"Fue un día que no se me va a olvidar jamás". La frase resume las horas de angustia que vivió Elian Ortiz Ripley, una venezolana radicada desde hace dos décadas en Altamira, Tamaulipas, luego de enterarse del terremoto que sacudió a Venezuela mientras la mayor parte de su familia permanecía en Caracas.
Aquella mañana del 24 de junio transcurría con normalidad. Elian participaba en una videollamada con dos compañeras para preparar una clase sobre el uso de aceites esenciales en mascotas, cuando una de ellas se conectó con retraso y lanzó una frase que cambió por completo el ambiente.
"Dame chance porque parece que tembló en Venezuela y fue fuerte", le dijo.
La noticia despertó de inmediato la preocupación de Elian. Sus padres viven en un sexto piso y gran parte de su familia permanece en Caracas, por lo que comenzó a buscar información en redes sociales y a enviar mensajes al grupo familiar.
"Mi primera reacción fue escribirles: '¿Están bien?'. Empecé a buscar en X lo que estaba pasando y comenzaron a aparecer muchas publicaciones. Ahí fue cuando me empecé a angustiar muchísimo porque mi familia no me respondía", recordó.
Minutos de incertidumbre
La falta de respuesta hizo crecer el miedo.
"Mis papás no me respondían, mi hermana tampoco. Yo decía: 'No puede ser, Dios mío, ¿qué está pasando?'", contó.
Minutos después recibió una nota de voz de su hermana, quien llorando le confirmó la magnitud del movimiento.
"Eso había sido horrible. Afortunadamente lograron bajar del departamento. Era día festivo en Venezuela y toda la familia estaba reunida en casa".
La reunión de trabajo quedó suspendida. La preocupación era compartida, pues sus compañeras también tenían familiares en Venezuela.
Poco después, el esposo de una de ellas confirmó que las autoridades ya hablaban de un terremoto.
"Cuando escuché esa palabra no lo podía creer. Pensé que había sido un temblor fuerte, pero un terremoto ya eran palabras mayores".
”Ahí sí colapsé”
La situación empeoró cuando su hermana le informó que tampoco lograba localizar a sus padres.
"Ahí sí colapsé. Empecé a temblar literalmente; sentía una desesperación horrible. Pensé lo peor".
Durante alrededor de 20 minutos —que para ella parecieron horas— no tuvo noticias de ellos.
Finalmente recibió una nota de voz de su padre.
"Me dijo que estaban bien, que el susto había sido horrible, que se rompieron algunos vidrios y se cayeron cosas dentro de la casa, pero que todos estaban en la calle con los vecinos".
Más tarde supo que uno de sus hermanos también estaba a salvo y que incluso ayudó a una adulta mayor que resultó lesionada durante la evacuación del edificio.
Dos horas de angustia desde la distancia
En total fueron más de dos horas sin conocer la situación de su familia.
"Yo acá en Altamira sola, volviéndome loca. Mis amigas también estaban angustiadas porque tienen familia allá y nos quedamos conectadas solamente acompañándonos y viendo noticias. Uno se siente muy impotente estando tan lejos y no poder hacer otra cosa que esperar y rezar".
Esa noche, confesó, no pudo dormir.
"Fue un día que no se me va a olvidar jamás porque sentí que se me venía el mundo encima".
En los días posteriores comenzó a comunicarse con familiares y amigos para confirmar que se encontraban con vida.
"Han sido días muy duros. Uno empieza a pasar lista, a escribirle a todos. Cuando por fin sabes que están vivos lo agradeces muchísimo, pero igual te preocupa cómo quedaron y cómo van a salir adelante".
Su hermana sigue sin poder regresar a casa
Aunque su familia logró sobrevivir, las consecuencias del terremoto continúan.
Su hermana permanece fuera de su vivienda porque las autoridades aún no autorizan el regreso de los habitantes del edificio.
"Me mandó una foto de un edificio de su cuadra completamente colapsado. Imagínate ver eso. Hasta la fecha no ha podido regresar porque Protección Civil todavía no determina si el edificio es habitable".
La situación también ha afectado emocionalmente a sus sobrinos.
"Me preocupa mucho la parte psicológica de ellos. Mi ahijado incluso cumplió años en medio de toda esta situación".
La impotencia de estar lejos
Desde Altamira, Elian intenta continuar con su rutina, aunque reconoce que le resulta difícil concentrarse.
"Sigo trabajando y haciendo muchas actividades, pero no logro estar al cien. Incluso cuando intento disfrutar algo me siento culpable. Uno quisiera estar allá abrazando a la gente, ayudando, rescatando, haciendo cualquier cosa".
Pese al dolor, mantiene la esperanza de que su país logre salir adelante.
"Los venezolanos nos caracterizamos por tener mucha fe y mucha fuerza para salir adelante desde cualquier rincón del mundo".
Comunidad venezolana organiza ayuda
Ante la emergencia, la comunidad venezolana asentada en el sur de Tamaulipas organizó una colecta de víveres para apoyar a las familias afectadas por el terremoto.
La iniciativa fue impulsada con el respaldo de una universidad particular vinculada a programas de la Organización de las Naciones Unidas y abrió centros de acopio para recibir alimentos, productos de higiene y artículos de primera necesidad.
El llamado no sólo fue dirigido a estudiantes y docentes, sino también a la población en general.
La respuesta fue favorable. Ciudadanos mexicanos y diversas instituciones educativas, entre ellas escuelas primarias, se sumaron a la campaña solidaria con la intención de enviar ayuda y mensajes de esperanza a las comunidades afectadas en Venezuela.
JETL