Emiliano Monge: Mi libro fue para pensar de donde vengo

FIL Guadalajara 2018

Verosímil, autobiográfica, No contar todo es una cruda novela sobre la impostura y los agravios de familia.

Él es Emiliano Monge. (Foto: Javier Ríos)
Eduardo Limón
Guadalajara /

La obra formada por el autor de Las tierras arrasadas, Morirse de memoria y La superficie más honda, corrió siempre en paralelo a una historia que, detrás de todos esos libros, permanecía inacabada. Esa historia es No contar todo, novela de no ficción rabiosamente autobiográfica con la que Emiliano Monge cierra un capítulo personalísimo relacionado con las figuras de su padre y su abuelo, que al final halló tanto la estructura como el momento adecuados para convertirse en un relato de muy largo aliento. 

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—¿Te han preguntado ya demasiado si esta novela es un ajuste de cuentas?

No lo sé. No sé qué tan de “ajuste de cuentas” se trate esto, porque el desnudado a mayor profundidad en este libro soy yo, es decir, el personaje de Emiliano. Eso me da la libertad o la justificación necesaria para desnudar a los demás. Con quien más implacable es No contar todo es conmigo. Eso me generó una cierta libertad a la hora de escribir. Una libertad por lo demás muy injusta, porque el cabrón que lo ha escrito soy yo. Con todo, se trata de una historia que no podía no contar, es decir, que no podía no tratar de entender.

—¿Porqué convertir esta historia tan íntima en una pieza de tu obra? 

Escribí porque escribiendo pienso mejor. La escritura es el único medio que tengo para poder pensar seriamente en algo. Necesité este libro para pensarme y pensar el lugar de donde vengo y el país en el que vivo, pues al final los machismos que nacen en la intimidad y que reflejo en la novela son los que reproducen múltiples violencias en lo social. En todo caso, si esta novela se trata de un ajuste de cuentas, las ajusta más con mi país y con las formas de este lugar que es México que con mi familia.

—Julián Herbert ha comentado, al respecto de su propio registro autobiográfico, Canción de tumba, que lanzarse como personaje central de la novela propia entraña un riesgo enorme: que todos te registren para siempre como te has registrado en tu historia.

Saber qué va pasar con un libro como éste es difícil. Qué ecos va a generar y cuántos de esos ecos se dirigirán hacia mí es un camino todavía muy intrincado. Los libros dejan muchas marcas mientras los estás escribiendo y después con ellos pasan cosas raras, como que hasta ahora no me paran de invitar a foros sobre migración, como si yo fuera un experto en el tema por haber escrito Las tierras arrasadas, o que todo el tiempo me pidan hablar sobre violencia pues he escrito un par de libros en los que es tema central. 

—¿No es acaso una extensión del oficio, eso de reinterpretar lo escrito para las entrevistas o las mesas académicas?

Un escritor escribe historias, no es necesariamente un experto en ciertos temas. En el caso de No contar todo, los ecos son, aun con las semanas transcurridas desde su publicación, insospechados aunque ya han habido algunos: me ha escrito muchísima gente a través de las redes para compartirme lo que siente después de leer el libro. A varios amigos, cuando les cuento algo, les ha dado por preguntarme si lo que les acabo de contar es verdad o mentira.

Al mismo tiempo, mi madre, que no quería leer el libro, me llamó para decirme que finalmente lo había leído y que era un hijo de la chingada: “Así que ahora no dices ninguna mentira. Así que te guardaste toda la verdad para un pinche libro”.

—La mentira, base de esta novela.

Me preguntaron hace poco cuál sería el mejor consejo que podría darle a un joven escritor y lo que hice fue sugerir que mienta, que mienta todo el tiempo. La mentira es una forma extraordinaria de ensayar la ficción. Esta obsesión que tiene la gente con distinguir la verdad y la mentira no me interesa. Creo que la verdad es una condena. 

—¿Hace cuánto tiempo ensayaste por primera vez este relato?

Cuando hace muchos años me dije que quería escribir un libro la idea que tenía era este libro. No pude, no fui capaz. Cada vez que me metía en esta historia aparecían otros proyectos y al salir de ellos volvía a decirme que quería terminar este libro, pero no podía. Con el tiempo entendí que la razón principal era que me faltaban herramientas y que, además, no podía escribir un libro que fuera de mi abuelo y de mi padre si no era también mío y para eso tenía que pasar el tiempo. No contar todo es una historia que no podría haber escrito a los 25 o 26 años, cuando empecé a escribir en serio. El libro estuvo en mi cabeza dando vueltas y vueltas por muchos años.

—Aun así, ya escribiéndola, ¿hubo algún momento en el que reculaste? ¿Alguna zona de la historia te hizo pensar que era mejor no profundizar tanto y matizar, por así decirlo, lo que querías contar?

Puedo confesarte que uno de mis miedos al iniciar la escritura era sentir que tenía que recular en algún momento. Pero cuando finalmente me senté a escribir fue como si me hubiera convertido en un pitbull que deseaba era ir más allá cada vez que me metía con la historia. No hubo ningún momento en el que reculara; más bien fue al revés: lo que buscaba era ir más y más adentro, más furiosamente dentro.

—¿Cuál es la deuda contraída, si existe tal, con esta novela?

La deuda es con la verdad. Y con la verosimilitud. Por eso es una novela de no ficción, autobiográfica. Escribirla no me sanó nada, no exorcicé nada, aunque es probable que eso, sanación o exorcismo, le haya pasado a gente cercana: te puedo decir que mi padre, luego de leerla, tomó un avión para venir a pedirle perdón a mi madre.

—¿Percibes algún otro saldo más, a unas semanas de que la novela está ya en la calle?

Hay algo que me ha parecido muy curioso y es que mucha de la gente cercana a la historia que ya leyó la novela y aparece ahí está encantada. Rafael, uno de los personajes principales, amigo de toda mi vida, me dice que a él no le preocupa salir medio raspado en algunas páginas, que lo que le hubiera preocupado hubiera sido no salir. Por otro lado, hay gente cercana a mí enojada porque no aparece en el libro. La gente se enoja más por no estar que por estar como sea en la novela. Es muy extraño. 


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