INAH informa sobre la restauración de cuevas en Cuatro Ciénegas

"Quienes mutilaron estos sitios no solo desprendieron materia: arrancaron páginas enteras de un testimonio invaluable...", señalan restauradores.

Se dieron detalles de la restauración en cuevas de Cuatro Ciénegas | Manuel Guadarrama
Torreón, Coahuila /

A través del personal de la Coordinación Nacional del Patrimonio Cultural y el Centro INAH Coahuila se ofreció un informe en el Museo Regional de La Laguna (MUREL) sobre los trabajos de restauración que se realizaron en los sitios registrados como Cueva Pinta y Cueva Pinta VI en el municipio de Cuatro Ciénegas, en Coahuila.

Fue en un protocolo abierto al público que Sandra Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico Rupestre, detalló que el proyecto constituye la primera intervención integral de daños en este tipo de patrimonio, afectado por acciones de saqueo que se realizaron durante el mes de enero del año 2025, hecho que fue denunciado de forma inmediata.

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Se detalló que los trabajos permitieron estabilizar las pinturas, recuperar la lectura visual de las composiciones y abrir nuevas líneas de investigación arqueológica, luego de trabajar durante un mes en las instalaciones del MUREL, y por dos meses y medio en el sitio afectado a través de un proyecto de restauración.

Como anfitrión el director del MUREL, Miguel Ángel Ciprés Guerrero, presentó al delegado del INAH en Coahuila, José Francisco Aguilar Moreno y a la restauradora perito Sandra Guadalupe Cruz Flores, junto Ana Paula Moisés Preciado y Patricia Isabel Mondragón Ramos, parte del equipo de restauración, así como al arqueólogo Yuri De la Rosa Gutiérrez, adscrito al Centro INAH Coahuila.

Compromiso para recuperación del patrimonio

Asimismo a las restauradoras Karen Limón Torres, Anacaren Morales Ortiz, Katia Sánchez Ortega e Hilda Ofelia Serrano Juárez. José Francisco Aguilar Moreno destacó la labor de las restauradoras, que rindieron un primer informe de resultados en el municipio de Cuatro Ciénegas durante el fin de semana pasado.

“Es de presumir la capacidad académica, personal y la experiencia que tiene este equipo comandado por la maestra… Lo que se logró en Cuatro Ciénegas es muestra del compromiso institucional con la recuperación del patrimonio y de la capacidad que tienen las restauradoras mexicanas, cuyo reconocimiento ha trascendido fronteras”, acotó el delegado.

Sandra Cruz destacó que se realizó un trabajo conjunto y permanente en cuanto a la conservación, donde participan no sólo especialistas sino también la sociedad y los diferentes niveles de gobierno a través de sus instituciones.

Algunas pérdidas irreparables 

Dijo que en cuanto se tomó conocimiento del hecho el Instituto Nacional de Antropología e Historia realizó las gestiones y procesos para la recuperación de los sitios. Sobre las afectaciones detalló que fue tanto a nivel material como en las imágenes, y estableció una pérdida irreparable sobre la integridad de los sitios rupestres.

“Lo que se buscaba era tratar de extraer las pinturas pero técnicamente no lo lograron y gran parte de ellas se desgajaron en diferentes fragmentos además de que por las condiciones, había alteración de los mismos soportes pétreos”, dijo la especialista quien acotó, se tuvo en resguardo miles de fragmentos.

Tras el dictamen de conservación se vio la gravedad de los daños. El equipo estuvo conformado por restauradoras profesionales que lograron recuperar el sitio con extracción e intento de saqueo de las pinturas rupestres, hecho considerado por Cruz Flores como el más severo que han visto en el país.

La primera fase, dijo, fue la recuperación de los fragmentos, desprendidos intencionalmente y los que cayeron tras el saqueo. El trabajo se realizó en el sitio y se realizó la segunda fase en la cual se llevó a cabo en las instalaciones del MUREL, donde los fragmentos se documentaron, se clasificaron y se les dio el primer tratamiento de conservación. Un trabajo de documentación fundamental para poder reposicionar los fragmentos de manera precisa.

“A partir de ello se hace una tercera fase que propiamente concluyó los trabajos in situ que fue la parte más amplia, más ardua y estos trabajos se realizaron directamente en campo. Algo muy importante que quiero destacar, hablando de las complejidades que comentaba, comienzan en esta parte logística.
“Estamos hablando de un sitio remoto, de difícil acceso en donde llevar un equipo de trabajo de siete restauradoras, que la mayoría venimos de la Ciudad de México, porque el estado (de Coahuila) actualmente no cuenta con restauradores especializados en este tipo de patrimonio”.

No fue un simple robo, arrancaron páginas de historia

En suma las restauradoras lograron estabilizar los materiales y recuperaron el discurso pictórico sobre los diseños prehispánicos. Se enfatizó que se logró el ribeteo y resane para estabilizar el soporte pétreo y la unión de fragmentos.

Finalmente la restauradora Ana Paula Moisés Preciado aportó una visión humanista sobre los hechos ocurridos en Cuatro Ciénegas al establecer que “no se trató de un simple robo, sino de un atentado contra la voz del tiempo”.

“Quienes mutilaron estos sitios no solo desprendieron materia: arrancaron páginas enteras de un testimonio invaluable, fragmentando un relato construido a lo largo de los siglos. Nos han dejado un abismo en blanco, una historia que ya nunca podrá ser contada en su totalidad.
“En ese acto de destrucción, también se silenció la voz de quienes habitaron estas cañadas mucho antes que nosotros. La de aquellos que contemplaron estos mismos cielos y dejaron la huella de su existencia, su pensamiento y su visión del mundo”.

Moisés Preciado destacó que se suele pensar en que al ser un patrimonio de roca, es eterno, invulnerable, pero la historia es un cristal sutil.

“Cuando sostienes un fragmento desprendido en la palma de la mano, la fragilidad se vuelve real: sientes cómo la memoria de toda una cultura puede deshacerse en un segundo; cómo siglos de identidad pueden escurrirse entre los dedos, como la arena. Durante estos meses, nuestra labor fue la de armar un gran rompecabezas con paciencia, rigor y profundo respeto. Y aunque logramos rescatar y unir la mayoría de sus partes, ya no es el mismo”.

La restauradora acotó que quedan las cicatrices. “Queda la marca que grita el dolor del daño. Cuando la memoria de un lugar se fragmenta, el alma de la comunidad también se debilita. Cada pérdida abre una gran ausencia que trasciende lo material, dejando un vacío en nuestra identidad y en la relación con el pasado. Hoy les entregamos este trabajo, pero con una certeza: el pasado no sabe cuidarse solo”.

“La memoria no sobrevive por la simple fuerza del material; sobrevive porque hay una comunidad viva que late con ella, que decide recordarla y abrazarla. Las pinturas solo guardan el eco de quienes nos precedieron, pero son ustedes con su mirada y su cuidado, quienes les dan voz y aseguran que este legado siga trascendiendo a las futuras generaciones”.

icrm

  • Lilia Ovalle
  • Socióloga por la Universidad Autónoma de Coahuila. Periodista desde el año 1999.

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