La artista Gerda Gruber (Nacida en Bratislava en 1940), figura nodal en la escena artística nacional, caracterizada por su compromiso con el medio ambiente y por concebir el arte como agente de cambio frente a las crisis ecológicas, fue galardonada con la Medalla Bellas Artes 2026 en artes visuales.
En el marco de la ceremonia se inauguró la exposición Gerda Gruber. Entre verde y agua, primera retrospectiva de la artista en el MAM, bajo la curaduría de Daniela Pérez.
La muestra, que ya se exhibió en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), reúne una selección de obras realizadas desde la década de 1970 hasta la actualidad, y permanece abierta al público hasta el 13 de septiembre de 2026.
En esta ceremonia se distinguió además la labor docente de la artista Gerda Gruber, con la que impulsa la formación de distintas generaciones de artistas, particularmente en Yucatán.
La ceremonia, realizada en el Museo de Arte Moderno (MAM), contó con la presencia de la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz Nájera; el coordinador nacional de Artes Visuales, Gerardo Cedillo; la directora del recinto, Marisol Argüelles, la artista galardonada, y la curadora de la exposición, Daniela Pérez.
En un comunicado se indica que la directora del INBAL agradeció la colaboración institucional para lograr la presente exhibición y recordó que desde su creación, la Medalla Bellas Artes reconoce la trayectoria de las y los creadores que han dejado una huella profunda en la vida artística de México.
“Gruber marcó una transformación decisiva en la escultura contemporánea de México, impulsó la recuperación del barro como lenguaje artístico actual, influyó en la formación de nuevas generaciones y la construcción de una relación profunda entre creación, materia y naturaleza. Su encuentro con nuestro país no fue solamente un punto de llegada sino el inicio de una relación creativa, pedagógica y vital que transformó su obra y también dejó una marca profunda en nuestro campo artístico”, indicó.
Gruber, agregó, reconoció al barro como un lenguaje del pasado y presente: “Mostró que una materia vinculada con memorias antiguas podía dialogar con las búsquedas más actuales de la creación contemporánea. Desde su taller se formaron artistas que después construirían trayectorias propias y reconocidas como Miriam Medrez, Paloma Torres, Marco Antonio López Prado o Javier Marín”.
En su intervención, la artista galardonada externó su agradecimiento por la distinción. “Estoy muy agradecida de recibir este reconocimiento por parte de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el INBAL. Hace 50 años el MAM albergó una exhibición de mi trabajo escultórico realizado en porcelana, lo que fue la clave y el inicio de mi enseñanza en la escultura contemporánea modelando el barro y la arcilla”.
Aprovechó para agradecer a sus alumnos: “Mis investigaciones tanto culturales, geográficas y geológicas me llevaron al bochorno de Yucatán. Ahí descubrí que se puede vivir entre verde y agua. El contacto con el entorno local y el paisaje me hizo reflexionar sobre la necesidad de realizar proyectos para escuelas públicas. Me enamoré de las semillas como una fuente de la existencia que comparto mucho con mis alumnos. Ningún reconocimiento se puede ganar solo y por eso lo comparto con mis alumnos, con mis amigos, colegas y la comunidad artística”.
En su turno Marisol Argüelles, directora del MAM, celebró el regreso de la artista a las salas del MAM, luego de 50 años de su primera presentación.
“Es un gesto que nos permite tender puentes entre los distintos momentos de nuestra historia institucional, en la que ha sido fundamental la presencia de mujeres artistas como nuestra galardonada. Ha sido un verdadero privilegio acompañar a la artista en la construcción de este proyecto, trabajando de manera cercana en el recorrido, la selección de piezas y el diseño museográfico”, señaló Argüelles.
La muestra Gerda Gruber. Entre verde y agua ofrece un recorrido por la investigación de la artista en torno a los materiales, la naturaleza y los procesos de transformación. A partir de un planteamiento curatorial no cronológico, la exposición articula piezas de distintas etapas mediante afinidades matéricas y conceptuales, y destaca la reflexión de Gruber sobre la energía regenerativa, la memoria y la relación entre arte y medio ambiente.
La exposición también visibiliza un panorama de obras que pocas veces se presentan en conjunto y que desglosan el proceso creativo y la versatilidad de materiales aplicados por Gruber. A la par se destaca la mirada profunda a los ciclos de la naturaleza y la transformación escultórica de una artista que ve en la semilla una fuente de vida y conocimiento.
La curadora de la muestra, Daniela Pérez, explicó que esta exhibición es una versión distinta a la que se presentó anteriormente en el MARCO.
“Aquí hay obras nuevas que incluso se trabajaron desde tiempo atrás y una vez que la exposición ya estaba en curso en Monterrey, pero justo esta colaboración es muy importante porque nos permite asentar una serie de esfuerzos de investigación que venimos construyendo a favor del acercamiento más profundo hacia el trabajo del artista”.
Se aprecian 112 obras entre dibujos, esculturas, instalaciones, un videoarte e intervenciones en el recinto elaboradas por una serie de materiales que la artista ha explorado como son: barro, porcelana, henequén, bronce, algodón o bambú. Del total de piezas, seis son las más recientes. Tres fueron elaboradas en bronce en los últimos meses, una instalación trabajada específicamente para el recinto, la serie de un proyecto y una pieza nueva que se alberga en el patio de esculturas del museo.
“Ella se dio cuenta de que teníamos un gran historial en la artesanía en barro y obviamente en objetos de la cultura prehispánica, pero a los artistas de ese momento les faltaba visión para que exploraran creativamente o conceptualmente, por eso fundó el taller escultura en barro en 1976, recién llegada a México”, concluyó.
PCL