Tener la habitación desordenada puede parecer un detalle sin importancia, pero cuando el caos se vuelve parte de la rutina también puede reflejar dificultades para organizar pendientes, mantener ciertos hábitos o hacerse cargo de tareas cotidianas.
Entonces surge una pregunta que quizá muchos se han hecho: ¿Qué dice de tu personalidad tener tu habitación desordenada? En MILENIO te contamos qué dice la psicología.
La psicología ha estudiado la relación entre los espacios personales y la forma en que nos comportamos. Uno de los trabajos más conocidos fue realizado por el psicólogo Samuel Gosling y un equipo de investigadores, quienes analizaron dormitorios y oficinas para determinar qué podían revelar estos lugares sobre sus ocupantes.
Los resultados encontraron que determinadas características de los espacios personales podían relacionarse con rasgos como la responsabilidad y la organización. Sin embargo, esto no significa que una habitación desordenada permita definir automáticamente la personalidad de quien duerme en ella.
¿Qué puede reflejar una habitación desordenada?
Cuando el desorden se mantiene durante mucho tiempo, puede estar relacionado con distintos aspectos de la vida cotidiana:
- Dificultad para mantener una rutina: ordenar puede quedar constantemente al final de la lista de pendientes.
- Tendencia a dejar cosas para después: recoger, guardar objetos o lavar ropa puede convertirse en una tarea que se aplaza.
- Sensación de saturación: cuando existen demasiadas tareas o preocupaciones, mantener el espacio organizado puede perder prioridad.
- Estrés: un entorno que la persona percibe como caótico puede contribuir a una mayor sensación de tensión.
- Hábitos de organización: el espacio personal puede ofrecer algunas pistas sobre determinadas conductas, aunque no basta para definir la personalidad.
¿Qué relación tiene el desorden con dejar las cosas para después?
Uno de los aspectos que más atención ha recibido es precisamente la tendencia a posponer tareas.
Investigaciones con adultos han encontrado asociaciones entre la dificultad para organizar las posesiones, sentirse abrumado por los objetos y dejar determinadas actividades para después. En la vida cotidiana, esto puede terminar en ropa acumulada, objetos fuera de lugar o tareas domésticas que se aplazan hasta convertirse en un problema mayor.
Por eso, el punto no está en tener una habitación impecable, sino en qué hay detrás del desorden y si comienza a interferir con la vida diaria.
Una habitación desordenada también puede reflejar estrés
El desorden tampoco debe analizarse únicamente como un problema de organización. El estado del espacio puede estar relacionado con cómo se siente una persona.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad del Sur de California encontró una relación entre la percepción de un hogar desordenado y determinados indicadores de estrés.
Quienes describían su vivienda como más estresante también presentaban patrones relacionados con el cortisol, una hormona que participa en la respuesta del organismo ante situaciones de estrés.
Esto plantea una posibilidad importante: el desorden no siempre es la causa, también puede ser una consecuencia. El cansancio, la saturación de pendientes o una etapa de mucho estrés pueden hacer que mantener una habitación organizada deje de ser una prioridad.
¿Tener el cuarto desordenado significa que eres irresponsable?
No necesariamente. Dejar ropa sobre una silla durante unos días no permite concluir que alguien carece de disciplina. Una habitación puede estar desordenada porque su ocupante tiene poco tiempo, atraviesa una etapa complicada o simplemente tiene una tolerancia al desorden diferente a la de otras personas.
La situación cambia cuando el desorden es persistente y aparece acompañado de dificultades para cumplir responsabilidades, organizar actividades o completar tareas cotidianas. En ese contexto, puede ser una señal de problemas de organización que van más allá de cómo luce el cuarto.
¿El desorden también puede tener algo positivo?
Aquí aparece un dato que contradice la idea de que el orden siempre es mejor. En 2013, la psicóloga Kathleen Vohs y los investigadores Joseph Redden y Ryan Rahinel, de la Universidad de Minnesota, publicaron en Psychological Science un estudio en el que encontraron que las personas que trabajaban en un ambiente desordenado obtenían mejores resultados en una prueba de creatividad que quienes estaban en un espacio ordenado.
Pero el hallazgo no significa que tener el cuarto hecho un desastre vuelva a una persona más creativa. En 2018, Alberto Manzi, Yana Durmysheva, Shannon K. Pinegar, Andrew Rogers y Justine Ramos publicaron en Frontiers in Psychology un estudio diseñado para comprobar nuevamente esa relación. Los investigadores no encontraron diferencias significativas en creatividad ni en funciones ejecutivas entre quienes trabajaron en un escritorio ordenado y quienes lo hicieron en uno desordenado.
Por eso, la evidencia no permite afirmar que el desorden aumente la creatividad. Lo que sí muestra es que la relación entre el ambiente físico y nuestra forma de pensar es más compleja de lo que parece.
Por eso, una habitación desordenada no es un diagnóstico de personalidad.
Lo que puede resultar revelador es observar si ese desorden es ocasional o se ha convertido en un patrón que afecta otras áreas de la vida. La habitación puede ser un reflejo de nuestros hábitos, pero también de nuestro nivel de estrés, nuestras prioridades y la manera en que enfrentamos las tareas que dejamos pendientes.
JCM