“Hay niños que se burlan de ella"; Maritza camina con andadera y a sus 12 años lucha contra todo: bullying, falta de transporte, escuelas sin infraestructura...

Maritza se prepara para ingresar a la secundaria, una etapa que anticipa nuevos retos. El derecho a la educación existe, pero aún enfrenta barreras físicas y sociales que impiden ejercerlo plenamente.

Maritza enfrenta burlas sobre su condición por parte de algunos compañeros de escuela. | Jesús García
Tampico /

Maritza camina al interior del Auditorio Municipal de Tampico. Acaba de recibir su beca municipal: un sobre con mil pesos, significativo en tiempos de crisis. A pesar de su discapacidad, avanza con pasos firmes apoyada en su andadera.

Rosa Maldonado Ibarra, su tía y tutora, es quien se hace cargo de la menor, alumna de sexto grado de primaria que se prepara para ingresar a la secundaria, una etapa que anticipa nuevos retos. Maritza —asegura— está decidida a salir adelante pese a sus limitaciones motrices.

Una enfermedad que cambió su vida

La pequeña, de uniforme rojo y sonrisa discreta, no nació con esta condición. Al año y seis meses de nacida, una infección derivó en artritis idiopática juvenil; además, presenta luxación de cadera, lo que dificulta su movilidad. Se trata de un padecimiento que puede extenderse por meses o años, como ocurre en su caso.

Sus avances no han sido casuales. Hoy tiene 12 años, pero comenzó a caminar hasta los seis. Su mejoría es resultado de terapias constantes, muchas de ellas recibidas en el Centro de Rehabilitación Teletón de Altamira.

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El bullying dentro de la escuela

Sin embargo, no todo ha sido progreso. Maritza también enfrenta burlas por parte de algunos compañeros en la escuela primaria “José Inés Loredo”, ubicada en la colonia Unidad Modelo, del puerto tamaulipeco.

“Hay niños que se burlan de ella. En las escuelas hace falta que maestros o psicólogos den pláticas a los padres de familia, porque la educación viene desde casa”, relató su tía.

La violencia escolar, advierte, es más común de lo que parece. Aunque existen esfuerzos para combatirla, considera que aún falta atención efectiva a un problema que impacta directamente en la comunidad.

“Si los papás no enseñan a sus hijos a apoyar a niños con discapacidad, los van a ignorar o a agredir. Es falta de educación desde casa”, expresó.

Transporte: una barrera diaria

A las dificultades escolares se suma otro obstáculo: el traslado. Maritza vive en el fraccionamiento Diamante, en la zona norte de Tampico, donde el transporte público es escaso.

El autobús de la colonia Águila Echeverría pasa con poca frecuencia, por lo que la alternativa es solicitar transporte por aplicación, cuando hay recursos; de lo contrario, deben caminar.

“La beca sirve para los pasajes. Yo no tengo carro para llevarla a la escuela, tengo que pagar Didi. A veces se complica porque, si ven la silla de ruedas, cancelan el viaje y no nos llevan”, denunció su tutora.

Urgen rutas incluyentes

Ante esta situación, la familia pide la implementación de rutas de transporte incluyentes que faciliten el traslado de personas con discapacidad.

“Se necesita un transporte especial. Que uno sepa a qué hora va a pasar porque la autoridad lo asignó para apoyar. Eso nos facilitaría mucho las cosas, pero no hay esa opción”, señaló.

La demanda no es aislada. En jornadas recientes en Tampico, vecinos del fraccionamiento Diamante solicitaron a la Delegación de Transporte Público la ampliación de rutas en la zona.

Escuelas sin infraestructura adecuada

Aunque las escuelas públicas aceptan a estudiantes con discapacidad, muchas carecen de infraestructura adecuada. En el caso de Maritza, su plantel presenta diversas limitaciones.

“Faltan pasamanos y el baño está muy lejos del salón. No hay barandales para que pueda apoyarse y evitar caídas. Si sufre un accidente, podría fracturarse”, explicó su tía.

El reto de la inclusión real

Más allá del acceso, el desafío es garantizar condiciones dignas para estudiantes con discapacidad. La inclusión no debe limitarse a la inscripción en un plantel, sino traducirse en infraestructura, transporte y entornos escolares libres de violencia.

El caso de Maritza refleja una realidad persistente: el derecho a la educación existe, pero aún enfrenta barreras físicas y sociales que impiden ejercerlo plenamente.

JETL

  • Jesús Alberto García
  • Periodista con experiencia en cobertura política, social y nota roja. Colabora en secciones de local, regional, estatal y nacional en televisión, radio, impreso y web.

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