Arte en el tianguis

Desde hace cinco años la venta a bajo costo de grabados y obra plástica y escultórica se instaló en el mercado persa del Biobío, el tianguis más grande de Santiago, la capital chilena.

Los precios de los artículos van desde el dólar y medio hasta los 150 dólares.
El mercado persa del Biobío es el tianguis más grande de la capital chilena.
Elisa Montesinos
Santiago de Chile /

El barrio Franklin constituía hacia comienzos del siglo XX un sector periférico de mala fama, donde los habitantes vivían en malas condiciones y hacinados. Comenzó a urbanizarse alrededor del matadero y con la depresión de 1929 la gente salió a vender de un tutti quanti a la calle. Si bien el matadero ya no existe, el comercio ambulante se mantiene hasta el día de hoy, acompañado de una serie de locales de comercio un poco más formal y bajo techo en los recintos de antiguas fábricas. La fama del sector ha cambiado y en la actualidad para muchos el persa del Biobío es "el" lugar donde se puede apreciar la identidad chilena actual: una identidad híbrida que emerge entre libros usados, reguetón, antigüedades, postales olvidadas, fotografías de autor desconocido, muebles de segunda mano y artículos de computación. El barrio es hoy patrimonio y testigo de otra época.

Caminando entre los pasadizos laberínticos del mercado persa, se encuentran chamarras Northface o Columbia, muy apetecidas por los parroquianos; ropa, artículos para el hogar. Pero más allá de lo que vayan a comprar, es un paseo familiar con sabor local, muy distinto al mall. Hoy en día, es posible encontrar también tiendas como La perla del mercado, La picá del grabado, Taller la termita o la Galería taller del Mono, que se especializan en arte a bajo costo vendido por sus propios creadores.[OBJECT]

Los artistas han ido llegando a partir de 2010, cuando los descendientes de Elías Musalem, fundador de la antigua fábrica Tejidos Musalem, decidieron reacondicionar el segundo piso y convertirlo en el centro cultural Factoría Santa Rosa. Desde antes, los galpones de la ex fábrica eran parte del mercado persa y hoy el comercio coexiste con la cultura. La Factoría, dirigida por Carolina Musalem, organiza exhibiciones y residencias artísticas, estableciendo un punto periférico para el arte local al alcance del público común que visita el tianguis los fines de semana. La galería se ubica, un poco separada del resto de los locales, en la entrada por la Avenida Santa Rosa, y tiene un sello industrial que se respira más profundo en el galpón bautizado como Anexo Placer, en donde se realizan las residencias artísticas, a un costado de la factoría. Hace un tiempo el grupo de mujeres Artsfactus realizó allí una investigación sobre el barrio Franklin a través de sus obras. La organización se financia a través de ventas y fondos concursables, y cada cierto tiempo realizan el Persa del Arte, en el que se venden obras de artistas consagrados a precios que van desde los 30 dólares. Atraídos por la novedad de esta experiencia, otros creadores fueron llegando a instalarse como uno más entre los locatarios del tianguis.

POSTERREMOTO

Jorge Campana Pulido y Marcos Durán llegaron poco después del terremoto del 2010 y bautizaron su local como La picá del grabado (de picada: lugar económico y bueno para comer o comprar algo). "Aquí no había nada —dice Campana— nosotros empezamos a traer a la gente por los precios y la calidad de la obra, pero antes no pasaba nadie". Además de su propio trabajo, representan el de los otros artistas de sus talleres: el Taller de Artes Visuales de Santiago y el Kimkilen de Lima, Perú. Cuentan con un amplio mesón donde muestran los grabados a todo color. Todos los fines de semana están ahí desde temprano, mostrando, vendiendo y conversando con el público. Empezaron con el pasillo oscuro y la cuarta parte del espacio que tienen hoy, luego ganaron un fondo municipal y pudieron arreglar, hacer un catálogo y poner iluminación. Dicen que a la gente le atrae poder comprar al precio persa y a ellos el contacto directo. "Un grabado enmarcado aquí vale tres veces menos que en la galería".

La artista Romina Aura, de la galería boutique La Perla del mercado, cuenta que tienen dos años y medio exhibiendo el trabajo de otros artistas y vendiendo el de ella y su socio Loreto Sapiain. "Queríamos exponer arte que en una galería tradicional no tendría espacio o sería censurado. Nos interesa mucho el espacio del persa, con los personajes que llegan y nos cuentan su vida, y los artistas que vienen porque tienen obra y no la han podido mostrar. Nosotros les ofrecemos un espacio para exhibir a un precio módico, lo que nos ayuda además a pagar el local".

UN MATE, CONVERSA Y GRABADOS

Una gran galería abierta que incluye varios puestos y exhibe xilografías y libros del reconocido muralista Alejandro Mono González y otros artistas. Gonzáles fue uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra, grupo de muralistas formado en 1968 y que tuvo un rol muy activo durante el gobierno de Salvador Allende realizando arte público en las calles. Junto a Roberto Matta, pintaron el mural El primer gol del pueblo chileno.

"Así como pintamos en los muros de los barrios, promoveremos el arte en el espacio público del mercado persa los sábados y domingos", fue el eslogan con que partió su local hace un año y medio. Para él, esto es una apuesta al futuro: crear un espacio de encuentro para formar y educar al público: "Que se vaya habituando a encontrarse con arte chileno y que en vez de colgar un calendario de una mina ponga una obra con la firma de un artista", dice. Los precios van desde el dólar y medio hasta los 150 dólares. "A mí como pintor me interesa estar aquí, es retroalimentación en muchos sentidos. Es lo mismo que cuando voy a pintar un mural en la calle. Puede ser gratis, pero vuelvo a mi taller cargado con muchas ideas. Esto es nuevo para Chile, pero en los mercados de Europa donde venden pollos también hay arte", dice con entusiasmo compartiendo un mate. Su gran preocupación es que le faltan sillas para recibir a quienes se acercan a conversar con él, con su hijo Sebastián y los otros artistas que los acompañan y venden su trabajo. Es una galería y también taller, porque el proyecto implica mostrar trabajos de otros artistas y hacer demostraciones de producción de obra gráfica para el público. Antes de tener su galería, González solía ir al persa y se encontró con los grabadores que ya estaban instalados cerca de los locales de muebles viejos, en el sector decoración. "El Mono siempre pasaba por aquí; le gustaba nuestro puesto", dice Jorge Pulido.

Casi al frente de La picá del grabado se encuentra Ronald Pérez, del Taller la termita, un local más pequeño especializado en xilografía. Una clienta lo felicita por su arte y le pregunta cómo no ha expuesto en otro lado "si tu trabajo es tan espectacular". Pérez y su colega Railef Soto llevan año y medio en este local, pero vienen de vender en la calle, donde tenían que afrontar la posibilidad de ser detenidos, porque cabían en el saco del comercio ambulante. "Lo entretenido del persa es que pasa todo tipo de gente. Está el que sabe mucho de técnica y el que te compra porque le gustaron los dibujos", explica. Por eso tiene trabajos en papel de algodón y otros en papel más barato al alcance de todos. "Lo más rico de aquí es la variedad de la gente. No anda pura gente con lucas (dinero) ni anda pura gente pobre. Además, es económico; nosotros no podríamos pagar por tener un local en barrio Italia", explica en relación a uno de los barrios que se van poniendo de moda. El persa no, más que moda es tradición y cultura popular.

Mono González dice que él ya no va a las "galerías del barrio alto" y que "ahora son ellos los que vienen para acá".

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