¿Qué convierte a una persona aparentemente normal en alguien capaz de cometer actos extremos? La ciencia no tiene una respuesta única, pero distintas investigaciones apuntan a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales.
Algunos estudios han encontrado que los factores genéticos pueden influir en la conducta agresiva. Sin embargo, los genes no determinan por sí solos que una persona vaya a ejercer violencia.
También influyen las experiencias durante la infancia. La exposición a violencia, amenazas o ambientes adversos está asociada con problemas de comportamiento y una mayor agresividad, aunque haber vivido una infancia violenta tampoco convierte automáticamente a alguien en una persona violenta.
Otro elemento es el entorno. El experimento de la prisión de Stanford, realizado en 1971, se convirtió en un referente para estudiar cómo los roles, el poder y la presión del grupo pueden modificar la conducta. Sin embargo, sus conclusiones han sido cuestionadas por problemas metodológicos y por la influencia de los investigadores sobre los participantes.
La salud mental también requiere una distinción. El caso de Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos en Massachusetts en 2023, abrió un debate judicial sobre su responsabilidad penal y una posible psicosis posparto. El caso muestra por qué una enfermedad mental no puede equipararse automáticamente con maldad.
Las redes sociales agregan otro factor: la exposición y participación constante en agresiones, insultos o humillaciones puede convertir la violencia verbal en una conducta reforzada por reconocimiento social, como likes o seguidores.
Incluso el sueño, el estrés, la alimentación y algunas sustancias pueden influir en la regulación de los impulsos, aunque ninguno de estos elementos determina por sí mismo una conducta violenta.
La conclusión es menos sencilla que hablar de personas “malas”: la violencia puede surgir de la interacción entre predisposiciones, experiencias y contexto. Comprender esos factores no elimina la responsabilidad de quien ejerce violencia, pero puede ayudar a identificar riesgos y prevenirlos.