Un temblor, una caída inesperada o cualquier situación que provoque miedo puede hacer que el cuerpo reaccione de inmediato. El corazón se acelera, los músculos se tensan y hasta el estómago puede resentir el momento.
En México, además, existe una peculiar recomendación que ha pasado de generación en generación: comerse un bolillo después de un susto. Pero ¿por qué precisamente pan?
La pregunta cobra especial interés en septiembre, un mes que permanece en la memoria de los mexicanos por los grandes sismos de 1985 y 2017, además de otros movimientos ocurridos en este periodo.
Esa coincidencia ha reforzado la relación entre septiembre y los temblores, pero también puede hacer que muchas personas recuerden una de las frases más populares después de un sobresalto: “cómete un bolillo”.
¿Qué le pasa al cuerpo cuando nos asustamos?
De acuerdo con Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, un “susto” es una reacción repentina ocasionada por el miedo ante algún peligro, como puede ser un sismo.
Cuando esto ocurre, el organismo activa mecanismos relacionados con la respuesta de alerta. Entre los cambios que señala Universum están:
- Se liberan adrenalina y cortisol.
- Se acelera el ritmo cardiaco.
- La respiración se modifica.
- Los músculos se contraen.
- Cambian los niveles de glucosa en la sangre.
- Aumenta la producción de ácidos y jugos gástricos en el estómago.
Es decir, el susto no es solamente una sensación de miedo: también provoca una serie de respuestas físicas mientras el organismo se prepara para enfrentar lo que percibe como una amenaza.
Entonces, ¿por qué comemos bolillo después de un susto?
Aquí entra la tradición mexicana. Según el material de divulgación de Universum, consumir un alimento como el bolillo puede ayudar a generar una sensación de alivio después del sobresalto. La explicación que ofrece el museo relaciona los carbohidratos del pan con el exceso de ácido estomacal producido durante la respuesta de miedo.
Además, masticar puede funcionar como un distractor, lo que ayudaría a mitigar algunos de los efectos asociados con el “susto”.
Esto ayuda a entender por qué la costumbre se volvió tan popular, aunque comer un bolillo no debe entenderse como un tratamiento médico contra el miedo o los efectos de un sismo. Más bien, se trata de una práctica popular a la que con el paso del tiempo se le han asociado explicaciones sobre lo que ocurre en el organismo.
Una costumbre que pasó de generación en generación
La frase “cómete un bolillo” forma parte del imaginario mexicano y suele aparecer justo después de un sobresalto. Su presencia se ha mantenido durante generaciones, al grado de que el pan terminó convertido en una especie de respuesta popular ante el susto.
Así que, cuando alguien en México ofrece un bolillo después de un temblor o de un gran sobresalto, no solamente está siguiendo una vieja costumbre: también está recurriendo a una práctica que Universum relaciona con algunos de los cambios que experimenta el cuerpo ante una situación de miedo.
JCM