Elias Canetti consideraba que se había pensado muy poco sobre lo que queda vivo de los muertos: “No se ha inventado ningún método para alimentar esos restos dispersos y mantenerlos con vida el mayor tiempo posible”.
La muerte obsesionó al pensador, quien afirmaba que “cada uno debería, por el hecho de haber muerto, ser único como Dios”.
Como explica el crítico español Ignacio Echevarría, quizá haber presenciado a los siete años de edad cómo su padre se desplomaba repentinamente, víctima de un ataque al corazón, lo marcó de manera decisiva, “y sembró en él la semilla de su visceral rechazo a la muerte, a cuyo imperio se opuso siempre, de manera a menudo estentórea”.
El hecho es que, como relata el crítico, desde muy temprano Canetti (1905-1994) acarició la idea de escribir un libro contra la muerte, pero la resolución de hacerlo no se le impuso hasta junio de 1937, cuando también su madre murió y se juró escribir ese libro, cuyo proyecto lo acompañó el resto de su vida.
Pero, agrega Echevarría, ese “libro contra la muerte” ni siquiera llegó a adoptar forma. “Canetti dedicó al tema el tercero de sus dramas, Los emplazados (1955) —del que él mismo dice que constituye ‘mi primera toma de posición vinculante respecto a la muerte’—, y no dejó de abordarlo indirectamente en sus obras más conocidas, Masa y poder (1960) e Historia de una vida (1977-1985)”.
Nunca escribió el “libro contra la muerte”, pero ha sido en los innumerables apuntes de Canetti donde ha quedado su rastro y solo existe una especie de “aproximación”, resultado del escrutinio del inmenso legado póstumo de Canetti, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Zúrich, donde se encontró una carpeta con ocho legajos agrupados bajo el título común de Libro de los muertos, publicado únicamente en español en 2010 por el sello Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores y que, como señala Echevarría, constituye una “rareza editorial”.
Así, es un acontecimiento la publicación en español de ese volumen, a cargo de Galaxia Gutenberg.
Con un posfacio de Peter von Matt, el texto ha sido establecido por Sven Hanuschek, Peter von Matt y Kristian Wachinger, con la colaboración de Laura Schütz; la edición en español, traducida del alemán por Juan José del Solar y Adan Kovacsics, ha sido adaptada y anotada por Echevarría, quien dice que son un conjunto de apuntes de Canetti sobre la muerte que se reúnen por primera vez ordenados cronológicamente de 1942 a 1994, tanto publicados como inéditos.
Echevarría puntualiza que el contenido publicado en 2010 corresponde “solo parcialmente” con el de este volumen, porque junto a numerosos apuntes, el Libro de los muertos incluía varios apuntes que poco o nada tenían que ver con la muerte, así como materiales “tangenciales”. El nuevo volumen, afirma el crítico, “es otro libro sobre la muerte de quien a lo largo de medio siglo no dejó un solo día de pensar en cómo resistirse a ella”.
Asimismo, el contenido de este nuevo libro es el resultado de cribar, entre los apuntes de Canetti, los dedicados a la muerte, que suman cerca de una tercera parte del ingente material conservado. De ellos fueron escogidos los más valiosos y representativos.
Echevarría concluye que “observar cómo Canetti fracasa una y otra vez en su empeño de escribir ese libro constituye por sí mismo un espectáculo lleno de dramatismo, y quizá éste sea su auténtico ‘argumento’”.