El escritor Ian McEwan (Aldershot, Inglaterra, 1948) viaja al futuro en su nueva novela, Lo que podemos saber (Anagrama), que transcurre en 2119, en un mundo marcado por la crisis climática. Gran Bretaña se ha convertido en un archipiélago. El investigador Thomas Metcalfe investiga una cena literaria celebrada en 2014, en la que el poeta Francis Blundy leyó un misterioso poema de amor, compuesto por quince sonetos interconectados, que podría ser la clave de la historia.
El reconocido escritor participó en una reunión virtual con la prensa para hablar de su libro, de la memoria, la historia, la poesía y la inteligencia artificial.
“Primero tengo que decir que esta novela no es una predicción; difícilmente sabemos lo que va a pasar mañana. La velocidad a la que pasan los acontecimientos ahora es radical. Así que es una manera de especular, en parte, sobre cómo escribimos la historia”.
El autor, de 78 años, explica que parte de esta novela nace de su amor por la biografía literaria y asegura que no podemos saberlo todo, incluso con todas las herramientas que tenemos.
“La novela nos permite imaginar que podemos entrar en varias mentes al mismo tiempo, algo que es imposible en la vida social”.
Para McEwan, la memoria es frágil y las sociedades pueden conspirar para olvidar.
“La enseñanza de la historia es una de las partes más importantes de la educación. Mi novela puede verse como una celebración de la historia. Se dice que la historia no se repite exactamente, sino que rima. Cuanto más mayor me hago, voy alternando entre leer novelas y leer historia y profundizar en el pasado; porque olvidar el pasado puede tener consecuencias”.
El escritor reconoce que, cuanto más se interesa por la historia, también crece su incertidumbre frente al futuro y los límites de lo que podemos conocer.
“A veces me siento impaciente cuando pienso en seres imaginarios. Me gustaría que alguien me contara lo que pasará. No sé, estamos como mirando las sombras de una ignorancia sin fin”.
El autor es una de las figuras de la célebre generación de narradores británicos junto a Salman Rushdie, Martin Amis, Julian Barnes y Kazuo Ishiguro.
El novelista señaló durante la charla que ve la poesía como una forma literaria superior.
“La cual representa el pináculo de todas las posibilidades de expresión en cualquier lengua. Yo diría que esta novela es como una celebración a la poesía también; porque fue mi primer amor como adolescente”.
Aunque lo intentó, Ian McEwan se dice más un lector que un escritor de poemas.
“Es una vocación seria, como también lo es ser novelista o escritor. De hecho, esta novela refleja buena parte de mis preocupaciones. El poeta Francis Blundy no es un buen tipo, pero escribe un poema fantástico y esa es la paradoja con la que hay que vivir”.
En su momento, Silvia Sesé (España, 1965), directora editorial de Anagrama, señaló que la pesquisa literaria que propone Ian McEwan encierra una paradoja contemporánea.
“Los investigadores del futuro pueden acceder a una cantidad abrumadora de información sobre nosotros por medio de correos electrónicos o archivos digitales y, sin embargo, es muy dudoso que consigan saber lo esencial, que es una de las grandes preguntas de la novela: ¿Qué podemos realmente saber de otra persona, de una vida, de una época?”.
En el encuentro, el escritor inglés habló también de la huella digital que estamos dejando.
“Napoleón escribía 3 mil palabras al día durante toda su vida adulta, o las de Charles Darwin. En cierto modo tenemos más perspectiva en las cartas del siglo XIX que lo que podrá obtener el futuro con nuestras contribuciones o comunicaciones por internet”.
Y añadió: “Pienso que solo algunas personas comunican por Internet pensamientos realmente íntimos, pero hoy cualquiera puede leer tus mails, WhatsApp; la IA puede romper ese encriptado. La privacidad está amenazada en internet, pero más el gusto por la soledad. Pensamos que podemos vivir libremente, pero hay menos silencio, privacidad y poca capacidad de dejar simplemente a tu mente imaginar, asombrarse y navegar”.
Para Ian McEwan, la novela sigue siendo necesaria en un mundo digital y no considera que exista un sustituto para ella.
“Durante 53 años he estado escribiendo novela, así que no me veo en una persecución de algo que me parezca frívolo. Pienso que la novela es una máquina fantástica, por así decirlo, que nos permite explorar nuestra condición humana y se niega a morir”.
El autor recordó que cuando comenzó a escribir en 1970, todas las revistas publicaban que la novela había muerto.
“En aquel momento ya había mucha competencia de otros medios, y la novela no puede morir porque sigue siendo nuestro mejor medio para examinar vidas, la mente de cualquiera y la nuestra propia. La novela permanecerá y será vital”.
Finalmente, Ian McEwan, ganador del Premio Booker en 1998, opinó sobre los riesgos de la tecnología.
“Las personas que están dentro del mundo de la inteligencia artificial quieren que sea segura; pero lo que falta es la voluntad comercial y política. ¿Podemos tener internet bajo control y mantener la libertad de expresión? Creo que la única manera de tener esto es que cualquier persona que suelta una idea en internet tiene que ser identificable y responsable, como son los periódicos, cuando publican. Esto sería posible, pero no sé, igual tenemos que experimentar o sufrir una catástrofe antes para que nuestras mentes realmente se focalicen”.
PCL