De cómo Leñero se convirtió en amigo de José Agustín

Las tardes de café y caminatas por el centro histórico de la ciudad los hicieron inseparables compañeros de una "redacción muy animada".

José Agustín y Vicente Leñero.
Ciudad de México /

A Vicente Leñero le gustaba caminar y tomar café. A mediados de los 60 salía de la redacción de la revista Claudia en busca de la mejor taza de su bebida predilecta. Iba de un lugar a otro, terminaba un café, caminaba y entraba a otro sitio para la siguiente taza. A esos cafés, a esas caminatas, siempre lo acompañó su amigo José Agustín. Trabajaban juntos en una "sala de redacción muy animada".

"Éramos muy afines, salíamos de Claudia y nos arrancábamos a caminar un rato. Vicente era un cafetómano tremebundo. Nos íbamos parando en distintos cafés para que él se echara unos cuchitos como le dicen en Cuba, éramos bastante amigos para entonces. Me acuerdo que nos íbamos caminando de Ayuntamiento hacia el sur. En el camino nos íbamos parando para que se echara sus cafés. Y ya llegábamos a la esquina de Mérida donde nos separábamos porque yo vivía en esa calle".

En agosto de este año José Agustín contó a MILENIO que se conocieron en 1965. Agustín ya le había leído Los Albañiles y el recién publicado Estudio Q, un libro con el que le aprendió mucho.

"(Leñero) acababa de escribir Estudio Q en 1965, una novela que me impresionó bastante. Estudio Q no era una novela fácil, era difícil de leer, y a mí me entusiasmó, me pareció que era un manantial de recursos técnicos. Me pareció un portento de una mina de recursos técnicos y de una súper lección de cómo escribir", dijo.

Trabajaban en la redacción de la revista Claudia a la que se fue sumando "un equipo de escritores bastante poderoso".

"Se sumó Gustavo Sainz, nos reforzamos y nos convertimos en un trío de escritores nada despreciables. Luego llegó a entrar Juan Tovar y Parménides García Saldaña".

Entre Agustín y Leñero "no hubo nada profesional, salvo el hecho que trabajaban juntos". Les unió el trabajo en común y el hecho de verse a diario.

"Todos nos ayudábamos entre todos y definitivamente cuando se había convertido en un trabuco de periodistas y escritores pues nos hicimos más amigos".

Para leer a Leñero, José Agustín dijo que "todo vale la pena".

  • Alejandro Domínguez
  • alejandro.dominguez@milenio.com
  • Periodista por pasión. Dirijo y conduzco #AlexEnMilenio L-V #22hrs. Escribo la columna #RecuentoDeLosDaños cada martes. Profesor en la Universidad Iberoamericana

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