Tras revisar los materiales entregados por el autor sobre el proceso de escritura de Donde el agua trabaja, la editorial Almadía decidió mantener el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, otorgado a David Silva Rojas.
La decisión se produce tras la polémica generada por el diario español El País, que publicó que la novela estaba escrita con inteligencia artificial en un 99 por ciento, según el detector Pangram. Ante ello, la editorial decidió examinarla.
“David mantuvo en todo momento una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada. Almadía fundamentó su juicio en criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las distintas conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso”, se señala en un comunicado de prensa.
El fallo de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda fue una decisión literaria, “tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron. Respaldamos ese fallo y reafirmamos la independencia del criterio de las integrantes del jurado”, agregan.
En el comunicado, la editorial agradece “las innumerables muestras de cariño y apoyo que escritores, lectores, libreros y editores nos han ofrecido durante estas semanas. Su respaldo, además de hermoso, ha sido fundamental para el autor y para quienes formamos parte de este premio. Estamos agradecidos también con quienes han pedido prudencia, han formulado preguntas y han defendido la necesidad de examinar los hechos sin convertir la sospecha en condena pública”.
Este premio, señalan, reúne el trabajo y la confianza de muchas personas. Por ello, consideran que deben actuar con respeto al autor, a las juradas, a la Sociedad Ventosa Arrufat y a los lectores.
“A lo largo de más de veinte años, Almadía ha construido vínculos que requieren atención, diálogo y confianza. Esa confianza implica un riesgo, pero hace posible el trabajo editorial y nuestra vida en común. Compartimos la convicción de que la relación entre escritores y editores debe conservar esa confianza y no convertirse en una vigilancia permanente”.
Almadía manifiesta que “entendemos que las dudas sobre una novela premiada tienen interés periodístico y deben examinarse con seriedad. También creemos que los resultados de una herramienta de detección no bastan por sí solos para dar por demostrado cómo se escribió una obra. Cuando está en juego la reputación de alguien, es necesario escuchar a las personas involucradas, dar tiempo para sus respuestas y examinar el conjunto de la información disponible”.
La editorial señala que “Almadía decidió suspender la gira de David en España para protegerlo y evitar que una presentación se convirtiera en un interrogatorio. Una presentación es, ante todo, una celebración y un encuentro alrededor de un libro. Tampoco parecía prudente exponer a quienes iban a acompañarlo a una situación de esa naturaleza”.
Asegura que la cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española los lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronuncian.
“A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad. En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de verlo, un gesto de respeto y consideración”.
Y agregan: “Las noticias ya se publicaron y seguimos todos aquí: periodistas, autores, editores, jurados, distribuidores, libreros y lectores. Compartimos un espacio que necesita crítica, preguntas y capacidad de rectificación. Queremos que esta experiencia nos ayude a cuidar ese espacio y los vínculos que lo hacen posible. Desde nuestra vinculación con la literatura latinoamericana, también nos preguntamos qué implicaciones tiene conceder a empresas del norte global la autoridad para validar nuestras formas de escribir. Nos preocupa que esa autoridad termine condicionando la propia escritura”.
Además, mencionan que “en 1984, George Orwell puso en boca de Syme esta frase: ‘Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño’. ¿Qué ocurre, entonces, cuando alguien evita una palabra, una cadencia o un procedimiento por temor a ser calificado por una máquina?”.
El comunicado está firmado por Editorial Almadía, Sociedad Ventosa Arrufat y las tres integrantes del jurado: Cristina Rivera Garza, Mónica Ojeda y Selva Almada.
“No nos interesa convertir esta controversia en una discusión interminable. El uso de la inteligencia artificial como herramienta de detección ha abierto un debate en el mundo editorial. Por nuestra parte, preferimos seguir confiando en el criterio humano. Sabemos que hoy esta declaración encuentra una atención que probablemente no tendría en otras circunstancias. Nos escuchan porque estamos bajo un reflector que no buscamos. Queremos que esa atención llegue también a nuestros autores y, sobre todo, a sus libros, que dan sentido a este proyecto compartido. Queremos seguir haciendo lo que nos reúne: leer, escribir, editar, publicar y compartir literatura. Acompañar a quienes escriben y propiciar su encuentro con los lectores seguirá siendo el centro de nuestro trabajo”.