Advierten déficit de agua y presión agrícola en el sur de Jalisco

Los efectos del cambio de uso de suelo han impactado en la disponibilidad del recurso

Aunque la región es propicia a la captación de agua, la cuenca de la laguna de Zapotlán presenta problemáticas (Fátima Briceño)
Fátima Briceño
Guadalajara /
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Mientras la crisis del agua mantiene bajo presión al Área Metropolitana de Guadalajara por problemas de abastecimiento y calidad del líquido, a 125 kilómetros de distancia la región sur de Jalisco enfrenta una problemática distinta, pero igualmente preocupante: un déficit creciente en la disponibilidad del recurso, una mayor presión sobre los acuíferos y los efectos del cambio de uso de suelo derivados de la expansión de cultivos de aguacate y berries.

Así lo advirtió J. Guadalupe Michel Parra, presidente de la Comisión de Cuenca de la Laguna de Zapotlán y director del Centro de Investigación del Agua de Zapotlán y Cuenca, quien aseguró que la problemática ya no puede entenderse como un fenómeno exclusivo del Área Metropolitana de Guadalajara, sino como una crisis que alcanza a toda la cuenca Lerma-Santiago.

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¿Qué pasa con el agua en el sur de Jalisco?

“La crisis del agua es un problema global, pero en ciertas regiones se ha pronunciado más por el tipo de actividades que estamos haciendo, porque el agua dulce disponible cada día es más limitada”, explicó.

Aunque la región sur cuenta con condiciones naturales privilegiadas para la captación de agua, el especialista advirtió que las actividades humanas han alterado el equilibrio de la cuenca y comprometido la disponibilidad futura del recurso.

Uno de los datos que más preocupa es el déficit anual que presenta la cuenca. De acuerdo con Michel Parra, cada año existe un faltante de 33 millones de metros cúbicos de agua, una cantidad superior al volumen que actualmente almacena la propia Laguna de Zapotlán, estimado en 27 millones de metros cúbicos. “La cuenca tiene un déficit por año de 33 millones de metros cúbicos. Prácticamente es más agua de la que tiene el lago”, advirtió.

El investigador explicó que este desequilibrio responde, en gran medida, al crecimiento de la agroindustria en la región. Actualmente, más de 23 mil hectáreas están destinadas a la producción de aguacate y berries, cultivos que demandan grandes volúmenes de agua durante todo el año y que, junto con la deforestación y el cambio de uso de suelo, han reducido la capacidad natural de infiltración y recarga de los mantos acuíferos.

“La situación del agua siempre se ha vuelto crítica y principalmente hoy que la región sur ha crecido considerablemente en la agroindustria, que demanda una cantidad significativa de agua”, señaló.

A ello se suma el impacto del cambio climático. Michel Parra recordó que durante el año pasado la región no alcanzó siquiera los 500 milímetros de precipitación, y este año las condiciones meteorológicas apuntan a un comportamiento similar, lo que agrava aún más el panorama para el abastecimiento futuro. Costos e infraestructura La disminución en la disponibilidad del recurso ya tiene efectos visibles sobre la infraestructura de abastecimiento. El especialista explicó que hace algunos años Ciudad Guzmán contaba con 26 pozos para suministrar agua a la población; actualmente únicamente 20 permanecen en operación, mientras que los nuevos pozos deben perforarse a profundidades de hasta 300 metros para encontrar agua suficiente.

Esta situación incrementa significativamente los costos de extracción, el consumo de energía y la complejidad para garantizar un suministro constante y de calidad. “No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos”, lamentó.

Advirtió además que la calidad del agua no depende únicamente de las plantas potabilizadoras o de los procesos de tratamiento, sino de conservar los ecosistemas que permiten la captación y recarga del recurso: “La calidad del agua también depende de mantener sanas las cuencas y permitir que los mantos acuíferos se recarguen de manera natural”.

Explicó que la cuenca funciona como un sistema integral en el que cualquier alteración en las zonas altas repercute en las partes medias y bajas: “Vivimos en una región privilegiada por las condiciones naturales que tenemos , pero el cambio climático nos está dando una segunda llamada de atención. Nuestras prácticas no están bien hechas y estamos impactando significativamente las condiciones de la cuenca alta, media y baja”.

El especialista consideró que el crecimiento agrícola debe ir acompañado de estrategias de conservación ambiental, de lo contrario continuará aumentando la presión sobre un recurso que ya presenta signos de sobreexplotación.

Para Michel Parra, la solución a la crisis hídrica no pasa únicamente por construir nueva infraestructura, sino por fortalecer las políticas públicas de conservación, colocar perfiles técnicos especializados al frente de los organismos operadores y fomentar una cultura de cuidado del agua entre la población. Advirtió que actuar únicamente cuando la escasez ya es evidente resulta mucho más costoso que invertir en prevención y protección de las cuencas.

La situación de la cuenca de Zapotlán evidencia que la crisis del agua en Jalisco va más allá de los problemas de distribución registrados en el Área Metropolitana de Guadalajara. La disminución de las lluvias, el crecimiento de la agroindustria, la sobreexplotación de los acuíferos y el deterioro ambiental colocan a la región sur frente a un desafío que, de no atenderse con una visión integral, podría comprometer la disponibilidad del recurso para las próximas generaciones.


SRN



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