Del Paso o la desmesura de México

'Palinuro de México' tiene un exuberante manejo del lenguaje y desbordante cantidad de metáforas que aluden a un sinfín de aspectos en la condición humana.

Fernando del Paso, que ha transitado por todos los géneros lieterarios y además es pintor y dibujante, fue galardonado hoy con el Premio Cervantes.
Alberto Robledo Cervantes
Torreón, Coahuila /

Hace unas semanas el escritor, poeta, ensayista, dibujante, pintor y diplomático mexicano de 80 años, Fernando del Paso, fue reconocido con el premio Cervantes 2015 por el grueso de su obra, tanto literaria como ensayística.

Su acervo literario comprende tres novelas importantísimas en las letras mexicanas: 'José Trigo', 'Noticias del Imperio' y 'Palinuro de México'.

De estas las más conocida y estudiada, por su exuberante manejo del lenguaje y desbordante cantidad de metáforas que aluden a un sinfín de aspectos en la condición humana es, sin duda, 'Palinuro de México'.

Con este título Fernando del Paso dejó muy en claro lo prolijo que es como escritor. La gestación de esta novela duró cerca de siete años, más de lo que tarda cualquier otro novelista en crear una obra.[OBJECT]

Desde la portada (de la edición del Fondo de Cultura económica, pintada por el mismo del Paso) se dilucida la desbordada imaginación que su autor vertió en las 648 páginas de su texto.

En el prólogo, Francisco González Crussí escribe en forma por más atinada que "Palinuro nació bajo el signo de la desmesura: todo en él es hipérbole, exceso, colmo y demasía".

Lo que Crussí describe es el reflejo de la suerte barroca que posee su lectura, atestada de símbolos y metáforas, de cosas vivas casi palpables y que a vuelta de página mueren para dejar nacer a otras.

La mayor parte del tiempo no se sabe dónde empieza un personaje y termina el otro, dónde Palinuro y cuándo Estefanía, dónde el tío Esteban y cuándo el primo Walter, dónde Molkas y cuándo Fabricio, mejor dicho, no se sabe cuándo ellos, su familia y sus amigos, no son Palinuro.

Para abordar el libro, el lector tiene que olvidar esa concepción convencional que puede tener de una novela.

De no hacerlo se puede olvidarse de entrar en este mundo de ensueño donde se pinta todo menos el límite entre lo real y lo onírico, no podrá recorrer con el personaje las agencias de publicidad y las islas de la imaginación donde se conoce a sí mismo, no sentirá el cálido sol que entra por la ventana de su casa en la Plaza de Santo Domingo, donde Palinuro ama a Estefanía, donde le hace en amor visitando cada cuarto y aprovechando cada uno de los orifi cios de su prima, no escuchará las historias que el abuelo le cuenta a Palinuro de los tiempos del general Francisco Villa, no será salpicado con la sangre molida en la noche de Tlatelolco.

En fin, si no se libra de lo que convencionalmente conoce como novela, no está invitado a la exuberante fiesta de lenguaje organizada por Fernando del Paso. [OBJECT]

Cuando el escritor cumplió 80 años, el suplemento cultural Confabulario, dedicó un número al escritor. En él, Eduardo Antonio Parra aporta una reflexión en la que recuerda que antes de leer Palinuro de México”(...) tenía una concepción convencional de lo que debía ser una novela, y tratar de seguir al personaje entre una abigarrada selva de imágenes, tropos, retruécanos, enumeraciones y visiones inverosímiles donde abundan términos y anécdotas del ámbito de la medicina –sin que haya una sucesión de escenas lógicas– me llevó a preguntarme si como lector estaba hecho para ese tipo de narración, o si esa narración estaba hecha para mí”.

Todo lo antes mencionado no quiere decir que es un libro indescifrable o al que hay que temer.

Lo que sí es que es una fiesta de exceso de temas (de los político a lo médico, del amor al erotismo), exceso lingüístico, donde ninguna palabra se pinta del mismo color que otra, lo cual le brinda a sus páginas una una sensación tecnicolor en la imaginación que ningún lector, amante de las letras hispanas, querría por ningún motivo perderse.

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