Conversación animal es un libro escrito a seis manos por Andrés Cota Hiriart, Gabi Martínez y Mariana Matija, como parte de la colección Conversaciones de editorial Almadía.
“Es un libro insecto porque tiene seis patas (risas). Son tres voces que intercambian textos sobre un tema en concreto. Este es el quinto libro de la colección; hubo uno sobre amistad, viajes y hay muchos temas posibles. En este caso se trata de animales. Es sobre una conversación que ya tenía andando con un autor catalán y una compañera colombiana”, dijo a MILENIO Andrés Cota Hiriart.
El escritor cuenta que cada quien hizo una primera entrega, “una especie de ensayo sobre nuestra relación personal con los animales y la fauna, así se fue tejiendo una telaraña epistolar entre las reflexiones, impresiones y las anécdotas propias, pero también respondiendo a lo que decía el otro”.
Para el zoólogo, “la literatura es el terreno de la especulación, es una cancha en la que los humanos le encontramos sentido a las cosas, incluso a nuestra propia vida, cuando a lo mejor pragmáticamente no lo tienen. La existencia es una casualidad, pero en la literatura tú le puedes dar un sentido a tu vida y al resto”.
Y agrega: “También permite masticar y digerir cuestiones que la ciencia o cualquier otro campo del conocimiento un poco va desenterrando. Una cosa es que el conocimiento se quede ahí y otra es procesarlo y compartirlo con personas que no son de tal disciplina, y a mí lo que me interesa es combinar saberes como sucede en estos textos”.
Conversación animal propone una reflexión sobre la relación con la naturaleza, los afectos que sostienen a los humanos y las formas más habitables de estar en el mundo. El libro se divide en pequeños capítulos como “Gran concierto de la microbiota”, “Las arañas me enseñaron a escribir” y “Primeros tropiezos zoológicos”.
El mundo no nos pertenece
“Tengo una formación como biólogo, zoólogo, que agradezco porque me hizo ver el mundo de una manera diferente, pero por supuesto que es limitada. Parte del tránsito consiste en revisitar otros conocimientos y darles su lugar para encontrar un camino propio”, señala.
El biólogo encontró en la nature writing, la literatura, la narrativaleza y la ecoescritura un territorio adecuado para combinar diferentes experiencias humanas y aproximarse, en este caso, a los animales.
“Estas coordenadas que exploran un poco la naturaleza desde las letras (en parte la ciencia natural, pero no sólo, también la filosofía ambiental) son el lugar más adecuado. Una de mis búsquedas es compartir con otras personas el hecho de que los humanos no somos el centro de absolutamente nada más que de nuestro propio delirio. Así como la Tierra no es el centro, el humano no es el de este mundo. Vivimos una era plenamente delirante; recordarnos que no somos una criatura que está aparte o que es distinta, ni mucho menos superior, sobre el resto de los seres vivos”.
El entrevistado advierte que, de otra manera, se corre el riesgo de reproducir lo que está pasando desde hace siglos, “y de manera muy aguda en las últimas décadas: tener una especie de empoderamiento de ‘todo me pertenece’. A lo que hay en el planeta le llamamos recurso natural y hay una visión mercantilista. Desde el lenguaje podemos empezar a cambiar esa relación porque no creo que se necesite mucha imaginación para darnos cuenta de que como humanidad vamos hacia el vacío, al abismo y viendo el celular”.
Según el autor, cuando pones atención a algo, le empiezas a dar un lugar y a respetarlo. “Si bien la literatura no necesariamente tiene que tener una utilidad, a veces la puede tener para aumentar el cambio de pensamiento personal que luego lleva a una colectividad y en algunos casos a la sociedad. Un ejercicio muy claro es empezar a ver los árboles y las plantas que están en nuestro tránsito cotidiano y preguntarnos: ‘¿Y esta planta quién es?’ Empezar por darles un nombre. Luego, ¿cuál es su historia de vida? Cuando empiezas a mirar de esa manera, la realidad se vuelve mucho más compleja e interesante”.
Finalmente, Andrés Cota Hiriart opina: “En el libro no hay un mensaje. El interés es que lo notemos al estar intercambiando reflexiones las tres voces, te vas dando cuenta también de cosas. Pero en todo caso, es complejizar: empezar a poner atención, nombrar las cosas, darles su lugar. Me gusta la idea de pensar que una conversación lo único que hace es abrir la puerta para seguirla y eso es estimulante como autor”.
BSMM