La primera visita a México fue cuando participó en Cumbre Tajín, lo recuerda Luzmila Carpio, artista, compositora y autora quechua boliviana, considerada una de las cantantes más reconocidas en el género de las músicas del mundo/world music; la segunda vez es en Izamal, Yucatán, durante la presentación de la primera edición del Festival Páayt’aan.
Condecorada con la Orden Nacional del Mérito en el grado de Gran Oficial por la república francesa, la artista boliviana sugiere en entrevista con MILENIO, antes de su presentación en la Iglesia de Pixila, que “la música, el sonido, siempre hablando de la cultura en mi país, al menos en mi región, nosotros escuchamos la cascada, el agua, y de ahí sacamos los sonidos, de ahí inventamos y sacamos melodías para las primeras cosechas”.
Para Luzmila Carpio, en estos momentos donde se están perdiendo los valores, es importante mantener el respeto a la naturaleza o a la Pachamama. “Nos hace falta recordar los valores, sobre todo el respeto profundo hacia la madre tierra. La música es importante para nuestro ser, para nuestro centro, para equilibrar. Hay que escuchar sonidos, pero también el silencio”.
Comprometida con la defensa de la identidad y las culturas indígenas, ha compartido escenario con artistas como Susana Baca, Gilberto Gil, Lila Downs o Julieta Venegas. Sus 25 discos y la composición de alrededor de 120 canciones, respaldan su extensa carrera internacional.
Durante la conversación con la artista, el canto de las aves se podía escuchar, por lo que la también compositora se dio tiempo de imitar sus sonidos y explicar que había “traído cantos de las aves del altiplano de Bolivia, para interpretarlos, porque allá nosotros interpretamos cada melodía de cada pájaro”.
Canto a la naturaleza
El Festival Páayt’aan, que finaliza el domingo 20 de marzo, recibió en uno de sus escenarios el canto de Luzmila Carpio. Entre la penumbra se podía ver su sombra, hasta que una luz roja definió no solo a la cantante, sino que resaltaba detalles de la Iglesia de Pixila que, por su estructura, dejaba ver la luz de la luna y un par de estrellas.
Ataviada con un vestido negro pero con detalles de diversos colores, Luzmila cantó las canciones “que son un homenaje a la tierra”, y llamó a respetar “a la madre tierra o Pachamama”. Su música fue festejada a través de los aplausos de los asistentes al término de cada melodía, donde se pudieron ver instrumentos como el violín.
“Traigo mensajes de mi país, Bolivia, mensajes de hermandad, de amar a la tierra, porque todas mis canciones son homenajes a la tierra. Es la divinidad más importante que hemos tenido porque consumimos los alimentos que tan generosamente nos ofrece, así que me he dedicado a componer canciones en homenaje al espíritu del agua, de los árboles. Dialogo con las aves. Es algo mágico”.
Nacida en el pueblo de Qala Qala, en Bolivia, la cantante Luzmila Carpio explica que las cosechas, la siembra, “siempre va con el ciclo agrario, en los ritmos e instrumentos”, pues se debe saber cuándo tocar para el florecimiento de los alimentos y “ese respeto hay que continuarlo. Tengo canciones para el sol, para las montañas; está bonito porque son sonidos creados para agradecer a la naturaleza”.
PCL