Claudia Duclaud viene de una familia de fotógrafos. Ella misma es fotógrafa aficionada —“abogada por amor a las normas y a las cantinas”, asegura en su semblanza—, pero siempre ha estado acompañada de los libros, hasta conjugar esas manifestaciones en la novela La hija del fotógrafo (HarperCollins, 2021).
“Me propongo retratar, como si tuviera en mis manos una cámara fotográfica, estos pequeños instantes de mi vida a los que tuve que remontarme para plasmarlos y desmenuzarlos sobre las hojas: son vivencias personales, que me fueron platicadas, hasta armar una especie de mosaico para colocar a los protagonistas que integran esta historia”.
Una trama que le permite fotografiar a distintas generaciones de mujeres, teniendo como telón de fondo a Ciudad de México y a una disciplina como la fotografía como eje de esas experiencias familiares, empezando por su bisabuela, atraída por las evocaciones de la infancia en el pueblito cercano a Morelia y las realidades que le tocó enfrentar en su tiempo.
“Luego conocí lo que vivió mi abuela, mi mamá y sus hermanas, para terminar con mi propia experiencia. Así empecé a hacer estos retratos de las distintas realidades que debían enfrentar las mujeres, según el tiempo que les tocaba”.
Uno de los objetivos principales de Claudia Duclaud con La hija del fotógrafo fue reflejar la manera en que las personas, tanto hombres como mujeres, enfrentamos el estereotipo, la imposición de papeles a desempeñar, en especial, porque “esos roles terminan siendo injustos tanto con un género como el otro”.
“Escribir, a veces, es un viaje para escapar de uno mismo o para percibirse desde otro mirador. Al salir podemos contemplar nuestra existencia con otra mirada, la dimensionamos de otra manera y, al hacerlo, puede ser una experiencia muy feliz, pero también muy devastadora. Esto de agarrarte como objeto de estudio y ver la manera en que ha pasado el tiempo puede revivir la tristeza del momento; es complicado que reviva la felicidad, porque ahora solo la percibes como nostalgia”.
Es la historia de una mujer que se complica en el amor, pero que al mismo tiempo encuentra en el humor una manera de buscar una segunda oportunidad. Así percibe la autora la historia de su novela, lo que le permite reflexionar acerca de la evolución en el pensamiento tanto de la sociedad, como de las mujeres, frente al machismo, los prejuicios, el fanatismo religioso. Porque “la manera en que cada generación los encara es diferente”.
“Me parece injusto decirle a una mujer que tiene que encontrar la plenitud en la maternidad, y a un hombre decirle que si no engendra hijos varones algo anda mal con él o que tenga que cargar con la manutención de una familia: la visión del hombre y la mujer como un equipo es muy reciente, pero no siempre fue así”, asegura la escritora, una convencida de que las personas tenemos rasgos tanto de machismo como de feminismo.