El sonido es suave. A veces el ruido de camiones es más estridente que la finura de la música, sin embargo, nada opaca el impulso de los metales, las cuerdas y los vientos. Es una filigrana que se teje finamente.
A pesar de la cantidad de instrumentistas en el escenario, la Orquesta de Cámara Higinio Ruvalcaba se mantiene en ese espacio en donde el nivel de interpretación es excelente.
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Fundada en 2007 con estudiantes y egresados de la Universidad de Guadalajara, ha recibido a destacadas solistas y grandes cantantes en sus presentaciones internacionales.
Esta noche, en el Foro FIL, la mezzosoprano árabe Fatima Alhashmi comparte escenario en la gala operística, alternando con la soprano jalisciense Lorena Flores. Son dos mujeres en apariencia muy diferentes pero que tienen en común los gestos, la intención, la potencia de la voz.
Junto con las y los músicos, hacen del concierto un bosque lleno de detalles, claroscuros, maleza.
Hay en el cuerpo cosquillas de energía sutil. Hay insistencia. Intensidad. Liberación. Constancia. Fuego.
O mio babbino caro suena. El aria de la ópera Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini y Giovacchino Forzano, amplifica el bosque.
Más allá del mofle de camión, se construye un espacio intermedio. Un tipo de suspensión con notas sostenidas.
Los músicos son un crisol de colores, texturas, edades.
La voz es una flauta. Hay un sigilo que se fomenta. El bosque se transforma en vereda, en dulzura, en desesperación.
La gala cierra con Bésame mucho, de Consuelo Velázquez. Un perfecto remate para la segunda noche de esta feria que liberó el arancel de besos y nos ha permitido saludarnos de nuevo con beso en la mejilla.
hc