Hay evidencia de vida en el cometa "67P", afirman científicos

En la Royal Astronomical Society dos expertos afirman que los datos del módulo "Philae" sugieren que hay microorganismos bajo la superficie.

La sonda "Rossetta" recibe los datos del módulo que aterrizó en el comenta en noviembre de 2014.
AFP
París /

El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko (también conocido solo como 67P), en el que aterrizó el robot europeo Philae en noviembre de 2014, puede albergar microorganismos en abundancia bajo su superficie, de acuerdo con una teoría cuya evidencia fue presentada ayer por dos astrónomos durante una reunión científica en Gales, Gran Bretaña.

Si la hipótesis de los especialistas se confirma, aportará fuerza a la teoría de que los cometas desempeñaron un papel importante en la aparición de la vida sobre la Tierra, ya que la comunidad científica piensa que esos cuerpos no solo aportaron agua al planeta, sino que también sembraron los océanos con moléculas orgánicas complejas.

Los cometas son pequeños cuerpos en el sistema solar constituidos por un núcleo integrado por hielo, materia orgánica y rocas y rodeados por polvo y gas.

Desde agosto, el cometa 67P está escoltado por la sonda europea Rosetta —de la cual se desprendió el módulo Philae para analizar la superficie— en su camino al Sol a una velocidad de 32.9 kilómetros por segundo.

Elementos compatibles

Los datos recopilados por la misión han puesto en evidencia una superficie negra, rica en materiales orgánicos complejos que cubren el hielo. Las imágenes muestran grandes mares y bloques, así como lagos de cráteres que pueden estar constituidos por agua congelada cubierta por desechos orgánicos.

Todos estos elementos detectados por la misión europea son “compatibles” con la presencia de organismos vivos microscópicos, señalaron Max Willis, de la universidad de Cardiff, y Chandra Wickramasinghe, director del Centro de Astrobiología de Buckingham, durante la reunión científica de la Royal Astronomical Society (Sociedad Astronómica Real) de Reino Unido en Llandudno, Gales.

Rosetta ya mostró que un cometa no debe ser considerado como un cuerpo muy frío e inactivo, sino que en ellos tienen lugar fenómenos geológicos y puede que resulten ser más acogedores para los microorganismos que el Ártico o la Antártida”, afirmó Max Willis en un comunicado.

La detección que hizo el robot Philae de moléculas orgánicas complejas en abundancia sobre la superficie del cometa 67P, según los investigadores, contribuye a aportar una “prueba” de la presencia de vida.

“Los microorganismos se pueden desarrollar bajo la superficie, dando lugar a la formación de bolsas de gas a alta presión que pueden quebrar el hielo liberando las partículas orgánicas”, explicó Chandra Wickramasinghe.

Sales anticongelación

Según el modelo presentado por los dos científicos, esos microbios podrían alojarse en las fisuras de hielo y de nieve. Posiblemente contengan sales anticongelación, lo que les permitiría adaptarse al frío y seguir activos a temperaturas de 40 grados Celsius bajo cero.

En septiembre de 2014, explicaron los investigadores británicos, las zonas del cometa expuestas a la luz solar se acercaban ya a esa temperatura cuando estaba 500 millones de kilómetros del Sol, por lo que se comenzaba a emitir una estela de gases.

Desde entonces, el cometa se acercó mucho al astro y el 13 de agosto llegará a su perihelio —el punto de su órbita más cercano al Sol—, a una distancia aproximada de 186 millones de kilómetros.

A medida que el cometa se acerca al Sol la temperatura aumenta, las estelas de gas y polvo se intensifican y, de acuerdo con la hipótesis de los astrónomos, los microorganismos deben incrementar su actividad. Si todo sale bien, Rosetta y Philae estarán en primera fila para observar ese fenómeno.

El objetivo de la misión Rosetta organizada por la Agencia Espacial Europea (ESA), es de comprender mejor la evolución del sistema solar desde el momento de su nacimiento, con los cometas considerados como vestigios de la materia primitiva.

Lanzada en marzo de 2004, Rosetta viajó durante diez años acompañada por Philae hasta reunirse con el cometa 67P. El 12 de noviembre el robot aterrizó en el cometa, en una primicia histórica.

El robot laboratorio trabajó 60 horas antes de dormirse ante la insuficiente iluminación de sus paneles solares, pero gracias al aumento de la temperatura y de la luz solar se despertó en junio para enviar los datos de sus análisis a la Tierra.

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