Antes de hablar de formas, Alejandro Magallanes habla de ideas, de juego, de preguntas que no buscan resolverse, sino quedarse abiertas. Su trabajo no ilustra: propone. No decora: piensa. A lo largo de los años, ha construido un lenguaje visual que prescinde del exceso para concentrarse en lo esencial, confiando en que una imagen clara puede ser, también, una imagen incómoda.
En esta conversación, Magallanes regresa al origen: la infancia, el dibujo como placer, el error como motor, el texto como detonador visual. Habla del proceso más que del resultado, de la memoria más que de la forma, y de la responsabilidad, silenciosa pero persistente, que implica crear imágenes en un mundo saturado de ellas.
Esta entrevista no busca explicar su obra, sino escuchar cómo se articula: desde la duda, la alegría y la posibilidad constante de que algo sea distinto.
¿Recuerdas el primer momento en el que entendiste que la imagen podía pensar por sí misma, no ilustrar sino proponer una idea?
De niño, dibujaba por gusto, por el placer de hacerlo, sin que nadie me dijera qué tenía que dibujar. Luego mostrárselo a mis padres o a mis hermanos para ver qué reacción tenían. A veces, ni siquiera se las mostraba.
Antes de ser diseñador, ¿qué te obsesionaba de niño?
Me encantaba jugar. Dibujar era un juego y lo sigue siendo.
Tu trabajo suele reducir la forma hasta lo esencial, ¿nace de una búsqueda estética o de una postura ética frente al exceso visual?
Reducir la forma permite lograr imágenes que todo mundo entienda. En esos casos, la idea de lo que se representa es tan importante como la forma, o incluso más.
A lo largo de tu carrera has trabajado entre lo cultural, lo político y lo cotidiano, ¿dónde se activa tu trabajo?
En la mirada de los demás. El proceso es lo que me quedo yo, pero la imagen se completa cuando alguien más la mira. Si se queda en la memoria, aunque sea por poco tiempo, funciona.
¿Cuándo fue la primera vez que sentiste que una imagen tuya incomodó o abrió una grieta?
En la primaria, cuando dibujé caricaturas de mis profesores. Las pasaron por el salón, hubo risas y me expulsaron unos días. Luego supe que terminaron colgadas en la sala de maestros.
¿Qué responsabilidad tiene hoy un creador visual?
Hacer imágenes memorables, qe hagan pensar, reír, imaginar o cuestionar.
Muchos de tus proyectos parten del texto. ¿Lees para diseñar o diseñas para leer mejor el mundo?
Las palabras provocan imágenes, y las imágenes provocan pensamientos que, al describirse con palabras, crean nuevas imágenes.
¿Cómo ha cambiado tu relación con el error, el accidente o la duda?
Son necesarios. Cuando aparece algo que no esperaba, la visión cambia, y eso suele ser lo más interesante.
Si tu trabajo tuviera que dialogar con una sola pregunta hoy, ¿cuál sería?
¿Cómo sería distinto?
Mirando hacia atrás, ¿qué sigue siendo personal y no negociable en tu práctica?
La alegría y el cambio.
hc