• El petróleo de las Malvinas mantiene viva la ambición de los intervencionistas

  • El fin de la guerra no cerró el conflicto. Las tumbas sin nombre, el petróleo, la pesca y el control del Atlántico Sur explican por qué Malvinas sigue siendo un territorio en tensión.
Ciudad de México /

DOMINGA.– Las Malvinas son un archipiélago del Atlántico Sur, integrado por las islas Soledad y Gran Malvina y unos doscientos islotes, ubicado a 600 kilómetros de la Patagonia argentina. Su valor estratégico radica en los recursos naturales que lo rodean: funciona como punto de apoyo entre dos de las mayores reservas de agua dulce del planeta –la Antártida y el Acuífero Guaraní– y, desde 2010, está asociado a la exploración de petróleo tras el anuncio de un yacimiento a kilómetros de las islas.

Sólo hay dos formas de llegar a las Malvinas. Por Punta Arenas, Chile, con el vuelo semanal que aterriza en el Aeropuerto Mount Pleasant; o con el que sale de Río Gallegos, Argentina, el segundo sábado de cada mes. Los vientos, imponentes en el Atlántico Sur, son un factor determinante. Cuando el clima acompaña, minutos antes de aterrizar, se vislumbra el contorno del archipiélago como quien ve un mapa gigante.

“Te dicen que no podés tomar fotos pero es impresionante. Uno creció con el mapita de las islas y sus recortes, sus costas irregulares. Cuando lo ves desde el avión es exactamente igual: esas islas en el medio del océano azul, hermosas. Pero bueno, una vez que bajás, estás ahí, en una base militar”, dice María Alejandra, hermana de Néstor Miguel González, soldado argentino caído en combate durante la guerra.
Leopoldo Fortunato saluda desde la Casa Rosada a los ciudadanos que se congregaron en la Plaza de Mayo | EFE/ Víctor Buggé

María Alejandra ha viajado más de cuatro veces hasta aquí, en el fin del mundo. La primera, en 2009, estuvo durante algunas horas para la inauguración de un monumento a los caídos y la remodelación del cementerio de Darwin, lugar en el que yacen los cuerpos de 230 combatientes argentinos.

La historia de este cementerio fue narrada por Leila Guerriero en La otra guerra (Anagrama, 2021), donde se cuenta las negociaciones, resistencias y voluntades que convergieron para que hoy casi todos los soldados pudieran tener una cruz con su nombre y que el mantenimiento del cementerio esté a cargo de los familiares de los caídos. Pero no siempre fue así.

Hasta 2017, unas 122 tumbas llevaban la leyenda “Soldado argentino sólo conocido por Dios” y Néstor Miguel era uno de ellos. 

Años después ocurrió lo impensable: un grupo de adolescentes que estaba a punto de terminar sus estudios de preparatoria decidió cambiar su tradicional viaje de egresados por un viaje a las islas Malvinas, movidos por unas pláticas que excombatientes habían dado en su escuela.

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El viaje, costosísimo, requirió de ahorros y recaudación de fondos. El 14 de octubre de 2017 partieron con rumbo a las islas y María Alejandra viajó con ellos. Para ese momento, la Cruz Roja y el Equipo Argentino de Antropología Forense ya había comenzado la misión humanitaria de identificación humana, después de 35 años de que las familias desconocieran la ubicación exacta de los restos de sus seres queridos. Y aunque, en un inicio, el proyecto recibió resistencia y críticas por parte de algún grupo de excombatientes y familiares, los padres de Néstor Miguel y María Alejandra habían sido de los primeros en dar su consentimiento.

“Estuvimos ahí, rendimos homenaje, cantamos el himno y en un momento uno de los veteranos quiso apoyar la cámara en una cruz para sacarnos una foto todos juntos –recuerda María Alejandra–. Y me pregunta: ‘¿se enojará el compañero si la apoyamos?’. Yo le dije: ‘mirá si se va a enojar, está feliz de que estén todos estos chicos acá, rindiéndole homenaje. Va a ser la mejor foto de nuestro viaje’”.

Cuando le dieron el informe a María Alejandra, se enteró de que esa cruz, en la que se había tomado la foto, era la de su hermano Néstor Miguel.

El intervencionismo de Ronald Reagan en Las Malvinas

La Guerra de Malvinas comenzó el 2 de abril de 1982 y duró 74 días. El conflicto armado fue, para el gobierno dictatorial argentino, un intento desesperado por recuperar la gobernabilidad y unir al país bajo una misma causa. Después de cinco años de terrorismo de Estado, la crisis económica, el descontento social y las denuncias por las desapariciones y asesinatos a manos del Estado se estaban volviendo insostenibles. Ese 2 de abril, sin embargo, la gente salió a las calles para apoyar la recuperación de las islas, mientras las Fuerzas Armadas argentinas desembarcaban en Malvinas y expulsaban a las autoridades británicas.

Ronald Reagan y Elizabeth II en 1983 | AP


Por lo que sabemos, la dictadura militar argentina supuso, erróneamente, que la distancia haría que el Reino Unido no respondiera militarmente y que Estados Unidos, mediaría hacia una negociación. Sin embargo, en Europa la situación también era compleja. El gobierno de Margaret Thatcher enfrentaba una crisis económica profunda y una alta tasa de desempleo. La posibilidad de no responder implicaba, para el gobierno de Thatcher, perder credibilidad internacional como potencia y sentar un precedente para otros territorios de ultramar.

La disparidad en armamento y capacitación eran enormes. Pero uno de los eventos que marcó el curso de la guerra fue el apoyo que Ronald Reagan, entonces presidente de Estados Unidos, le dio a Thatcher, brindándole soporte logístico e inteligencia satelital. Esto afianzó a Thatcher como una aliada estratégica en Europa y le permitió a Reagan solidificar su influencia en la región sin disparar un solo tiro o perder a un solo soldado. El 14 de junio de 1982, Argentina se rindió. El saldo de la guerra fue de 649 combatientes argentinos muertos y 255 británicos fallecidos.

La pesca y el petróleo forman parte de la disputa de las Malvinas

Alejo Carpentier escribió que las tierras no son de nadie pero tienen dueño. Cuando Donald Trump dice que Estados Unidos debería quedarse con Groenlandia, no improvisa en excentricidades. Repite una vieja lógica del intervencionismo: territorios que se reclaman por su valor estratégico. Petróleo, litio, minerales.

Avenida Ross de Puerto Argentino, el día 2 de abril 1982. | EFE/Telam/Eduardo Navone

Los casos de colonialismo junto con las nuevas discusiones de soberanía y territorio están atravesados por factores que comprenden la explotación de recursos naturales y el comercio, que están presentes en la gran mayoría de los conflictos bélicos, diplomáticos o geopolíticos del mundo.

Así como el petróleo se ha vuelto el eje de la discusión entre Estados Unidos y Venezuela; los yacimientos de litio y rutas de gas son fundamentales en la guerra entre Rusia y Ucrania, o los minerales críticos, las rutas marítimas y la posición geográfica son transversales en el intento estadounidense de hacerse de Groenlandia, la pesca y el petróleo también forman parte de la disputa sobre las Malvinas.

Hay un informe de 1976, el informe Shackleton, acerca del potencial petrolero de las islas y las inversiones que se necesitaban para explotarlo. Además, el informe da cuenta de la riqueza ictícola de la zona, una de las últimas reservas con superávit del mundo, donde se pesca calamar, langostinos, atún, sardina fueguina y centolla. Este informe fue encargado a Lord Edward Shackleton, político laborista e hijo del famoso explorador antártico, Ernest Shackleton, en un momento de incipiente colaboración entre el gobierno argentino y el británico, después de varias mesas de negociación que se habían llevado a cabo entre 1969 y 1971.

El desenlace no hizo más que agudizar el rechazo popular a la dictadura militar | EFE/Telam/Roman von Eckstein

Antes de la guerra, y a pesar de la crisis política argentina, un acuerdo de comunicación entre ambos gobiernos permitió, por ejemplo, que 11 docentes se establecieran en Puerto Argentino, Malvinas, para enseñar español a los isleños, una población que actualmente ronda las 3 mil 700 personas, de las cuales 39% nacieron en las islas, 25% en Reino Unido y el resto provienen mayoritariamente de Chile, Santa Helena y Filipinas. El informe, entonces, subrayó la importancia de la pesca en la zona y el potencial que tenía en materia de hidrocarburos y recomendó el desarrollo económico autónomo de las islas. Seis años después, llegó la guerra.

ONU instó a Argentina y Reino Unido a una solución pacífica

Mucho se ha escrito sobre la falta de equipamiento y de comida que sufrieron los combatientes argentinos, algunos de ellos jóvenes de 18 o 19 años con poco o nulo entrenamiento militar. Pero lo cierto es que la guerra quedó inscrita en el imaginario colectivo como el eje del conflicto territorial entre Argentina y el Reino Unido.

Pero la disputa por la soberanía de las Malvinas y los espacios marítimos correspondientes comenzó mucho antes y continúa hasta nuestros días.

Año con año, la cuestión Malvinas es abordada en el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas. De hecho, a pocos meses de que concluyera la guerra, la resolución 37/9 fue determinante; allí se precisó que, a pesar de que Reino Unido hubiera ganado el conflicto bélico, esto no afectaba la disputa por la soberanía y se instó a ambos países a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica que considere los intereses de los habitantes.

En 1985 posó con la entonces Primer Ministro, Margaret Thatcher.


“Nos quedamos solamente con ese paréntesis de 74 días, pero Malvinas tiene 500 años de historia”, asegura el historiador Sebastián Paris, académico de la Universidad Nacional Arturo Jaureche e investigador del Programa de Estudios de Malvinas Atlántico Sur y Patagonia: “Esos 500 años tienen que ver con la exploración, el descubrimiento, la conquista, la ocupación por parte de los británicos y los reclamos constantes que han hecho los distintos gobiernos argentinos”.

Inevitablemente, al hablar de Malvinas y soberanía, hay que remontarse a la conquista. La historia es compleja y abarca grandes periodos de tiempo y diferentes disputas entre países europeos. A pesar de las incursiones e intentos de asentamiento de Francia, Portugal e, incluso, Reino Unido, en 1767 Francia reconoció la soberanía española. “Los que sientan soberanía y empiezan a poblar esas tierras son los españoles”, advierte Paris. “Si uno se fuera, por ejemplo, al Archivo General de Indias que está en Sevilla, España, eso está ahí, en esos documentos”.

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El siguiente gran acontecimiento –que será clave para el reclamo diplomático que Argentina emprenderá años más tarde–, es la independencia. En 1816, como ocurrió con otras naciones de la región en esos años, se declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, territorio que hoy abarca Argentina, Uruguay, parte de Bolivia y Brasil.

“Hay un término muy específico de la jurisprudencia o de la diplomacia que es uti possidetis juris, que quiere decir que todos los territorios que eran de los antiguos imperios pasan a ser de la nación que se independiza. Malvinas forma parte de eso”, explica Paris. En los siguientes 17 años, desde la independencia hasta la ocupación británica, hubo varias figuras que marcaron el destino de las islas.

David Jewett, coronel de la marina de las Provincias Unidas, que llegó a las islas en 1820 para tomar posesión de ellas. O Luis Vernet, comerciante hamburgués que había emigrado a Sudamérica, y a quien el gobierno de las Provincias Unidas le otorgó una licencia para explotar y asentarse en esas tierras.

Tributos depositados a los soldados británicos caídos en la cima del Monte Tumbledown | EFE/Felipe Trueba

También María Sáenz Pérez de Vernet, esposa de Luis Vernet, quien llevó un diario de la vida cotidiana en las islas. “Luis Vernet es uno de los primeros que trata de establecer un control en las aguas circundantes a las islas Malvinas […], él trata de poner un alto a la caza de focas y lobos marinos que, para ese momento, la flota de Estados Unidos hacía ya por todos lados, especialmente en el Atlántico Sur, porque en el Atlántico Norte ya no quedaban muchas ballenas”, explica Paris. Volveremos al tema de la pesca y los recursos naturales de esa zona más adelante.

Sin embargo, el evento que cambió el curso de los acontecimientos ocurrió en 1833, cuando Gran Bretaña ocupó las islas. El 3 de enero, una corbeta de la Marina Real británica amenazó con el uso de la fuerza y expulsó a las autoridades rioplatenses de las islas. El gobierno británico alegará más tarde que era “tierra de nadie” y que España no tenía un derecho legítimo sobre las islas para transferirlas.

El gobierno argentino emprenderá su reclamo de soberanía sobre ese territorio con el que lleva más de 190 años.

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El principio de la libre determinación de los pueblos malvinenses

“Cuando Néstor tenía 16 años, aprendió el oficio de zapatero con mis tíos, con los hermanos de mi mamá, y hacía compostura de calzado. Era un excelente bailador de folklore y mejor malambeador. Bailaba un malambo precioso”, recuerda su hermana, María Alejandra, a través de la pantalla.

Tuvimos la entrevista a través de Zoom, un martes en la tarde, y la conversación se extendió casi por una hora. Generosa, compartió fechas, detalles y respondió a todas las preguntas, pero el rostro sólo se le iluminó cuando pregunté por Néstor. Inmediatamente, corrió a buscar una fotografía y la colocó frente a la pantalla para que yo la vea. Repasó los momentos compartidos, las idas al cine, las navidades y reyes magos. Tras una pausa, narró la última vez que lo vio.

Cuando Néstor Miguel fue convocado tenía 20 años y se presentó un domingo en el Regimiento 7 de Infantería de La Plata, la capital de la Provincia de Buenos Aires. Desde las islas, fue uno de los soldados que logró enviar cartas a su familia y amigos, donde les contaba que bajaba al pueblo y les decía que se quedaran tranquilos porque donde su regimiento estaba apostado todavía no pasaba nada. La última carta que le llegó a su familia estaba fechada el 8 de junio de 1982 e, incluso, hubo una posterior, 10 de junio, enviada a uno de sus amigos.

Soldados argentinos en la guerra de las Islas Malvinas (1982) | EFE/Imperial War Museum

Por eso, cuando Argentina se rindió el 14 de ese mismo mes, declarando el fin de la guerra, la familia González respiró y fueron a buscarlo a la llegada de los camiones a La Plata. Pero Néstor nunca llegó.

Las semanas y meses siguientes fueron de peregrinar y preguntar, ya que nadie les daba información oficial de dónde estaba. Pasaron por el Hospital Militar de Campo de Mayo, donde se decía que había heridos, y les preguntaron a los compañeros que habían regresado. En un acto desesperado, consultaron con una vidente, quien les aseguró que Néstor Miguel estaba perdido en el sur.

La información oficial llegó 37 años después. Ahora, María Alejandra sabe que su hermano murió por una explosión –posiblemente de un mortero británico– el 12 de junio de 1982. 

La guerra arrasó, entre otras cosas, con los pequeños avances que se habían logrado en las ruedas de negociación entre Argentina y el Reino Unido, iniciadas en 1969. A raíz del final del conflicto armado, la cuestión Malvinas se ha abordado en ámbitos multilaterales y organismos internacionales. Quizá, la cuestión más delicada de la exigencia argentina se encuentre en el principio de derecho internacional sobre libre determinación de los pueblos.

Bajo ese argumento, las autoridades isleñas realizaron en 2013 un plebiscito consultando a los pobladores si querían que el gobierno continuara regido por autoridades británicas: más del 99% dijo que sí. Sin embargo, ese argumento ha sido controvertido por el gobierno argentino –y desechado en al menos dos ocasiones por la Asamblea General de la ONU–, alegando que la población actual fue implantada.

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En primera instancia, porque nunca existió una población originaria malvinense. En segunda, porque tras la ocupación de las islas y expulsión de las autoridades rioplatenses en 1833, la mayoría de los entonces pobladores fueron desplazados. En su lugar, desde 1840, hubo diversas olas de personas que llegaron a las islas para trabajar, principalmente provenientes de Inglaterra y Escocia, lo que mantuvo un flujo bajo pero constante desde territorios británicos. Y es precisamente por este motivo que Argentina asegura que no existe un pueblo sometido al colonialismo al que se le pueda adjudicar el derecho a la libre determinación.

La postura oficial reconoce el respeto al estilo de vida de los isleños, pero afirma que la población de las Malvinas no está ni estuvo sometida al subyugo de una potencia extranjera.

La explotación de los recursos petroleros es ilegal, acusa Argentina

La ONU ha pedido a ambos países que reanuden el diálogo y los ha instado a que se abstengan de tomar decisiones unilaterales sobre el territorio mientras se encuentre en disputa. Por eso, el gobierno argentino ha denunciado en numerosas ocasiones que la explotación de los recursos ictícolas y, más recientemente, petroleros, son ilegales. Recursos que, por cierto, generan millones. Según las cifras oficiales de la propia isla, entre 2013 y 2023 Malvinas aumentó un 10.9% su ingreso, generando, en promedio, 133.85 millones de libras anuales por el sector pesquero.

Las Islas Malvinas han sido disputadas desde hace casi dos siglos por Argentina y Reino Unido. | Xinhua / Archivo


La atención, sin embargo, se encuentra actualmente en la explotación petrolífera. A finales de 2025, las empresas Rockhopper, de Reino Unido, y Navitas, de Israel, anunciaron su intención de extraer 55 mil barriles de petróleo diarios de un yacimiento que se encuentra a 220 kilómetros al norte de Puerto Argentino, en Malvinas, y que fue descubierto en 2010. Las autoridades isleñas –que responden al Reino Unido–, avalaron la inversión de 2 mil 100 millones de dólares para la primera etapa del proyecto y lo aprobaron, estimando el inicio de la extracción para 2028. El gobierno argentino, a través de su cancillería, volvió a protestar.

Actualmente, el diálogo diplomático sobre la cuestión Malvinas no presenta grandes avances. Mientras los comunicados oficiales de la cancillería argentina aseguran que la Nación “ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes”, la página web del gobierno británico insiste en el apoyo irrestricto a la libre determinación de la población isleña y asegura que no habrá diálogo sobre la disputa de soberanía sin el consentimiento de la población.

Al preguntarle al historiador Sebastián Paris sobre un posible desenlace por la vía diplomática, él responde: “Como historiador digo que hay que llegar a un acuerdo, pero hay que ceder de ambas partes. No estoy hablando de que Argentina ceda territorio, sino de tender puentes. Puentes culturales, puentes económicos. De hecho, me parece una situación muy injusta que actualmente la mayoría de las licencias de pesca en el Atlántico Sur las tributan las Islas Malvinas”.

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La misma pregunta realicé a María Alejandra. Actualmente, preside la Unión Federal de Familiares de Caídos en Malvinas y acompaña a veteranos y familias. Puja, también, por el reconocimiento de las mujeres que estuvieron durante la guerra en las islas y todas aquellas víctimas indirectas, redes de apoyo que, como suele suceder, también están compuestas, en su mayoría, por mujeres.

“Por supuesto que el reclamo tiene que ser por la vía diplomática, no queremos una guerra nunca más. Y creo en el acompañamiento de todos los países, que no es menor. Pero, siendo sincera, lo veo muy difícil por el punto estratégico que significa Malvinas; la riqueza de energía, la reserva más grande de agua. En Argentina es la causa nacional por excelencia, nadie cuestiona eso. Y no sé, si Messi dijera ‘juego gratis por el resto de mis días para el Reino Unido’ son capaces de devolverlas, ¿viste?”.


GSC


  • Luciana Wainer
  • Maestra en Periodismo por el CIDE y cotitular del matutino en ADN40. Es autora de 'Fortuito. El otro lado de la criminalización del aborto en México', y se especializa en género y derechos humanos.

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