En cada violín hay un alma gitana: Malikian

“Lo más importante cuando estás en un escenario es emocionar al público, compartir la felicidad que sientes”, afirma el músico de origen armenio.

"Para mí es muy importante que los niños tengan acceso a la cultura desde muy pequeños", considera.
Editorial Milenio
México /

Ara Malikian está convencido de que “en cada violín del mundo hay un alma gitana dentro. Creo que es el instrumento predilecto de la música gitana. Como violinista he tenido que estudiar mucho toda esa tradición, su manera de hacer música y su cultura”.

Tanto por los viajes que ha realizado por el mundo para llevar su propuesta de música sin fronteras, como por los saltos entre un género y otro, de una época a otra, Malikian tiene un espíritu gitano, una mentalidad nómada, como confirmó en conferencia de prensa realizada ayer en el Auditorio Nacional, donde se presentará el 16 de mayo.

“Sabemos que la cultura gitana es nómada, no de un país: su música en Rumania es muy diferente a que hace en España o en Francia. Eso es lo maravilloso”, afirmó al referirse al influjo que lo gitano tiene en su sonido.

Con una propuesta que congrega diversas geografías sonoras, el violinista libanés de ascendencia armenia, que estudió en Alemania y radica en España, está en movimiento constante. Su concierto en el Auditorio forma parte de una gira muy extensa que inició hace año y medio, que ha llevado al músico y su banda por todo el mundo.

En esta ocasión tocará varias de composiciones de su disco más reciente, pasando por obras cumbre de la música clásica, de autores como Bach, Mozart y Paganini, hasta llegar a canciones de Radiohead, Led Zeppelin, Jimi Hendrix y David Bowie. Hará incursiones en las músicas árabe, judía, gitana y lo que se le ocurra a su violín aventurero.

Además de trabajar en orquestas sinfónicas y ganar numerosos premios en el terreno de la música académica, Malikian se ha acercado con pasión a la música popular y a los géneros folclóricos para crear su propuesta. El éxito no se le ha subido a la cabeza.

Malikian colabora en numerosos proyectos de apoyo a los sectores sociales desfavorecidos, especialmente niños: “Lo mejor que le puede suceder a una sociedad, especialmente a sus jóvenes, es tener acceso a la cultura. Alguien que se dedica a ésta no optará por la delincuencia. Por eso para mí es muy importante que los niños tengan acceso a la cultura desde muy pequeños. Estamos trabajando para organizar un ciclo de conciertos por todo el país”.

Señaló que tocará un tema de música ranchera, aunque no quiso revelar el nombre, para luego comentar que conoce a varios compositores clásicos mexicanos: “Tuve la suerte de tocar el Concierto para violín y orquesta, de Manuel M. Ponce, una obra maravillosa que no se toca mucho a pesar de ser una joya musical. Como alguien interesado en la manera en que se toca el violín en diferentes partes del mundo, para mí descubrir la tradición de los mariachis fue espectacular y muy inspirador. Seguro que he aprendido mucho de los mariachis”.

El intérprete expresó que la instrumental “es la música en estado puro. Está demostrado que es el único arte que entra en tu corazón, en tu alma, sin pasar por el cerebro. A la música no hay que canalizarla para que te emocione. Después de tantos años de tocar, sé que lo más importante cuando estás en un escenario es emocionar al público, compartir la felicidad que sientes”.

UN INSTRUMENTO FAMILIAR, HILO CONDUCTOR DE SU CONCIERTO

Ara Malikian explicó que su concierto en el Auditorio Nacional tendrá como hilo conductor la historia de su violín: “No es muy valioso, no es un Stradivarius o un Guarnerius. Es uno que perteneció a mi abuelo, aunque él nunca lo tocó. En 1915 sobrevivió al genocidio en el que murieron más de un millón y medio de armenios. De su familia solo se pudo salvar él, gracias a que le dieron un violín para que fingiera ser parte de un grupo musical. Con él emigró a Líbano”.

Su abuelo vivió el resto de su vida en ese país y luego heredó el violín a su hijo, quien sí se dedicó a la música, y que luego pasó el instrumento a su hijo Ara. “Gracias a este violín he sobrevivido, porque con él pude salir de Líbano en una época en la que se desató una guerra que duró más de 20 años. Gracias a la música y a mi violín, pude ir a Europa, trabajar, estudiar y tener una vida digna. Para mí y para mi familia, este violín es más que un instrumento con el cual hago música. Esta historia parece un poco dramática, pero la cuento a través de la música con mucha alegría porque el final de esta historia es feliz”.

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