Si tu almohada dejó de ser blanca y ahora tiene manchas amarillas, no significa necesariamente que debas tirarla. Aunque el sudor suele llevarse toda la culpa, especialistas en limpieza explican que ese color aparece por la acumulación de distintos residuos que se impregnan en la tela con el paso del tiempo.
La Organización de Consumidores y Usuarios, OCU, señala que las almohadas absorben sudor, grasa corporal, saliva, restos de productos para el cabello y humedad. Con el uso, estos residuos se oxidan y provocan el característico tono amarillento.
La buena noticia es que, si el relleno aún conserva su forma y no presenta malos olores persistentes, es posible recuperar gran parte de su apariencia con una limpieza adecuada.
No todas las almohadas se lavan igual
Antes de intentar eliminar las manchas, revisa la etiqueta del fabricante.
Las almohadas de fibra sintética generalmente pueden lavarse en la lavadora, mientras que las de espuma viscoelástica (memory foam) o de látex suelen requerir una limpieza superficial, ya que sumergirlas en agua puede deformarlas.
Este paso es importante, porque utilizar un método inadecuado puede dañar la almohada antes que las propias manchas.
Cómo quitar las manchas amarillas
Entre las recomendaciones que más se repiten en las guías de limpieza consultadas está aplicar una mezcla de:
- bicarbonato de sodio;
- agua oxigenada (peróxido de hidrógeno);
- una pequeña cantidad de detergente líquido.
La mezcla se coloca directamente sobre las manchas y se deja actuar unos minutos antes del lavado.
Después, basta con utilizar un ciclo delicado y detergente líquido. También se recomienda secar completamente la almohada antes de volver a usarla para evitar humedad, malos olores o la aparición de moho.
El error que muchos cometen
Aunque el cloro parece la solución más rápida, especialistas en limpieza advierten que puede deteriorar algunas fibras y favorecer que el amarillamiento vuelva a aparecer, dependiendo del material.
Para mantener las almohadas en mejores condiciones, los expertos aconsejan lavarlas cada tres o seis meses, siempre que el fabricante lo permita, cambiar la funda con frecuencia y utilizar un protector, ya que ayuda a reducir la acumulación de sudor y grasa corporal.
Si después de lavarla conserva mal olor, perdió su forma o las manchas prácticamente no desaparecen, probablemente sea momento de reemplazarla.
JCM