Ana Francis Mor se ha probado el traje de casi todo lo que le ha llamado la atención y, desde el teatro y el cabaret, aprendió que las mujeres sonríen con mayor facilidad que los hombres porque les ha sido permitido si se cumple el protocolo de no parecer una mujer malcriada. En cambio, los hombres no sonríen porque ese gesto permite mostrar su lado femenino, su apertura a la vulnerabilidad.
Como diputada, luego aprendió a lidiar los toros desde el ruedo legislativo y hoy, como secretaria de Cultura de la Ciudad de México, realiza acciones de política pública que le han permitido llevar funciones de cine, de teatro y danza a aquellos sitios donde el entretenimiento es dominado aún por una pantalla que proyecta la programación abierta.
Sobre su novela: 'La primera que camina' habló para MILENIO y dijo que fue motivo para explorar el rol de las mujeres en la construcción de la literatura. Así y desde un texto considerado sagrado, cambió la ruta designada a María, quien en su historia declinó inicialmente ser la madre de Dios para echarse a andar por el mundo.
Se le pregunta cómo tomar su libro. Si construyó una historia fantástica donde intentó recuperar pasajes de los evangelios apócrifos o si el tema le permitió explorar otros caminos
“Apócrifo significa que no quedó en el dogma, no significa que venga del demonio; que fue descartado por exótico y simple y llanamente no se pudo. Había que descartar algunos porque no todo podía quedar en el dogma. Y porque en la construcción de las historias siempre es así, y porque la construcción de las historias tiene intenciones y lo que no queda dentro de esas intenciones, pues no está.
“Lo cierto es que, extrañamente, dentro de las intenciones de la literatura universal, incluida la Biblia, como que siempre el papel de las mujeres ha quedado fuera y esto me parece que es una tradición común en prácticamente todo el mundo y que vale la pena preguntarnos por qué. Digamos que siempre hago este planteamiento: la literatura no puede ser universal hasta que no estemos las mujeres ahí. Por lo pronto ha sido literatura masculina y falta esa escritura y esas historias”.
Ana Francis Mor dijo que en El infinito en un junco, Irene Vallejo ensaya la misma anotación, la ausencia de la presencia de las mujeres. De esta manera, la posibilidad de contar con una reflexión más profunda sobre el pensamiento femenino no ocurre.
“Es ahí cuando una dice: Si tengo la posibilidad de que mi reflexión, la reflexión desde el cuerpo de una mujer, quede, hay que hacerlo. Sí es un giro en lo que yo venía haciendo, pero al fin también es un gran chiste, es decir, también es una gran diversión porque es: vamos a reinterpretar la biblia”.
Como feminista, la escritora apuntó que le da la oportunidad de dudar de Dios a través de la fe, entendida esta como la certeza de que el lugar que una y el otro ocupan en el mundo tiene un sentido, que la vida lo tiene en sí misma; se convierte en una herramienta poderosa.
“Quizá yo parto de esa pregunta: ¿Quién dijo que la fe no puede ser también una herramienta del feminismo? La idea de Dios es hermosa porque, al fin y al cabo, es como esa entelequia que responde todas las preguntas que no tienen respuestas; esa entelequia que está en todos lados y en ninguno y que cohesiona el sentido, porque al fin de cuentas el tránsito por la vida es una búsqueda de sentido. Todo el tiempo nos estamos preguntando: '¿Y yo qué chingados hago aquí?' El entender a qué vine te da la posibilidad de seguir caminando”.
Ana Francis Mor precisó que, en ese contexto, la idea de Dios puede ser un concepto muy útil y la fe un instrumento o herramienta de transformación para una feminista que ahora trabaja en la función pública, en la promoción de la cultura y el arte.
"Afortunadamente, tuve la oportunidad de ser tres años diputada, entonces eso me permitió agarrar callo, agarrar grosor de piel y entender un montón de cosas, claro, nada que ver con el Ejecutivo, porque en el Ejecutivo la madriza es dura, porque hay mucho trabajo, y la jefa de gobierno es una mujer incansable, creativa, superluminosa que trae un rito superperrón, entonces luego ni tiempo te da para preguntarte: '¿Pa’ qué dije que sí?', pero ayuda mucho que yo vengo de hacer teatro, cabaret durante tantos años; de entrada la banda me conoce y la conversación es mucho más directa y la forma de la jefa de gobierno es esa también, directa".
“Hay muchas estrategias que tenemos de estar en el territorio, de hacer audiencia ciudadana todos los martes en el Zócalo. La banda tiene el acceso directo, y la verdad es que la Ciudad de México tiene muchas posibilidades para la creación. En general, me ha ido bien con las comunidades; a veces hay conflictos y, pues, mi comunidad no es fácil, conozco a mi gente y no es sencilla, pero ya la conocía, entonces sí tienes que estar como con la píldora para los fregadazos, pero entender también que los fregadazos no son para ti, sino para lo que estás representando en este momento”.
Sobre el programa que más satisfacciones le da, dijo que las acciones aplicadas en la periferia y en los territorios de paz, es decir, en las colonias que se caminan, el poder llevar música, puestas en escena o talleres le resulta hermoso porque ahí la gente muchas veces no tiene oportunidad ni tiempo.
“Lo de las utopías es muy bonito porque es la posibilidad de tener acceso a 15 minutos de tu casa, que ya se están haciendo realidad, que ya las estamos viendo funcionar, es muy bonito; el ver a la gente en un espacio lindo, disfrutando. El ver a la gente disfrutar a mí es lo que más me gusta”.
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