Alonso Cueto (Lima, 1954) fue gran amigo del escritor Mario Vargas Llosa (1936-2025), a quien recuerda como un genio, pero sobre todo como hombre con gran sentido del humor.
En entrevista con MILENIO, Cueto presenta un libro de ensayos que explora las obsesiones, dilemas y pasiones que cimentaron la obra del Nobel peruano.
“Lo vi el día de su cumpleaños, dos semanas antes de morir. Hubo una reunión a la que nos invitaron. Mario ha sido una presencia muy fuerte en mi vida y me parece que a veces lo estoy escuchando y me comenta algunas cosas. Tenía un gran sentido del humor, era un gran contador de chistes y el libro es, en parte, un modo de agradecer el placer de sus lecturas durante décadas”, dice el autor de Mario Vargas Llosa. Palabras en el mundo (Alfaguara)
Cueto recuerda una anécdota que muestra esa genialidad que le admira: “Una vez le comenté a Mario de Charles Dickens, quien murió mientras estaba escribiendo su última novela, y me respondió: ‘Qué maravillosa muerte, pasar de la ficción a la nada’”.
También evoca un viaje junto al Nobel. “En Perú hay unos chamanes que echan la coca en los Andes y adivinan el futuro. En un hotel en Ayacucho entró uno, y unos amigos y una señora que estábamos con Mario le preguntamos: ‘¿El señor va a ganar el Premio Nobel?’ El chamán tiró las hojas de coca y dijo: ‘Sí, lo va a ganar’ ¡Y lo ganó!”
Impacto en el continente
El escritor asegura que el propósito central del libro es identificar los ejes que articulan la conducta de sus personajes y cómo estos resuenan en nuestra percepción de la realidad.
“Al igual que muchos de los grandes genios de la literatura y del arte, las obras de Vargas Llosa han cambiado nuestra manera de ver el mundo, nuestra percepción del poder, de las relaciones entre los amos y los subordinados, del papel que juega el rebelde, el transgresor. Lo que me interesa en este libro es encontrar aspectos esenciales en la obra de Vargas Llosa, que son los ejes en torno a los cuales se mueve la conducta de sus personajes y cómo es que podemos reconocernos en nuestras propias vidas en esos personajes y en esa pugna”.
El libro es un homenaje a Vargas Llosa y a su impacto en la literatura y la identidad latinoamericanas. Esta edición incluye una carpeta fotográfica autorizada por la familia del Premio Nobel.
“Para mí las obras de Vargas Llosa alteraron la forma de entender el poder y las jerarquías entre amos y subordinados. En novelas como La ciudad y los perros o La guerra del fin del mundo, los protagonistas viven en una pugna constante por obtener dignidad e identidad. Los cadetes del Leoncio Prado o los rebeldes de Canudos buscan un lugar en un universo dominado por el autoritarismo. El libro explora esa rebelión como un modo de afirmación en sociedades donde la violencia es la norma”.
A la par de Mann y Faulkner
El escritor comenta que el descubrimiento de un padre violento y autoritario marcó la vida del Nobel y su literatura. “Mario trasladó esa confrontación con la autoridad doméstica al plano social y político. El poder en su obra no solo se ejerce en palacios de gobierno, sino también en el ámbito doméstico. En Travesuras de la niña mala, por ejemplo, ella ejerce un dominio absoluto sobre el protagonista. Mi intención fue mostrar que estas líneas maestras definen tanto su vida como sus mundos ficcionales, y pienso que no somos los mismos después de haber leído a Vargas Llosa”.
Para él, es excepcional encontrar un escritor que produzca cinco obras maestras en un solo siglo como Vargas Llosa.
“Me refiero a La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo y La fiesta del Chivo. A esto se suman ensayos literarios fundamentales sobre Flaubert y Gabriel García Márquez, y un libro de memorias como El pez en el agua. Es un conjunto que resiste la comparación con figuras como Thomas Mann o William Faulkner. Su obra demuestra que la literatura puede ser totalizadora”.
Cueto explica que Perú le proporcionó a Mario Vargas Llosa la diversidad necesaria para alimentar su apetito literario.
“Es un país de conflictos, contrastes, razas, elementos que constituyen la materia prima de la gran literatura. Al descubrir el país real en el Colegio Militar, encontró una representación de todas las tensiones sociales posibles. Mario trajo la alta literatura a las calles de Lima y a los escenarios rurales. Para los escritores de mi generación, fue la prueba de que nuestra realidad era narrable con un lenguaje complejo, y sin duda fue una gran inspiración”.
“Creía en una utopía”
Muchos críticos consideran que el compromiso político de Vargas Llosa pudo eclipsar su labor literaria, a lo que Cueto responde: “Él adoptó la premisa de Sartre en la que dice que las palabras son actos, pero a veces las palabras no bastan, hay que ir más allá e influir en la sociedad. Esto es algo que él quiso practicar cuando entró en el mundo de la política, pero finalmente volvió a la literatura a través de las memorias, que fue lo que escribió después de esa derrota electoral. En las palabras encontró siempre un refugio, un hogar, una recompensa, una salida. Él creía en una utopía, en que era posible que el mundo cambiara; creía que la literatura tenía un papel en ese cambio y ese tipo de escritor ya no lo encuentras tan fácilmente hoy”.
En cuanto al legado técnico que dejó Vargas Llosa a las nuevas generaciones de narradores, responde: “La vigencia de un autor depende de su lenguaje y de la construcción de personajes incomprensibles, como el Jaguar o Santiago Zavala. Mario tenía un cuidado extremo por la música de la prosa, influenciado por su admiración hacia Flaubert y García Lorca. Sus descripciones poseen una energía y una velocidad rítmica únicas. Además, defendió siempre que la novela no debe ser aburrida: la historia debe sorprender y revelar verdades profundas mediante la estructura y la técnica”.
Y además
Su próxima novela
Cueto comenta que, como escritor, él continúa explorando la historia a través de figuras femeninas.
“Ahora trabajo en una novela titulada En memorias de una limeña. Se centra en Adriana Verón, un personaje ficticio que interactúa con figuras reales del siglo XX. Escribir sobre estas mujeres es una forma de habitar el pasado y mantener vivo el ejercicio de la curiosidad que tanto compartí con Mario Vargas Llosa”.
CST