Adriana Malvido narra la impar vida de Nahui Olin

FIL Guadalajara 2018

La escritora y periodista volvió a explorar la biografía de Carmen Mondragón, pintora, poeta y modelo, una de las mujeres más relevantes del siglo XX en México.

'Nahui Olin' es publicado por Océano. (Foto: Paula Vázquez)
Andrea Serdio
Guadalajara /

Después de 25 años, Adriana Malvido ha publicado una nueva edición de la biografía de Carmen Mondragón, Nahui Olin (Océano 2018), sobre la que habla en esta entrevista.

—¿Qué ha sido para ti volver a la historia de Nahui Olin? ¿Qué hay de nuevo o de sorpresa en este reencuentro?

Nahui Olin es un personaje que no me ha soltado desde que hice, en 1992, el primer reportaje acerca de su vida y obra y que se publicó como libro en 1993. Así que, más que volver (porque nunca se fue) se trata de reflexionar sobre su propuesta de vida a la luz de las ideas del siglo XXI y encuentro que sus demandas y propuestas acerca de la mujer, se identifican con las de movimientos como Me Too. Además, se autorretrata todo el tiempo y con toda la tecnología de su tiempo al alcance, como los jóvenes de hoy. La sorpresa es que las nuevas generaciones se han volcado hacia el personaje con un interés que jamás imaginé.

—¿Cómo explicas este renacimiento del personaje?

La nuevas generaciones se identifican con Nahui Olin mucho más que la mía. La libertad con la que se expresa, su autonomía, la buena relación con su cuerpo y el ejercicio absolutamente libre de su sexualidad. Para exponer su obra de arte, no espera que le ofrezcan algún espacio, ella misma los inventa y hace de un cuarto de azotea una galería de arte. En términos políticos, si bien es una de las únicas dos mujeres que pertenecen al Sindicato de Artistas, Nahui se identifica más con ideas anarquistas que socialistas, desconfía de los gobiernos en el poder, dice “Qué me importan las leyes si dentro de mi hay un reino donde yo sola soy”.

Ella es Adriana Malvido. (Foto: Paula Vázquez)

—¿Qué es lo más valioso de Nahui Olin: su arte, su poesía, el personaje, su vida? ¿Por qué?

Nahui es todo eso junto. Es decir, para entenderla es necesario ver su obra plástica, leer su vida, mirar sus cuadros, acercarse a su poesía, ver las piezas que pintores y fotógrafos hicieron con ella como modelo. Nahui quiso hacer de su vida una obra de arte y trabajó para construir a su personaje con todos los medios a su alcance. La suya es una vida fuera de serie, escandalosa, porque fue creativa cada segundo de su existencia. Y esa intensidad, totalmente fuera de lo común, no fue entendida por la sociedad de su tiempo, por eso le dijeron loca. Era más fácil etiquetarla así, que intentar un diálogo con una persona que elige ser diferente y asume todas las consecuencias. Así que para mí lo más valioso, es su actitud libre, transgresora y desprejuiciada frente a la vida. Siempre guiada por una inteligencia fuera de serie.

¿Qué mujeres mexicanas se comparan con Nahui? ¿Con quién o quiénes comparte el esplendor y la caída en su biografía?

Nahui es única. En su belleza y en su propuesta de vida. Pero en su generación hay más mujeres de avanzada como ella: Tina Modotti, Antonieta Rivas Mercado, Lupe Marín… y, aunque sea un poco más joven, Frida Kahlo. Comparte su esplendor, pero a diferencia de casi todas ellas, Nahui opta por la vida, no muere joven ni trágicamente, sigue fiel a sus convicciones hasta el final. La sociedad ve decadencia en ella, pero Nahui asume que la pasión no tiene edad y que las mujeres solo tienen la edad de su pasión en flor, “cuando esa flor se marchita la mujer perece”, escribe. Y ella vive su vida con plenitud hasta el final. Dio clases de pintura hasta los 70, escribía sobre ciencia, debatía con Einstein, leía a Dumas, en su espejo veía a la belleza de los años 20. Fue una mujer muy espiritual, decía que su espíritu era demasiado grande para este mundo. Amó con intensidad.

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