Torres de vigilancia en Sultepec, la primera línea contra incendios forestales

En la Sierra de Sultepec, los torreros de Probosque vigilan desde torres de más de 15 metros para detectar incendios forestales y proteger miles de hectáreas de bosque

La torre de observación Sultepequito se ubica a casi 2 mil metros sobre el nivel del mar en la Sierra de Sultepec.
Mario Benítez
Sultepec. /

El trabajo de Eduardo Sánchez consiste en vigilar los bosques de la sierra de Sultepec y sus alrededores, ante la amenaza constante de los incendios forestales. De su mirada aguda y precisa dependen cerca de 7 mil hectáreas que son susceptibles de ser afectadas por el fuego en cada temporada de estiaje. 

Desde su enorme torre de observación da aviso de cualquier señal de humo que divise en el horizonte, por lo que su conocimiento sobre la geografía de la zona debe ser muy exacto.

Ubicada en lo alto del Cerro Torcido, en la comunidad de Troja Vieja, en el municipio de Sultepec, la torre de control Sultepequito, ubicada a más de 15 metros sobre la cumbre y casi a 2 mil metros sobre el nivel del mar, mantiene comunicación constante con la red de vigías forestales de la región sur del Estado de México, todas operadas por la Protectora de Bosques (Probosque), organismo público encargado de desarrollar y cuidar los recursos forestales de la entidad.

La labor de observación que Eduardo y su compañero Federico Sánchez hacen sobre la sierra de la Sultepec sirve para dar aviso de cualquier presencia de humo en la zona, lo cual es fundamental para que las brigadas que enfrentan los incendios forestales sepan hacia dónde dirigirse y activar un plan de operación y logística para poder enfrentar cualquier conflagración. La defensa de los bosques está siempre acompañada con las brigadas de los pueblos cercanos, integradas por habitantes de los pueblos y coordinadas por los presidentes de bienes comunales. 

“Hacemos equipo con los delegados y con la gente de la comunidad; ellos saben cómo llegar a cada sitio donde hay un incendio”. Desde las torres se coordina a las primeras líneas de defensa de los bosques.
Los torreros de Probosque vigilan día y noche la Sierra de Sultepec para detectar incendios forestales a tiempo.

En el año 2024 un incendio puso a prueba a todos los involucrados en la defensa de los bosques, un siniestro originado en la comunidad de Trojes obligó a las brigadas de Probosque y a las de las comunidades a luchar durante varios días codo a codo para apagar el fuego, “tuvieron que venir brigadas de Toluca y de otros municipios… y hasta un helicóptero” recuerda Eduardo.

Los incendios en zonas boscosas pueden producirse por varios factores, desde la caída de un rayo hasta fuegos provocados por quemas agrícolas o directamente sobre la superficie forestal, “la gente tiene la costumbre de quemar su tierra”, asegura Eduardo, quien debe tener la capacidad para identificar la fuente de cualquier humo que detecte en su zona de vigilancia, ya que el precio de un error de apreciación puede implicar el traslado innecesario de una brigada.

Pablo Reyes Estanislao es presidente de bienes comunales de Sultepequito, sobre sus hombros carga la responsabilidad de salvaguardar 7 mil hectáreas de bosques y cultivos, mantiene contacto directo con los vigías de la torre del Cerro Torcido, por lo que siempre trae consigo un radio en el que recibe informes a través de claves que le indican que todo está tranquilo o si ya hay algún incendio en proceso.

 “A nosotros nos capacita Probosque, tenemos una brigada de voluntarios, hacemos asambleas informativas con los núcleos agrarios, entre los meses de diciembre y febrero nos dedicamos a hacer brechas cortafuego además de que estamos dentro del programa de pago por servicios ambientales, el cual consiste básicamente en que el gobierno nos otorga recursos a cambio de que las comunidades conserven sus bosques”.
La vigilancia forestal en Sultepec permite activar brigadas y operativos contra incendios en cuestión de minutos.

Los torreros, como se les conoce a los vigilantes, deben subir una cuesta empinada para llegar a una estructura de metal de más de 15 metros de alto, después de pasar por una escalera vertical entran a un cuarto de metal con ventanas hacia los 4 puntos cardinales y con un pequeño cuarto desde el cual observan y reportan cualquier anomalía.

No importan aquí las condiciones del clima, desde el calor de la primavera hasta el frío del invierno, sin olvidar la época de lluvias en las que son rodeados por tormentas eléctricas que ponen a prueba su capacidad para trabajar en circunstancias extremas, en turnos de 24 horas. Aquí no existe Navidad o celebraciones por Año Nuevo, el estado de alerta es permanente.

El protocolo de actuación está basado en el intercambio de información con las demás torres de vigilancia, la base Violín ubicada en Tejupilco tiene el mando en la coordinación de cualquier acción, de ahí mantienen comunicación con las otras torres ubicadas en la Sierra de Nanchititla y otra en la Sierra de la Goleta, entre los municipios de Amatepec y Tlatlaya. Al detectar cualquier eventualidad por fuego se da aviso a las 4 brigadas que operan en la zona y a los presidentes de bienes comunales de cada lugar para que inicien el acercamiento al bosque siniestrado.

Combatir un incendio forestal es una actividad de alto riesgo. El fuego es alimentado por el viento y puede propagarse en varias zonas en pocos minutos, poniendo en riesgo la vida de los integrantes de las brigadas, por lo que siempre se debe tener el equipo básico: botas, ropa de algodón, casco, lámparas, guantes, azadones, rastrillos entre otras herramientas con las que se enfrentan no solo al fuego, sino a la radiación por calor que se general al quemarse el bosque.

Un fumador que avienta una colilla de cigarro encendida, un talador clandestino, un campesino que no controla una quema de pastizal o alguna persona que arroja basura al bosque, pueden ser el origen de un incendio de proporciones mayores, que incluyan al temido incendio de copa, el cual se presenta cuando las partes altas de los árboles se queman, pasando el fuego de una planta a otra de manera incontrolable.

El trabajo de vigilancia forestal tiene sus recompensas, estar en contacto constante con la naturaleza, apreciar los amaneceres y los atardeceres en la sierra, ver fauna como el puma, tejones, ardillas, águilas y venados, además de ser testigos de las etapas de floración de muchas plantas que crecen en la zona como orquídeas y bromelias.

Pablo Reyes, junto con la gente de Sultepequito, tiene planeado sembrar este año 40 mil árboles en la sierra de Sultepec, sabe que el reto es grande, que no sólo se trata de cavar y meter árboles pequeños en las cepas, se tiene que garantizar el cuidado de esos pequeños seres vivos ante la amenaza del pastoreo y sobre todo del fuego.

Sin la ayuda de los torreros de Probosque, esta tarea sería casi imposible. Mientras tanto, la torre Sultepequito reporta todo en clave 2109: “todo despejado”.

La torre de observación Sultepequito se ubica a casi 2 mil metros sobre el nivel del mar en la Sierra de Sultepec.


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