Carlos Amorales utiliza crayones e IA para explorar el colonialismo tecnológico

El artista abre la exposición Anteparaíso en Kurimanzutto con cerca de 200 dibujos, rostros imaginarios y un tríptico animado de 10 minutos con música original de Daniela Huerta.

"Los crayones tienen colores muy intensos y permiten líneas de distintos grosores", comenta Amorales. (Especial)
Ciudad de México /
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En Anteparaíso, su nueva exposición en Kurimanzutto, Carlos Amorales (México, 1970) utiliza crayones infantiles e inteligencia artificial para explorar el colonialismo tecnológico, las relaciones de poder y la violencia contemporánea.

La exposición reúne cerca de 200 dibujos, rostros imaginarios y un tríptico animado de 10 minutos con música original de Daniela Huerta. Los crayones Waldorf, el frottage surrealista y la inteligencia artificial confrontan lo artesanal con lo automatizado. En entrevista con MILENIO, Amorales explica el trasfondo de su obra.

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El título alude al poemario de Raúl Zurita. ¿Qué originó Anteparaíso?

No me basé literalmente en Zurita. Lo conocí, lo entrevisté y me parece un poeta increíble, pero el título surgió hablando con un amigo. Me dijo que lo que hacía parecía algo anterior al paraíso; entonces recordé la palabra Anteparaíso. Es un neologismo de Zurita y se la pedí prestada como homenaje.

“En el fondo de la exposición hay un poema que escribí yo. Nació de una imagen muy violenta que vi en internet: un niño aplastado por una viga durante un bombardeo. Me impactó porque soy papá y tengo un hijo de la misma edad. Sentí que la violencia que veía en línea era demasiado. Me hizo pensar en esa asimetría: alguien puede lanzar bombas desde lejos y que le caiga a un niño. El poema estará presente en la muestra, en unos libros grandes.

En la exposición, seres con mayor capacidad tecnológica dominan a otros. ¿Estamos ante un nuevo colonialismo?

Sí, absolutamente. Hay quienes lo llaman neofeudalismo, pero yo lo veo desde una perspectiva colonial, tal vez porque soy mexicano. Si fuera europeo quizá lo pensaría como feudalismo. La colonización está muy presente en nuestra historia.

“No soy programador ni me interesa crear mi propia inteligencia artificial. Uso una que ya existe, como un consumidor más. Pero sí hay una posición política, no es la técnica por la técnica: está el choque entre los crayones para niños, absolutamente analógicos, y una tecnología nueva como la inteligencia artificial.

“En la obra hay humanos fusionados con plantas que llevan una vida agrícola y son conquistados o sometidos por extraterrestres. A veces lo lúdico y el esclavismo se confunden. Históricamente, las culturas con más tecnología han sometido a otras. Por eso me interesa La guerra de los mundos: los ingleses, que eran colonizadores, se vuelven vulnerables ante los marcianos.

"Para la exposición seleccioné unas 200 imágenes, pero creo que hice el doble o el triple", comenta el artista. (Especial)

En Todos somos Amorales conservabas los errores de la inteligencia artificial. ¿Qué cambia cuando hoy intervienes sus imágenes a mano?

Aquella obra buscaba un efecto más realista, casi documental. Esta es fantástica, como un cuadro en movimiento. Aquí uso inteligencia artificial en dos momentos: genero imágenes que recorto para convertirlas en matrices y las coloco debajo del papel. Luego hago frottage, una técnica surrealista que utilizaba Max Ernst: al frotar con el crayón aparece algo que no habías previsto.

“Después fotografío esos dibujos y un programa de inteligencia artificial genera secuencias animadas. Lo interesante es que la esencia del trabajo manual permanece. Hay una parte en la que es imprescindible dibujar a mano y otra en la que se vuelve imprescindible automatizar. Ese ir y venir es el centro del proceso.

¿Por qué trabajas con crayones infantiles para hablar de violencia y desigualdad?

Para empezar, los niños son los que dibujan mejor. Su libertad para dibujar lo que imaginan es envidiable. Hay algo de inocencia, de verdad, de candor. Estos crayones tienen colores muy intensos y permiten líneas de distintos grosores. Están relacionados con las escuelas Waldorf y una filosofía muy distinta a la de las nuevas tecnologías.

“Lo tecnológico hoy se siente muy maleado: se utiliza para noticias falsas y está muy marcado por lo comercial. Me interesa mezclar esos dos mundos: en las imágenes aparece el mal, pero también hay belleza y candor. No es una exposición gótica. Conocí los crayones gracias a mi pareja, que estudió en una escuela Waldorf. Los compré para mi hijo y terminé quedándomelos para trabajar.

¿Cómo elegiste las obras?

Trabajo en secuencias. Necesito repetir una idea muchas veces, con tecnología o sin ella. Para la exposición seleccioné unas 200 imágenes, pero creo que hice el doble o el triple. Unas quedaron fuera porque se mancharon; en otras no me convencían las formas o el color, o sentía que ya estaba repitiéndome. Es intuitivo, aunque invito gente al estudio para tomar distancia.

“Decidí no usar negro en los dibujos de color. En cambio, en una sección realizada sólo en negro las escenas se vuelven más legibles, más narrativas. Después vino el reto de exhibir todo: terminamos dividiendo la galería en un panorama y un ciclorama. Eso le dio carácter a la exposición.
El artista cuenta que los crayones están relacionados con las escuelas Waldorf y una filosofía muy distinta a la de las nuevas tecnologías. (Especial)

De Los Amorales a los rostros de esta muestra, ¿cómo cambió tu relación con las máscaras?

Al principio de mi carrera la máscara me permitió construir una identidad para actuar libremente. No era tanto un escondite como una herramienta para estar en público. Ahora ya no la necesito, pero me sigue interesando.

“Algunos de los rostros tienen pupilas y otros parecen máscaras. Quería que expresaran emociones sin caer en clichés: unos parecen tristes, otros extraños o molestos. Hay uno que usé para la invitación y que me recuerda a mi hijo, por la cabeza y el pelo. Me salió por casualidad, pero cuando lo miro lo veo a él.

¿Por qué recurriste al butoh?

Es una danza japonesa muy particular, una expresión corporal relacionada con la reacción a la bomba atómica y la aniquilación. Quería algo expresionista, no que las figuras parecieran bailar ballet. Al mismo tiempo están cosechando frutos en una especie de paraíso; me interesó esa mezcla.

“La animación también me sirve para ordenar mi tendencia a repetir imágenes. En vez de mostrar solamente los dibujos inmóviles, los animé en un tríptico de 10 minutos. La música la hizo Daniela Huerta: le envié mi poema, algunas imágenes y mis ideas, y fui acoplando las imágenes a la música que ella iba creando, no al revés.

Después de trabajar con una tecnología que cuestionas, ¿ves alguna esperanza?

Como consumidor pude utilizarla para hacer algo que considero bello y transmitirlo al público. No le pedí a una máquina que hiciera algo de la nada: hay trabajo y reflexión detrás. También puede usarse positivamente, no sólo para producir noticias falsas. Tiene un lado oscuro y provoca cosas horribles, pero creo que podemos intentar corregir el rumbo.

Anteparaíso, de Carlos Amorales, se presentará del 5 de noviembre al 16 de diciembre de 2026 en Kurimanzutto, Gobernador Rafael Rebollar 94, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México.

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BSMM

  • Gabriela Gorab
  • Curadora, gestora y columnista de arte y cultura. Licenciada en Artes (Bond U.); estudios en MIT, MoMA, Harvard. Cofundadora de Artists’ Container y Socia de El Lion que Ruge Films. Experiencia en Australia, NZ, Inglaterra, Indonesia y EU.

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