El humo “verde” en el limbo: panorama legal sobre el uso de la mariguana es poco claro

En ese vacío quedó un país donde consumir cannabis no es delito, pero tampoco es legal.

Sin proveedores con sus respectivos documentos, el abasto de marihuana no está garantizado / Foto: Ariel Ojeda
Teresa Sánchez Vilches
Guadalajara /

A las cuatro con veinte, en algún punto de la ciudad, alguien enciende un cigarro. No es una acción clandestina. Tampoco es del todo libre. Es algo intermedio, como casi todo lo que tiene que ver con la mariguana en México.

El 4/20 es una celebración pero también una forma de hacerse visible. Gente que fuma, gente que mira, autoridades que a veces intervienen y a veces no. Una escena que se repite cada año y que, en el fondo, se mueve en la ambigüedad.

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Hace unos años, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que prohibir el consumo recreativo de cannabis era inconstitucional. Habló de derechos, de autonomía, del libre desarrollo de la personalidad. Parecía el inicio de una nueva etapa. Esa etapa quedó incompleta.

El Congreso no terminó de regular. No estableció las reglas necesarias para que ese derecho pudiera ejercerse con claridad. En ese vacío quedó un país donde consumir cannabis no es delito, pero tampoco es completamente legal. Donde se puede portar, pero no comprar en un mercado regulado. Donde se puede cultivar, pero con permisos que resultan difíciles de obtener.

El derecho existe. Pero no siempre se puede ejercer.

En ciudades como Guadalajara, la cosa se vuelve visible cada año. El 4/20 ocupa espacios públicos y reúne a cientos de personas. Está ahí, a la vista de todos, pero sin un marco claro que lo sostenga.

El camino para un permiso de consumo

Eduardo lo observa desde otro ángulo. Forma parte del Colectivo Cannabis México Asociación Civil, donde acompañan a personas que buscan que el consumo sea legal. “El consumo es legal en parte, pero no está completamente regulado”, dice.

En su experiencia, la mayor dificultad no es entender la ley, sino aplicarla. “El derecho existe, pero aplicarlo en la práctica es muy complicado”, afirma. Esa falta de definición convierte lo legal en algo difícil de alcanzar. “La ley permite consumir, pero no hay reglas claras de cómo hacerlo legalmente”.

Ese vacío se traduce en trámites largos y poco accesibles. Para obtener un permiso, explica, hay que iniciar un proceso ante autoridades sanitarias. Esperar. Insistir. “El trámite puede tardar meses o incluso años”. En ese tiempo, el derecho queda suspendido.

Las personas que llegan al colectivo no buscan información por curiosidad, sino por necesidad. Adultos que quieren consumir sin problemas, usuarios con dudas legales, personas que temen enfrentar consecuencias. “Muchas personas tienen miedo de consumir por posibles problemas legales”, señala.

Ese miedo no siempre es infundado. “Hay casos donde incluso con permiso hay conflictos con autoridades”. La ley permite, pero su aplicación depende muchas veces de quién la interprete. “No es del todo seguro, depende del lugar y de la autoridad”.

La criminalización, entonces, no desaparece. Cambia de forma. “Sí, todavía hay mucha en algunos casos”, dice.

En paralelo, el consumo crece de forma sostenida en México en los años más recientes. No es un fenómeno aislado ni marginal. Cada vez más personas prueban cannabis, mientras la regulación sigue sin definirse por completo.

El mercado tampoco esperó. Desde la autorización del uso medicinal en 2017, proliferan productos derivados del cannabis en un entorno poco claro. Algunos cumplen con normas sanitarias, otros no. Todos conviven en un espacio donde lo legal y lo irregular se mezclan.

Y, al mismo tiempo, el mercado ilegal sigue presente. No solo como herencia del pasado, sino como una opción vigente. “Es más fácil y rápido que el proceso legal”, explica Eduardo. Frente a trámites que pueden tardar años, la inmediatez pesa.

El resultado es una contradicción persistente. El derecho está reconocido, pero ejercerlo sigue siendo incierto.

4/20, posicionamiento por legalización

En ese contexto, el 4/20 adquiere otro sentido. No es solo una fecha simbólica. Es también una forma de posicionamiento. “Es una fecha de protesta y cultura sobre el cannabis para poder legalizarla en México”, dice.

Con el tiempo, agrega, esa presencia ha crecido. “Ahora es algo más visible y con más participación pública”. La discusión salió de lo privado. Está en la calle.

Pero la visibilidad no resuelve el fondo. El retraso en la regulación sigue marcando el ritmo. “Es frustrante porque retrasa derechos”, afirma. Y ese retraso, advierte, tiene efectos concretos. “Beneficia a los que están en el mercado ilegal”.

Hoy, a las cuatro con veinte, la escena volverá a repetirse. En parques, plazas y calles. Personas que consumen, que observan, que participan. Lo harán en un país donde la prohibición ya no es absoluta, pero la regulación sigue sin resolverse.

Antes de cerrar la conversación, Eduardo resume lo que, para él, falta. “Se necesita una ley clara y accesible para todos”.

El 4/20, en México, no marca una conclusión. Señala un punto intermedio. Un lugar donde el derecho existe, pero todavía no termina de hacerse realidad.

SRN


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