• Los libros, los pleitos y las herejías de Ediciones Era. Ahora ¿resistirá al mercado?

Publicó ‘La noche Tlatelolco’, marxismo, poesía y a los zapatistas. La reducción de operaciones de Era obliga a preguntarnos quién apostará por los libros que incomodan.

Ciudad de México /
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DOMINGA.– Es mediados de 1970, es verano. La periodista camina por los largos pasillos del Palacio de Lecumberri, entonces la cárcel más temida del país. Sus tacones bajos suenan contra el piso de cemento. A los lados están las celdas y crujías en las que presos tristes e iracundos viven hacinados. Elena Poniatowska no se detiene. Sigue su camino, concentrada. Está ahí para entrevistar a quienes cumplen condena por razones políticas. Son tiempos convulsos.

Hace casi dos años que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó la masacre de Tlatelolco. Y aunque todavía no ocurre El Halconazo de 1971, la matanza del jueves de Corpus, la persecución contra los sectores progresistas acecha a escondidas por todos los rincones. Cualquier persona u organización que “huela” a filiación de izquierda es etiquetada de comunista y fichada por la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía política que Miguel Alemán Valdés creó en 1947 y que tuvo su etapa más negra entre las décadas de los sesenta y ochenta.

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También Elena es vigilada desde 1962, como se enterará muchos años después, cuando Mercedes Vega Armijo, exdirectora del Archivo General de la Nación, le entregue su propio expediente.

Pero ese día de 1970 no lo sabe, aunque lo sospecha. Desde el año anterior visita regularmente Lecumberri para entrevistar al profesor Eli de Gortari, preso por su cercanía con el movimiento estudiantil y algunos de sus líderes. Hoy la avispada periodista tiene un objetivo específico: que Luis González de Alba le de su testimonio acerca de lo que vivió aquella noche en que individuos con guante blanco en la mano izquierda abrieron fuego sobre quienes protestaban pacíficamente.

La mayoría eran estudiantes, pero también había niños, amas de casa, adultos mayores, periodistas. Luis formó parte del Consejo Nacional de Huelga y encabezó el movimiento estudiantil. Le dice a Elena que tome esos testimonios de su manuscrito Los días y los años, que de acuerdo con la propia Elena ya se encontraba en manos de Neus Espresate, una de las editoras fundadoras de Era, que sería crucial para la formación literaria y política del país. “La editorial de los grandes clásicos de nuestro país”, dirá Luis Jorge Boone.

“Neus Espresate entró [a Lecumberri], la llevé una vez, sacó el manuscrito de Luis Gonzalez de Alba y se publicó”, dice a DOMINGA. Años después en un artículo de Nexos, del 1 de octubre de 1997, Luis afirmará que fue ella, quien “aprovechando su último embarazo” le ayudó a sacarlo. Pero todavía no llegamos a ese momento en que los decires de Poniatowska y González de Alba se enrevesan.
Neus Espresate Xirau, editora mexicana de origen catalán, se exilió en México en 1946 | Especial

Editores sospechosos de imprimir “propaganda comunista”

En febrero de 1971 Ediciones Era publicó la primera edición de La noche de Tlatelolco. Dos años antes, Hasta no verte Jesús mío había sido bien recibida por la crítica y los lectores. Más de 55 años después, Elena recuerda:

“Cuando yo le dije a Neus que tenía sobre mi mesa de trabajo un montón de artículos rechazados acerca de la noche de Tlatelolco, ella me dijo ‘yo te lo publico’. Fue de una valentía extraordinaria. Don Tomás y ella, pero sobre todo su papá, que participó en la guerra civil de España. Vicente Rojo también [fue valiente]. El ‘General Rojo’ fue el tío de Vicente. Eran editores heroicos y tenían la misma actitud de un hombre también formidable que era Joaquín Diez-Canedo. Eran gentes de gran valentía, entereza y además de mucha cultura”.

Para ese momento, Ediciones Era llevaba once años de historia. Once años de publicar títulos como Viaje a la Tarahumara, de Fernando Benítez, Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, El apando, de José Revueltas, Tratado de economía marxista, de Ernest Mandel, No me preguntes cómo pasa el tiempo, de José Emilio Pacheco, Las ideas estéticas de Marx, de Adolfo Sánchez Vázquez, Paradiso, de José Lezama Lima, o Los convidados de agosto, de Rosario Castellanos.

"El Apando" y "Tratado de economía marxista", libros publicados por Ediciones Era | Especial


​La editorial, fundada por los exiliados españoles Neus Espresate (además de su padre Tomás Espresate y sus hermanos Jordi y Quico), el artista visual Vicente Rojo y José Azorín, había inaugurado su catálogo con La batalla de Cuba, de Benítez y Enrique González Pedrero, lo que le valió que la DFS fichara a sus editores como sospechosos de imprimir “propaganda comunista.”

Así que cuando Era apostó por el nuevo texto de Elena Poniatowska, no fue una sorpresa que las cosas se pusieran difíciles, según contó Neus Espresate en entrevista con el periodista Guillermo Sánchez Cervantes: “La noche de Tlatelolco fue una locura cuando lo publicamos. Nos sentimos amenazados. Fue un momento difícil. Nosotros, primero publicamos el libro del profesor Ramón Ramírez sobre la matanza de Tlatelolco [El movimiento estudiantil de México (julio-diciembre de 1968)], 1969). Era un libro que incluía la cronología que seguía todo el movimiento hasta los desplegados de los medios. Ese lo publicamos antes, a Ramírez lo amenazaron mucho. Luego llegó el de Elena con un éxito.”

'La noche de Tlatelolco', de Elena Poniatowska, fue publicado por Ediciones Era en 1971 | Especial


Desde su casa en Chimalistac, Poniatowska dice que a ella no la persiguieron ni la amenazaron, sólo le hablaban por teléfono para decirle cosas como “¡ya cállate, pendeja!” o para mentarle la madre. La persecución y las amenazas en tiempos del PRI no pasaron a mayores. Lo que sí sucedió es que al libro le fue muy bien. Tanto, que a la fecha lleva cerca de 55 reimpresiones. La noche de Tlatelolco significó un éxito de ventas para Era. Las cifras varían según las fuentes que se consulten, pero se calcula que hasta 2008 había vendido cerca de 394 mil ejemplares, sólo superado por Aura, de Carlos Fuentes (que de acuerdo con una investigación de la académica Valeria Adón, de la Universidad Nacional de La Plata, para 2014-2015 había reportado ventas por un millón 152 mil copias).

Pero el libro que marcó la carrera de Poniatowska le haría pasar después un trago amargo a su autora.

En el artículo de Nexos de 1997, “Para limpiar la memoria”, Luis González de Alba la acusaría de copiar testimonios de su libro: “En total, 28 párrafos con más de 500 líneas, extraídos de Los días y los años, y entreverados en La noche de Tlatelolco, de los cuales ninguno, ni uno solo de esos 28, está correctamente atribuido a la persona que dijo en la realidad real (sic) esas palabras, y, además, en casi todos está cambiado el lenguaje hacia un sentido más cercano al que Elena cree popular”.

Esto, según sus palabras, causó una gran tristeza a Elena, recuerda así el incidente y su origen: “Le dije [a González de Alba]: ‘quisiera poner declaraciones tuyas en La noche de Tlatelolco, él me dijo, ‘sácalas de mi libro’, y así lo hice. Después él se enojó conmigo porque La noche de Tlatelolco tuvo más respuesta que Los días y los años, que además era un libro que a mí me parece extraordinario. Yo admiré y quise a Luis, y lo vi en la cárcel con Raúl Álvarez Garín y Gilberto Guevara Niebla y todos los líderes que aparecen en el libro.”

Después de una pausa, continúa: “Creo que lo que yo hice era un homenaje a Luis Gonzalez de Alba. Además siempre lo quise.”

A través de la línea telefónica se escucha que a lo lejos, alguien le dice a Elena que deben irse. Ella responde que en un momento baja, “ahora estoy haciendo esto”. Luego regresa a la entrevista y dice con énfasis: “Quiero dejar muy en claro esto, que yo consideré que era mi amigo, que era una relación amistosa. Nunca pensé, fue una gran sorpresa, que surgiera este problema a raíz de la publicación.”

En la entrevista con Sánchez Cervantes para Gatopardo, Neus Espresate había recordado que la solución al conflicto, desde la perspectiva de la editorial, no fue difícil: “Él nos reclamó que había algunos textos de La noche de Tlatelolco que eran de él y no se le daba crédito. Eran tres. Los vimos, no parecía muy acertado pero no quisimos entrar en pleito. Los quitamos. Él estuvo de acuerdo y acabó el pleito. Fue llegar a un buen acuerdo en vez de tener un enfrentamiento.”

Luis González de Alba, autor de libros como "Los días y los años" (1971) y "Sigo siendo sola" (1979)| Especial

Ediciones Era pasó por décadas de cambios sociales, políticos y culturales

Los años setenta marcarían un hito en la historia de Era. Marcada por los golpes de estado en el Cono Sur, y sus consiguientes oleadas de exiliados que enriquecieron la escena académica y cultural de nuestro país, fue la etapa en que la editorial publicó libros centrados en el análisis de las condiciones políticas, económicas y sociales de la región; por ejemplo, Historia del capitalismo en México. Los orígenes, 1521-1763, de Enrique Semo; El reformismo y la contrarrevolución. Estudios sobre Chile, de Ruy Mauro Marini, o La revolución desarmada. Chile 1970-1973, de Gabriel Smirnow.

En este periodo se publicó además el primer número de Cuadernos políticos, cuya dirección corrió a cargo de Neus Expresate.

Pero Era no descuidó su apuesta por la literatura; por un lado, continuó publicando a Pacheco, Poniatowska, Carlos Monsiváis y Sergio Pitol, además de que hacia finales de la década, en 1978, comenzó uno de sus proyectos más ambiciosos: la Obra reunida de José Revueltas, apenas dos años después de su muerte. Al mismo tiempo, siguió apostando por la inclusión de nuevos autores a su catálogo, como los poetas David Huerta, Jaime Reyes Rodríguez y Hugo Gutiérrez Vega, los narradores José Luis González y Héctor Manjarrez, así como uno de los grandes referentes intelectuales de América Latina, Eduardo Galeano.

En el terreno financiero, de 161 títulos nuevos publicados, de 1970 a 1979 la producción alcanzó un total de 216, de acuerdo con José Carlos Reyes. Fue esa década en que Imprenta Madero, origen de la propia editorial, le otorgó créditos de impresión por más de un millón de pesos, lo que le dio liquidez para su producción.

Durante los siguientes años, la crisis que se desató cuando el presidente José López Portillo no logró “defender al peso como un perro”, en 1982, tuvo un fuerte impacto en la industria editorial y por supuesto en las finanzas de Era. La bonanza que supusieron los créditos de Imprenta Madero en la década anterior, se desvaneció en los ochenta. De 1980 a 1989, Ediciones Era publicó únicamente 147 títulos nuevos.

Fiel a su línea editorial de pensamiento crítico, Era respondió con la publicación de Orígenes de la crisis en México. Inflación y endeudamiento externo (1940-1982), de Héctor Guillén Romo, o El capitalismo mexicano en los ochenta. ¿Hacia un nuevo modelo de acumulación?’, de José Valenzuela Feijóo.

En el terreno literario, editó Fuerte es el silencio, de Poniatowska, Las batallas en el desierto, de Pacheco y Nocturno de Bujara, de Pitol. En coedición con la SEP, republicó Hasta no verte Jesús mío, de Elena, Amor perdido, de Monsiváis o El cielo por asalto, de Agustín Ramos. Además, incluyó en su catálogo a plumas como las de Paloma Villegas, Hugo Hiriart, Bárbara Jacobs y Efraín Huerta.

Gran parte del lector de Ediciones Era también se transformó en esta década. Sin muchos prospectos para el futuro debido a la inestabilidad económica y sin el impulso rebelde y contestatario de los años sesenta y setenta, los jóvenes estudiantes mexicanos atestiguan el surgimiento de estrellas pop estadounidenses que pronto se convertirán en fenómenos globales. Los problemas de la región contrastan brutalmente las realidades que les presentaban estas estrellas del colonialismo.

Todavía faltaban años para que la editorial anunciara su drástica reducción de operaciones en 2026, pero aunada a la disminución del poder adquisitivo de los lectores más fieles, como los jóvenes universitarios, los académicos y los artistas, la editorial quizá comenzó a atisbar que su sostenibilidad sería un reto para el futuro.

Daniel Sada, Sergio Pitol, Hugo Gutiérrez, José Emilio Pacheco, Consuelo Saizar y Carlos Monsivaís | Enrique Gutiérrez/ Milenio

Los zapatistas de Chiapas y su influencia en Ediciones Era

Emocionada y melancólica, la voz de Ana García Bergua viaja por la fibra óptica hasta que llega a este lado del mundo. La autora de Leer en los aviones (Era, 2021) recuerda sus inicios como autora de esta casa en 1993:

“Cinco años antes, le di a Héctor Manjarrez la primera versión de mi primera novela, El umbral, y él me dijo que la trabajara y que cuando la acabara se la diera a Era. Yo la conocía porque era la editorial donde mi padre [Emilio García Riera] había publicado Historia documental del cine mexicano, la primera versión [1969]; publicó también México visto por el cine extranjero [1987] porque eran muy amigos, por todo esto del exilio español, y yo tenía mucha ilusión de publicar ahí.”

Los noventa. El rock en español estaba en pleno apogeo. Los adolescentes de los centros urbanos enloquecíamos con Caifanes, Café Tacvba, Molotov, Santa Sabina, Maldita Vecindad, Soda Stereo, Plastilina Mosh y Los Fabulosos Cadillacs. La década estuvo marcada por una serie de acontecimientos difíciles de resumir en tan poco espacio: el fin de la dictadura de Pinochet en Chile, la firma de los acuerdos de paz en El Salvador y Guatemala, el levantamiento zapatista y el asesinato de Colosio en México, además de la expansión de las políticas neoliberales promovidas por organismos financieros internacionales.

En medio de estas fuertes contradicciones políticas, sociales y culturales, Era apostó por publicar tanto autores inéditos como a quienes ya tenían obra en otros sellos: Carmen Boullosa, Eduardo Antonio Parra, Coral Bracho, Francesca Gargallo y Juan Gelman, entre otros. Reafirmó su vocación de izquierda con la publicación de los comunicados del EZLN en 1994, el mismo año del levantamiento, con textos de Poniatowska y Monsiváis.

Fue también la etapa de la aparición de títulos como Chiapas, la razón ardiente. Ensayo sobre la rebelión del mundo encantado, de Adolfo Gilly y Mujeres de maíz, de Guiomar Rovira. Pero por encima de todo, Ana García Bergua recuerda a Era con agradecimiento durante esos años y los siguientes: “De Era siempre tuve esta sensación de estar en casa, más que nada, por el amor al oficio de editar libros bonitos. A veces no eran libros caros porque la situación no permitía que fueran ediciones muy caras, pero elegantes sí eran”.
“Con La bomba de San José me dieron el premio Sor Juana [en 2013]. En fin, ¿qué te digo? Para mí, publicar en Era siempre ha sido tener la seguridad de que sería un libro muy bien hecho. Como autor de Era, jamás podrías concebir que tu libro tuviera una errata. Y eso es invaluable.”
El Levantamiento zapatista fue uno de los acontecimientos que marcó la década en América Latina | AFP


En las primeras décadas del siglo XXI llegó el cambio climático, los movimientos pendulares de izquierda a derecha en los gobiernos de América Latina, el recrudecimiento de la violencia en México por la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, la migración desatada por la violencia, la desigualdad y el cambio climático, la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los dos gobiernos de Donald Trump, la pandemia de covid-19 y el genocidio contra el pueblo palestino.

Durante este tiempo, mientras seguía apostando por la calidad de su catálogo, Era no abandonó su vocación como la casa del pensamiento crítico. Por dar sólo algunos ejemplos, en 2005 publicó El príncipe mexicano: subalternidad, historia y Estado, de Rhina Roux, ensayo inspirado en la lectura que Gramsci hizo de El Príncipe, de Maquiavelo, pero aplicado al Estado mexicano. El mismo año entró al catálogo La decadencia del poder estadounidense. Estados Unidos en un mundo caótico, de Immanuel Wallerstein. Y Para una teología política del crimen organizado, de Claudio Lomnitz, apareció en 2023.

La editorial tampoco dejó de apostar por autores jóvenes. En 2011, a los 33 años de edad, Luis Jorge Boone publicó por primera vez con Ediciones Era. Su voz del desierto llegó a la editorial con la novela Las afueras, a la que Christopher Domínguez Michael definió como “una poética del paisaje”. El poeta, ensayista y narrador recuerda con nostalgia esa época: “era un escritor joven, así que me sentía que estaba llegando como un pitcher novato a un juego de las estrellas. Estaban todos los grandes ahí: José Emilio Pacheco, la poesía de David Huerta, la poesía de Elsa Cross, la poesía de Coral Bracho, Fabio Morábito, Eduardo Antonio Parra. Así que, yo pensé, ‘creo que no merezco estar aquí pero muchas gracias’”.

Ese “pitcher novato” llegó a formar parte de un grupo muy diverso, cuyo denominador común es la calidad literaria: Patricia Laurent Kullick, Verónica Murguía, Alberto Ruy Sánchez, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, David Toscana o Hiram Ruvalcaba son sólo algunos. Y precisamente este último recuerda cómo llegó a la editorial con el libro de cuentos Los inocentes, apenas el año pasado:

“Para los de mi generación, publicar en Era significa dar un paso gigante en la dirección correcta al sueño literario. Es la editorial de los grandes clásicos de nuestro país, ¿quién no querría formar parte de su catálogo? Así que cuando recibí la carta de aceptación de mi manuscrito, apenas puedo ser justo con la emoción que sentí al saber que ahora pertenecía a la misma casa de mis héroes literarios.”

Pero esta entrada, si acogemos el lenguaje beisbolero que ya introdujo Boone, no fue fácil para Ruvalcaba. “Esto no lo sabe mucha gente, pero Era me rechazó algunos manuscritos antes.” Y eso que editoriales como Tierra Adentro, el Fondo de Cultura Económica, la Universidad Autónoma de Nuevo León y Penguin Random House ya habían apostado por él. Esto lo cuenta, dice Hiram, “para reiterar que el proceso de selección era riguroso, y Era dejó fuera de su catálogo a varios colegas que, sin duda, son muy talentosos.”

José Emilio Pacheco publicó, bajo la editorial Era, títulos como "Los elementos de la noche", "Siglo pasado" y "Desde entonces" | Lizeth Arauz

¿El principio del fin?

El 17 de agosto de 2026 se filtró en redes sociales un comunicado de Era que estaba dirigido a librerías y puntos de venta, en el que se leía: “El equipo de Ediciones Era les informa que la editorial detendrá sus actividades y a partir de este momento irá cerrando cuentas con todas las librerías y puntos de venta que tienen nuestros libros”. La pandemia, explicaba, había impactado en la red de librerías que distribuía sus libros y las ventas habían descendido un 25%.

García Bergua supo de la noticia desde Barcelona: “fue algo sobre todo doloroso pensar que una editorial como Era pudiera desaparecer así por motivos económicos. La reacción fue un dolor muy grande porque es mi editorial”, dice.

Sin embargo, el día siguiente, en un nuevo comunicado, este sí abierto al público, la editorial se apresuró a aclarar que sólo reducía al mínimo sus operaciones, un matiz muy importante; además, recordó el legado de 66 años de existencia y anunció ventas especiales y presencia en la Feria Internacional del Libro del Zócalo.

A pesar de la intención de suavizar el primer comunicado, muchos otros escritores de la casa y personajes relacionados con el mundo editorial lamentaron la situación de Era y se pronunciaron públicamente. En entrevista para DOMINGA, Boone habló de la gran tristeza que le provocó la noticia: “Es un pilar de mi vida como lector y posteriormente como escritor. Como persona, las amistades y las relaciones humanas que tuve y que tengo yo con las personas que están relacionadas ahí, para mí son lo mejor que me puede dejar Era.”

Ruvalcaba, además de la tristeza, sintió una fuerte preocupación: “El cierre de un empresa cultural, sin importar de cuál se trate, es algo que deberíamos de lamentar todos los que formamos parte del ecosistema del libro.”

Tiene razón Hiram. Cuando el mercado ha puesto contra las cuerdas a una editorial con la historia de Era, otras casas independientes tendrían que empezar a reflexionar. Y quizá las preguntas más urgentes que se podrían hacer serían: ¿cómo seguir siendo sostenibles sin dejar de apostar por un catálogo literario, científico o social antes que en uno puramente comercial?, ¿qué estrategias para la construcción de públicos lectores resultan útiles para cada uno de casos particulares?, ¿qué responsabilidad tiene el Estado, si es que la tiene, en esta carrera de obstáculos por la supervivencia?

Después del fuego nos queda la ceniza

Agosto de 2026 en la Ciudad de México. Es una madrugada inusualmente fría. En el mueble junto a mi cama hay un libro de Ida Vitale del que desde hace unas semanas leo un poema todas las noches, antes de dormir. Sobrevida. Antología poética, es una coedición de Ediciones Era, la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Capilla Alfonsina. Físicamente es un libro hermoso, con guardas amarillas, y en la portada una reproducción de la pieza Construcción en rojo y ocre, del también uruguayo Joaquín Torres-García. Abro el libro donde dejé el separador anoche. El poema que me toca leer hoy se llama “Culpa y corolario”.

Los últimos versos dicen:

Pero después del fuego
es la ceniza,
la durable ceniza
la que gana.

GSC/ASG


  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.

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