”, dice Clara.
Anteponerse a estereotipos ha sido clave para desempeñarse como operadoras de transporte de carga y maquinaria pesada | Cortesía


La vida de Clara Fragoso la hizo ser protagonista del documental Nómadas de la 57, que retrata la vida de los operadores de tráiler. A través de su historia y la de otros camioneros, la producción rompe estereotipos y muestra al camionero como una figura esencial, con emociones, comunidad e historia. El carisma de Luz de Luna la ha convertido en referente de un gremio donde aún son pocas las mujeres. Además, ha trabajado sus redes sociales para motivar a más mujeres a ser operadoras y visibilizar los retos del sector. Hoy su cuenta de Facebook supera los 158 mil seguidores, TikTok más de 25 mil e Instagram más de 11 mil.

En 2023, Clara fue incluida en la lista de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes del mundo por la BBC de Londres. Actualmente se desempeña como especialista en prevención en una empresa broker de seguros, donde promueve la seguridad vial mediante pláticas y talleres, con el objetivo de proteger la vida de operadores y usuarios de las carreteras.

Aunque las cifras aún son bajas, la Encuesta Anual de Transportes 2024 del Inegi reveló que las mujeres ya representan 21.4% de la fuerza laboral del sector. Las historias de Claudia, Nohemí y Clara son prueba de que se puede ser madre y estar “a toda máquina”, desafiando paradigmas con cada kilómetro recorrido.


GSC/ATJ 

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