Bernardo Esquinca le rinde homenaje a Edgar Allan Poe

Explica que de sus lecturas y sus pulsiones infantiles viene su cercanía con la literatura de terror, lo que termina por confirmar ese lazo.

El escritor jalisciense intenta ponerse en sus zapatos, dar a conocer a un personaje más íntimo, menos mítico.
Jesús Alejo Santiago
México /

En la obra de Bernardo Esquinca suelen fundirse miedos terrenales con otros sobrenaturales. Por ello, tiene una saga policial encabezada por un periodista-detective, Casasola, pero al mismo tiempo ha generado historias en las que los temores a lo conocido y a lo desconocido se enfrentan de modo cotidiano.

“Tengo muchos y muy diversos temores. Soy una persona paranoica y supersticiosa: eso es parte del coctel de mi personalidad un tanto bizarra que me lleva a escribir de estos temas a manera de exorcismo. Mi mente tiende a pensar en catástrofes todo el tiempo: suelo pensar que algo malo va a ocurrir, entonces tengo que luchar en mi cotidianidad para preservar un poco mi cordura, que creo también es la lucha del hombre contemporáneo”, dice el escritor a MILENIO a propósito de la aparición de Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe (Almadía, 2018).

Antes de reflexionar acerca del volumen, el autor de títulos como Los niños de paja o La octava plaga, habla acerca del mundo que nos toca compartir, tan caótico, con tanto estrés, “más en ciudades como la de México, donde vivimos al borde de la locura todos: nunca me pongo en el andén del Metro en la orilla, porque estoy seguro de que alguien me va a empujar”.

“Es complicado lidiar con eso; la escritura me ayuda a salir, a ponerme creativo y a no pensar en apocalipsis instantáneos; aunque al mismo tiempo te puedo hablar de miedos muy concretos, como el temor a los insectos, el miedo a la violencia, al éxito y al no éxito. Miedo a los accidentes… Te estoy diciendo miedos que muchos compartimos”.

De ahí, de sus lecturas y sus pulsiones infantiles, viene su cercanía con la literatura de terror, lo que termina por confirmarse con este homenaje a Poe, convencido Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1975) de que la literatura de terror cumple una labor muy importante de espejo, en especial “cuando nosotros —no solo el escritor que lo exorciza— nos asomamos al espejo, nos damos cuenta que los temores no te pertenecen, que mucha gente los comparte”.

Emociones



El escritor advierte, antes que nada, que no hay nada oculto en su biografía: simplemente hay una curiosidad desde la infancia por programas de terror y de suspenso, en particular a partir de temores que están enraizados desde los homínidos: el miedo a lo desconocido.



“Lovecraft lo decía muy bien: La emoción humana más antigua que existe es el miedo a lo desconocido y eso está presente en el hombre de las cavernas. Pero también hay miedos generacionales y la literatura de terror les ha dado respuesta a lo largo de la historia.



“Si pensamos en el mito del vampiro, es un miedo que nació en la Edad Media por el medio al contagio; el cine de la era atómica, tenemos mujeres gigantes y hormigas mutantes… la literatura de terror también brinda esas respuestas generacionales, pero también están los miedos cotidianos”.



Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe

nace del interés del escritor jalisciense por ponerse en sus zapatos, y dar a conocer a un personaje más íntimo, menos mítico y “bajado del pedestal: más humano; un homenaje que no necesita, porque es un personaje muy estudiado y leído, pero necesitaba rendirle un homenaje debido a que tuvo una gran influencia en mi obra y en mi juventud”.



“Considero que tengo un temperamento muy parecido: romántico, macabro… necesitaba agradecerle por todo lo que le debo, pero además había unos ángulos poco tratados que me permitían alejarme del lugar común y darle vuelta a los clichés”.



El acercamiento que propone Esquinca a la figura de Poe —considerado como el padre del relato policiaco, además del cuento de terror estadunidense— surgió a partir de un texto que le pidieron a propósito de uno de sus aniversarios luctuosos, lo que terminó por convertirse en un “ajuste de cuentas con todo lo que me ha formado, con toda esta imaginación macabra…”.





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