Tocando rock afuera del oxxo, vendiendo postres o en tandas: El peso de la colegiatura para universitarios en Tamaulipas

Ni el aumento al salario mínimo alcanza para cubrir el regreso a clases, lo que obliga a las familias a pedir préstamos y a los jóvenes a trabajar en semáforos o vender en las aulas.

Estudiantes convierten su talento en una oportunidad. | Foto: Erik Saldaña
Tampico /
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En la tarde, cuándo el sol aún quema por los casi 32 grados de temperatura en el sur de Tamaulipas, afuera de un oxxo se escucha ruido. Es música que a los transéuntes y automovilistas que se paren en el semáforo los obliga a voltear y preguntarse qué es lo que se escucha.

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Son tres músicos. Un trío de jóvenes haciendo rock, ese que pensamos que el reggaeton sepultó, pero que estos universitarios están dando cátedra de que el rock urbano sigue vivo. No son sus rolas, son covers de los 80s y 90s, seguramente influenciados por algún familiar. Ellos no abren la puerta del oxxo para que el cliente entre. Ellos dan la bienvenida con una melodía que te hace mover el pie o la cabeza con el ritmo. Tienen una cartulina que no es de protesta. Es un mensaje de auxilio. Quieren continuar estudiando la universidad pero los costos son elevados, su familia ya no puede con el gasto. “¿Nos apoyas para nuestra inscripción TEC y UAT?”.

Ellos son amigos. Estudiantes del Tecnológico de Ciudad Madero y de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) campus Tampico, unidos por la música y por las ganas de continuar estudiando. Así como ellos ‘haciendo su luchita’ hay muchos más. Algunos salen a los semáforos a hacer acrobacias aprendidas en ‘animación y gimnasia’. Otros se suben a cantar a los autobuses, incluso a vender dulces. Porque fui testigo de uno que a las 11 pm, aun seguía en la avenida Hidalgo desesperado, mencionó: no tengo dinero y quiero pagar mi escuela.

Quienes no tienen talento en la música corren a restaurantes, bufetes jurídicos, consultorios, incluso hasta de meseros en bares y antros. La meta es la misma: pagar la inscripción.


“Mi nombre es Ernesto Calderón tengo 19 años. Estoy en la facultad de música de la UAT, somos de escasos recursos y pues es complicado encontrar trabajo, al no tener experiencia laboral, no nos contratan ¿y cómo le haces? Nos gusta hacer música y tocar, se nos ocurrió venir al oxxo y nos dieron chance. Comenzamos a venir desde que iniciaron las vacaciones”, relata Ernesto sobre su día a día. Al preguntarle qué harán con estos donativos, señala sin dudar que será para pagar la inscripción de cada quien, “más que nada”.

Por su parte Ricardo, estudiante del Tec de Madero, explica el incremento directo que sufrieron en su plantel: “Pues las colegiaturas aumentaron otra vez en el Tec de Madero. Primero lo habían aumentado creo que 200 o 300 pesos, pero ya cuando se quejaron los alumnos de que levantaron la voz, nada más bajaron 100 pesos”.

Estudiantes tocan afuera del Oxxo para pagar su universidad. | Foto: Erik Saldaña

Ricardo gasta cerca de 400 pesos a la semana solo en transporte público. “Por tocar aquí afuera del Oxxo algunas veces nos han dicho huevones o que busquemos trabajo, pero últimamente es difícil encontrar. Hoy estoy aquí tocando música, mañana que sea ingeniero recordaré estos momentos. Sí, completamente lo voy a recordar y eso se lo voy a contar a mis hijos”.

Ahí también estaba Alejandro, estudiante del Tec e integrante de la agrupación “Under”: “Hasta eso, la gente del Oxxo es muy buena y chida, nos dejó conectarnos a la luz y poder tocar sin ningún problema. Hay veces que sí, luego nos regañan por el ruido, pero ¿qué podemos hacer? O sea, tenemos que sacar para estudiar”, puntualizó.

La realidad financiera: colegiaturas, rentas y transporte

Antes de iniciar con discursos sobre la economía familiar, hay que entender una realidad: el costo de la educación superior ha subido de forma generalizada. No solo en escuelas particulares, sino también en universidades autónomas y tecnológicas. Ni el aumento al salario mínimo que tanto se pregona logra amortiguar el golpe para los padres de familia, quienes deben recurrir a chambitas extras como venta de comida, ventas por catálogo o incluso a préstamos e hipotecas con altos intereses a pagar en plazos de hasta 24 meses.

A esto se suma que muchas familias no enfrentan el gasto de un solo estudiante, sino el regreso a clases simultáneo de un hijo a la universidad y otro a preparatoria o secundaria.

Entrar a una universidad pública en Tampico o Madero parece accesible cuando se observa únicamente la cuota de reinscripción. Sin embargo, los gastos operativos del semestre transforman la cifra.

En el Tecnológico de Ciudad Madero, para el semestre enero-junio de 2026, la reinscripción de licenciatura se fijó en 3 mil 850 pesos, mientras que un alumno de nuevo ingreso debe desembolsar 3 mil 900 pesos más 1,250 pesos del examen de admisión, sumando 5 mil 150 pesos antes de pisar el aula. Aunque la reinscripción se mantuvo congelada respecto al periodo agosto-diciembre de 2025, el costo sigue siendo pesado para el bolsillo familiar.

En la UAT, aunque no hay una tarifa única, estimaciones de portales especializados sitúan el pago semestral entre los 2 mil 500 y los 5 mil pesos (de 5 mil a 10 mil pesos al año), dependiendo de la facultad. A eso hay que sumar laboratorios, material didáctico y equipo en carreras técnicas. Aunque existen becas institucionales por promedio o vulnerabilidad económica, no todos alcanzan la cobertura.

Tocar rock y vender postres: así pagan su universidad jóvenes de Tampico. | Foto: Erik Saldaña

Por otro lado, la educación privada resulta lisa y llanamente inalcanzable para la mayoría. En instituciones como la Universidad del Valle de México (UVM) campus Tampico, el portal Mextudia calcula colegiaturas cercanas a los 6 mil pesos mensuales mas una inscripción de entre 5 mil y 6 mil pesos, lo que lleva el costo anual a rondar los 82 mil pesos, pudiendo llegar a los 120 mil pesos en carreras con uso intensivo de laboratorios o clínicas.

"Es como si fuera un mini mercadito la escuela": la voz de las estudiantes

El reto financiero no es exclusivo de los hombres. Alicia Padilla, estudiante de la licenciatura en Comunicación en la UAT campus Tampico, explica a detalle lo que implica mantenerse dentro del sistema educativo.


“Cuando recién entré en el 2021 pagaba 3 mil 600 me parece. La última vez pagué 4 mil 600 y de hecho dicen que este semestre ya está rebasando los 5 mil pesos la inscripción”, comenta Alicia.

El cobro en la UAT se realiza en una sola exhibición. Si el alumno no puede cubrirlo de golpe, la universidad otorga una prórroga de aproximadamente 15 días. Es en esa ventana de tiempo donde los estudiantes activan todo tipo de estrategias.


“Lo que normalmente hacemos mis amigos y yo es trabajar en las vacaciones para juntar dinero y pagar la mera semana de inscripción. Cuando no completamos pedimos prórrogas. Vendemos postres en la escuela o damos servicios; hay gente que se dedica a la venta de productos. De ahí cada quien junta. A veces seguimos trabajando y estudiando al mismo tiempo porque te piden útiles, copias, el glosario o materiales. Tienes que seguir trabajando”.

El cálculo de vida diaria en Tampico no perdona. Un estudiante que utiliza el transporte público gasta 11 pesos por viaje con credencial. Para un trayecto de ida y vuelta diario (22 pesos), el desembolso es de 440 pesos al mes. Alicia calcula que en puro pasaje se pueden ir más de 5 mil pesos al año. Y si a eso se le suma la comida dentro del campus —donde una migada ronda los 70 pesos y unos burritos económicos valen 25—, el gasto mensual se vuelve imponente.


“La mayoría de las personas que conozco en la universidad trabajamos y estudiamos al mismo tiempo. En un principio te ayudan tus papás pero conforme pasa el tiempo ya eres mayor de edad y no puedes dejarles esa carga. Tengo amigos que son DJs y trabajan toda la madrugada y en la mañana vienen a estudiar. Otros venden café, pines, ropa de tianguis... realmente la escuela es como si fuera un mini mercadito, vas a encontrar que la mayoría vende de todo”.

Estudiantes del Tec de Madero y UAT enfrentan el reto de pagar sus estudios. | Foto: Erik Saldaña

La situación empeora para los alumnos foráneos

Alicia recuerda su experiencia rentando un pequeño cuarto a dos cuadras de la UAT:


“Pagaba 4 mil 500 de renta. Tenía una roomie y dormíamos en la misma cama. Cuando se juntaba el pago del semestre con los exámenes y los servicios de luz, agua e internet, era difícil. Había días en que no vendía mis postres y no alcanzaba. Tengo un amigo de El Mante que vivía solo y para sostenerse vendía café en la universidad. Su vida era muy cara porque almorzaba, comía y cenaba en el campus mientras esperaba sus clases de inglés y sus prácticas”.

A pesar del desgaste, Alicia reflexiona sobre el costo-beneficio de cursar la educación superior:


“Aportar tu esfuerzo, dinero y tiempo a una educación yo creo que vale la pena, siempre y cuando aprendas e hiciste conectes para salir y trabajar. Pero del lado económico sí se me hace caro. Me hubiera gustado que hubiera más oportunidades de becas y no solo para el que tiene 10 perfecto, porque hay quien falta o baja calificaciones porque tiene que trabajar para mantener sus estudios. Falta empatía de algunos profesores”.

¿Cuánto cuesta estudiar la universidad en Tampico?

Entrar a una universidad pública en Tampico o Ciudad Madero puede parecer accesible cuando solo se revisa el precio de la inscripción. Sin embargo, al sumar pasajes, comida, copias, materiales y, en algunos casos, renta, sostener los estudios puede costar entre 20 mil y 50 mil pesos por semestre.

Para un alumno que vive con su familia, el gasto promedio ronda entre 3 mil 200 y 5 mil 400 pesos mensuales si se traslada en automóvil. En cinco meses de clases, la cantidad puede llegar a entre 16 mil y 27 mil pesos, sin contar la inscripción.

El panorama se complica para los jóvenes que llegan de otros municipios o estados. Un estudiante foráneo necesita entre 7 mil 400 y 8 mil 900 pesos mensuales para pagar una habitación, comer, transportarse y comprar los artículos básicos que le solicitan en la escuela.

Al terminar el semestre, el gasto puede ubicarse entre 37 mil y 44 mil 500 pesos. Si se agrega el pago de inscripción, la cantidad se acerca o incluso supera los 50 mil pesos.

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Rentas y comida se llevan la mayor parte

Las rentas representan el golpe más fuerte para los universitarios foráneos. En anuncios de habitaciones cercanas a Avenida Universidad se encontraron precios de entre 2 mil 800 y 3 mil 900 pesos mensuales.

Los departamentos completos comienzan aproximadamente en 5 mil 500 pesos y pueden superar los 10 mil, por lo que varios estudiantes optan por compartir casa con compañeros para dividir los gastos.

En alimentos, un joven puede gastar entre 3 mil y 3 mil 800 pesos mensuales si prepara parte de sus comidas y limita las compras fuera de casa. El presupuesto aumenta cuando pasa todo el día en la escuela y necesita desayunar o comer cerca del plantel.

A esto se agregan entre 500 y 900 pesos al mes para copias, impresiones, libretas, libros, memorias, trabajos y otros materiales. El costo puede subir de forma considerable en Arquitectura, Diseño, Medicina, Odontología e ingenierías.

Los pasajes y la gasolina

La tarifa preferencial del transporte público para estudiantes en Tamaulipas es de 9 pesos por viaje en microbús. En carros de ruta (taxi colectivo) la situación es otra que va desde los 11 hasta los 25 pesos dependiendo el trayecto.

Un alumno que toma dos transportes diarios durante 22 días de clases gasta alrededor de 396 pesos al mes. Si necesita utilizar cuatro unidades por día debido a los transbordos, el pago sube a casi 800 pesos.

Para quienes se mueven en automóvil, el costo también es considerable. El litro de gasolina Magna se vende en Tampico alrededor de los 23 pesos con 72 centavos, de acuerdo con plataformas que monitorean los precios de las estaciones.

Un recorrido diario de entre 20 y 30 kilómetros puede representar un gasto de 900 a mil 500 pesos mensuales en gasolina. La cifra no considera estacionamiento, reparaciones, mantenimiento, seguro ni desgaste del vehículo.

Así, aunque la inscripción de una universidad pública puede mantenerse por debajo de los 5 mil pesos, el costo real de estudiar es mucho mayor.

Para una familia del sur de Tamaulipas, sostener a un universitario puede representar alrededor de 35 mil pesos por semestre. Si el joven es foráneo y necesita pagar renta, la cantidad puede llegar a 50 mil pesos, aun cuando estudie en una institución pública.

La deserción como última salida

Sumando renta, transporte, alimentos e inscripciones, un estudiante foráneo en Tampico necesita entre 7 mil 400 y 8 mil 900 pesos mensuales para sostenerse. Al semestre, la suma de todos los rubros alcanza entre 37 mil y 50 mil pesos en una universidad pública.

Cuando la cifra se vuelve insostenible, la única opción es dejar las aulas. De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), siete de cada 100 estudiantes abandonaron la educación superior en Tamaulipas durante el ciclo 2023-2024, registrando una tasa de deserción del 7.1 por ciento.

Asimismo, la última Encuesta Nacional del Inegi identificó que la falta de recursos económicos se mantiene como el principal motivo para truncar la carrera profesional. Mientras tanto, en los cruceros y banquetas de Tampico y Madero, los universitarios continuarán tocando la guitarra, vendiendo postres o haciendo malabares para evitar convertirse en una cifra más de la deserción.

JETL

  • Erik Saldaña
  • Editor digital en MILENIO. Reportero de espectáculos y cultura en Tamaulipas. Apasionado de contar historias que conectan: si no aporta valor, no es contenido.

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